La muerte de Martita, una niña de siete años diagnosticada con un glioma de alto grado en el tálamo, ha puesto fin a casi dos años de lucha contra una enfermedad devastadora e inoperable. Su historia, compartida a través de redes sociales por sus padres desde julio de 2024, se convirtió en un testimonio constante de la realidad del DIPG (glioma difuso de tronco encefálico), una de las formas más agresivas de cáncer infantil.
La confirmación de su fallecimiento llegó a través de ese mismo canal, donde la familia había documentado cada avance, cada retroceso y cada momento de esperanza. En el mensaje de despedida, expresaban que "hoy Martita nos deja físicamente… y el dolor es tan profundo que cuesta encontrar palabras".
"Martita jamás se apagará"
El comunicado familiar insistía en la permanencia emocional de la niña, señalando que "sabemos que no se va del todo… porque hay personas que no saben irse, que se quedan a vivir en nosotros para siempre". A lo largo del texto, los padres describían cómo la memoria de Martita seguirá presente en cada gesto cotidiano, en cada recuerdo compartido y en cada espacio donde fue feliz.
En esa misma línea, destacaban: "Dicen que no muere quien se va, sino quien se olvida… y Martita jamás se apagará". El mensaje también abordaba la dimensión espiritual de la despedida, afirmando que "Martita no se ha ido…solo ha cruzado a ese lugar donde no existe el dolor". La familia concluía reafirmando el vínculo permanente: "Siempre serás nuestro angelito. Tus papás y hermanas, que te aman".
Por su parte, el colegio San Ignacio de Loyola, donde estudiaba la menor, expresó públicamente su pesar, destacando el impacto de su ausencia en la comunidad educativa. "El cielo hoy recibe un ángel que nos cuidará para siempre. Su luz y su sonrisa permanecerán eternamente en las aulas y en el corazón de su familia, compañeros, profesores y comunidad educativa".


