Tania, una mujer valenciana de 39 años, vive desde hace cuatro años las consecuencias de una intervención quirúrgica que, según sostiene, transformó su vida de forma irreversible. En marzo de 2022 fue operada por un diagnóstico de endometriosis con obstrucción intestinal y supuesta tumoración, una condición que finalmente no se correspondía con la gravedad descrita ni implicaba riesgo vital.
El procedimiento, que en principio buscaba tratar una patología ginecológica, acabó derivando en un resultado devastador. La paciente ha quedado sin vejiga, recto y ano, lo que le ha provocado un cuadro de dolor crónico permanente y una pérdida radical de su calidad de vida. El caso ha abierto una investigación judicial que apunta a posibles responsabilidades médicas.
Investigación judicial y testimonio de la paciente
El ginecólogo que realizó la primera intervención está siendo investigado por un presunto delito de lesiones por imprudencia profesional grave. Junto a él, también figuran en la causa el gerente del centro hospitalario y una uróloga que participó en una segunda operación. La investigación trata de esclarecer si hubo errores en el diagnóstico, en la indicación quirúrgica o en la ejecución de los procedimientos.
En su testimonio, Tania ha relatado el impacto físico y emocional de lo ocurrido, afirmando que "me castraron literalmente y no puedo mantener relaciones sexuales. Estoy castrada a nivel vaginal y anal", en referencia a las secuelas derivadas de las intervenciones.
La paciente también ha recordado el momento previo a la operación, señalando que "me dijeron que o me ponían una bolsa en la barriga o me iba a morir. Tuve que decidir". En ese mismo relato, ha explicado que llegó a asumir que su vida corría peligro inminente, asegurando que "me despedí de mi familia, comentándoles que esto era el final".
Por último, Tania ha expresado su deseo de que se depuren responsabilidades, manifestando que "quiero que este hombre no vuelva a operar", en alusión directa al médico que la intervino.


