El jerezano que trabaja en un sitio en el que asesinaron a más de 100.000 personas

Pedro Carmona lleva empleado en Mauthausen cuatro años, hace visitas y ha acompañado por el antiguo campo de concentración nazi tanto a los reyes Felipe y Letizia como a descendientes de republicanos

Pedro Carmona (izq), con uno de los grupos con los que hace las visitas en lo que fue el campo de concentración de Mauthausen.
17 de abril de 2026 a las 20:09h
Actualizado a 18 de abril de 2026 a las 12:37h

Pedro Carmona (Jerez, 1986) tiene un trabajo muy especial. Desde hace cuatro años trabaja, por decirlo de una vez, en un sitio en el que asesinaron a 100.000 personas. Se trata de Mauthausen (Austria, a unas dos horas de Viena). Carmona trabaja en el memorial que recuerda al antiguo campo de concentración de nazi que, en realidad, sigue allí (los barracones, las cámaras de gas...), precisamente para que no vuelva a repetirse, que aunque no figura por escrito viene a ser algo así como el lema de la institución.

Carmona salió de Jerez siendo muy joven y ha dado algunas vueltas por el mundo. Ha vivido en Madrid, en Viena, en Nueva Zelanda... regresó a Jerez y, finalmente, ya con la familia que había formado (su pareja es austriaca), decidió volver a Austria para instalarse en un pueblo de unos 5.000 habitantes, Ried in der Riedmark. Durante todo este tiempo, obtuvo una licenciatura en Dirección de Empresas y aunque es algo que le ha servido a lo largo de su vida, desde siempre ha mostrado una inclinación por temas culturales, de gestión cultural y artística, historia... 

Pedro Carmona, junto a la reina Letizia, durante la visita de los reyes a Mauthausen en 2025.

El caso es Ried in der Riedmark está a unos 8 kilómetros de Mauthausen (también está muy cerca de Gusen... de hecho, los dos campos de concentración eran una especie de unidad) y Pedro decidió que le gustaría trabajar allí, así que echó el currículo. "Como museo y memorial, con lo que a mí me apasiona la historia, me cuadraba trabajar allí... pero claro, sí, es un sitio donde han asesinado a unas 100.000 personas, así que el día que fui pensé que podía ser el primero de muchos de trabajo... o el último, no volver nunca por allí", afirma.

"El día que fui pensé que podía ser el primero de muchos de trabajo... o el último, no volver nunca por allí"

El caso es que le llamaron y comenzó a trabajar en el control y atención de visitas para, tras un período de formación a cargo del memorial –le gusta destacarlo– ahora es mediador y hace visitas guiadas, tanto en alemán como en español. "En las visitas lo que más hago son colegios de Austria, vienen muchos, siempre que los niños y niñas tengan más de 14 años, y luego están los familiares de las víctimas, hijos e hijas, e incluso ya bisnietos... es algo que me gusta especialmente, gente joven que asume el legado de sus antepasados, que esto 'nunca más vuelva a repetirse', que es una promesa  que se hicieron todos los supervivientes", afirma.

Una vista de Mauthausen, el campo de concentración convertido en un memorial.

¿Pero Pedro Carmona, un hombre que aún no ha cumplido los 40 y que tampoco lleva mucho tiempo en su trabajo, ha llegado a conocer a algún superviviente de Mauthausen? "Sí, sí, en dos ocasiones, cuatro personas: un señor ucraniano, muy mayor, y luego a otros tres, dos mujeres y un hombre, checos y más jóvenes, a los que se conoce como "los bebés" porque nacieron allí a pocos días de que se liberara el campo, ya que llevaron poco antes a un grupo de mujeres embarazadas que venía de otras partes".

Carmona ha llegado a conocer a cuatro supervivientes del campo de concentración: uno ucraniano y tres checos

Son 27 las nacionalidades que tenían las 100.000 víctimas de Mauthausen, la gran mayoría judios de países de casi toda Europa, también gitanos, y los españoles republicanos (se estima que murieron unos 5.000, entre los que fueron exterminados y los que perecieron por enfermedad). Carmona dice que "los republicanos españoles tenían mucho peso en el campo, estaban muy organizados, de hecho tenían mucha documentación que ocultaron hasta que se produjo la liberación del campo" (como lo demuestra el material gráfico que, por ejemplo, reunió el fotógrafo republicano Francisco Boix) y afirma que los españoles son una parte significativa de las 220.000 visitas que recibe anualmente el memorial. "Para mí, que vengan es un vínculo con mi tierra; es trágico, pero a la vez es romántico, no sé, es difícil de explicar...", afirma.

Otra vista, inversa, de lo que es este memorial que fue un campo de concentración nazi.

En un lugar donde ha habido tanto horror es inevitable preguntar por ese día, ese, en que es inevitable que a uno se le escapen las lágrimas. "Fue durante la visita de una mujer polaca, de más de 70 años, que vino en busca de su padre... el caso es que él estuvo en Mauthausen pero no murió allí, debió ser trasladado. Fue una pena porque esa señora, ya con una edad y pese a todo el tiempo transcurrido, buscaba cerrar la herida, el duelo, no sé... el caso es que no pudo ser", dice.

Ya puestos, tras las lágrimas le preguntamos por una sonrisa... Pedro nos dice que sí, pero que va a ser "una sonrisa fría", tal y como él mismo la define. "Hice una visita con una pareja de jubilados, andaluces, muy agradables, todo bien, y cuando ya se van me preguntan por un sitio para comer... Total que él se lleva la mano al bolsillo, y veo que en la cartera lleva una bandera con el pollo. No sé hay veces que no entiendes a la gente... Espera, espera, que me estoy acordando de una situación con sonrisa de 'verdad'. Fue durante la visita del hijo de un superviviente español, Mariano se llamaba. El caso es que el hombre era sordo, pero después de hacer la visita conmigo se me acercó y me dijo 'es que no veas como hablas'... acabaría harto el hombre, que yo a veces cuando me pongo...", sonríe abiertamente Carmona.

Pedro Carmona, con un descendiente de un preso republicano en Mauthausen.

Entre las visitas que ha hecho Pedro Carmona está la de los reyes Felipe VI y Letizia, de la que no detalla ninguna anécdota particular más allá del interés que mostraron durante todo el recorrido con decenas de banderas republicanas a la puerta del memorial y durante la ofrenda... y no sería nada raro que poco antes o poco después le haya tocado una visita precisamente de descendientes de republicanos.

"A veces no considero mi trabajo como tal... para mí es un compromiso con la historia, con la memoria"

Pedro Carmona cuenta que en las visitas se habla de las víctimas y de los verdugos, claro, de cómo era la vida –y la muerte– en el campo, pero también del entorno, de la gente de los pueblos cercanos que se posicionaron a favor de los verdugos y de los otros, los que, en la medida que pudieron, ayudaron a las víctimas. "En realidad, en los pueblos se habla todavía de esas cosas, no es raro oír algún comentario sobre el abuelo de alguien y cosas así. Quedan descendientes, claro, de gente que tenía mucho poder. Es importante hablar del ello para tener una visión general de lo ocurrido".

Sobre sus planes, Pedro dice que tiene idea de quedarse, de seguir trabajando en Mauthausen, que está bien, que está contento con su trabajo y sus hijos crecen en un pueblo y un entorno muy bonito, eso es algo que le gusta enfatizar. "Uno de los jefes me dijo una vez que yo soy de los que se quedan... y sí, creo que sí. A veces no considero mi trabajo como tal... para mí es un compromiso con la historia, con la memoria".

Sobre el autor

Carlos Piedras

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