Funcionarias de prisiones, "castigadas" tras ver a un preso masturbándose: "Estamos olvidadas por la Administración"

S.M., T.C. y R.B., trabajadoras de Puerto I y Puerto III, relatan el acoso sufrido por parte de un interno. El sindicato Tu Abandono Me Puede Matar emprenderá acciones legales para depurar responsabilidades

S.M., T.C. y R.B., funcionarias de prisiones en Puerto I y Puerto III, relatan el acoso sufrido por parte de un preso al que pillaron masturbándose.
S.M., T.C. y R.B., funcionarias de prisiones en Puerto I y Puerto III, relatan el acoso sufrido por parte de un preso al que pillaron masturbándose.

A S.M., funcionaria de prisiones, la dejó en “shock” lo que vio una mañana, a las 7:30 horas, mientras hacía un recuento de presos en la cárcel donde trabaja, en Puerto III, en la provincia de Cádiz. Cuando levantó la escotilla de la celda, se encontró a un interno desnudo y masturbándose. Entonces, avisó a un compañero para que lo verificara y tener pruebas.

Cuando lo comentó con otros empleados de la prisión gaditana, alguno se lo tomó a broma. “Anda, si es una pajilla nada más…; como si no lo hubieras visto antes”, son algunos de los comentarios que tuvo que soportar. “Si lo he visto es porque he querido”, cuenta S. cuando atiende a lavozdelsur.es, quien piensa denunciar por vía penal para que se depuren responsabilidades.

El mismo preso, unos meses antes, protagonizó otro episodio similar con otra funcionaria de prisiones. “Un día, a la hora de la apertura de la celda se encontraba desnudo, solo con los calzoncillos”, cuenta T.C., otra funcionaria. “Al sentirse no correspondido, ignorado en sus pretensiones y tratado como uno más, montó en cólera en un cacheo, me empujó, me tiró al suelo y me mordió en la mano. Tuvieron que reducirlo los funcionarios que estaban conmigo, cuatro hombres y una mujer. Fuimos lesionados cinco funcionarios en el acto”, relata.

S.M.: "Debería existir un protocolo de actuación para este tipo de actuaciones"

Junto a T.C., otros cinco funcionarios de prisiones figuran en el parte de hechos de ese incidente. Dos mujeres y cuatro hombres. Solo T.C. y R.B., la otra mujer, han sido apartadas de su puesto tras aquel incidente. “Somos sufridoras de un castigo encubierto.  Nos quieren vender igualdad, pero no se preocupan en educar a las mentes retrógradas que nos rodean. Mentes pensantes que se creen dioses capaces de castigar sin tener que dar explicaciones, marionetas de un poder que premia el dar buena prensa sea al precio que sea”, lamenta.

“La dirección del centro penitenciario mandó a llamar a la Inspección Penitenciaria para que investigara la actuación de los funcionarios. Criminalizó el actuar de todos nosotros sin preocuparse ni un solo momento por nuestro estado de salud, tanto físico como mental, después de los hechos”, dice T.C. “Puso en tela de juicio mi profesionalidad, mi ética y mi moral. Desde ese trágico día para mí he sido retirada de mi trabajo habitual. No solo yo, mi compañera también. Sólo se nos permite trabajar en puestos unipersonales o en el departamento de aislamiento, lugar donde el contacto con el reo es mínimo”.

R.B., quien vivió el incidente junto a su compañera T.C., se siente “atacada” en lugar de “ayudada”, como debería ser. “Las únicas que hemos sido apartadas fuimos nosotras dos. Eso se llama acoso laboral por razón de sexo. No tiene otro nombre”, proclama. Ella, incluso, tiene claro que se irá del centro penitenciario. “No entiendo este ataque gratuito, así que me voy con toda mi pena”.

S.M., T.C. y R.B. pertenecen al sindicato —recientemente constituido— Tu Abandono Me Puede Matar, cuyo gabinete jurídico emprenderá acciones judiciales para denunciar el acoso sexual y laboral sufrido por estas funcionarias de prisiones. “Este interno ya había sido protagonista de hechos similares y además se jacta de hacer comentarios de contenido sexual a funcionarias”, recuerda T.C., quien se siente “sin ganas de trabajar. Estoy quemada”.

T.C.: "Llevo un año de agotamiento físico y mental, de dolores de cabeza, contracturas musculares, de taquicardias, de ansiedad, de no dormir, de pensar qué hicimos mal"

S.M. es de las que cree que “debería existir un protocolo de actuación para este tipo de actuaciones”. Su caso, para colmo, no consta como agresión porque no fue recogido en el Peafa, el protocolo específico de actuación frente a las agresiones en los centros penitenciarios. “No contabiliza como agresión, y como ésta hay muchas agresiones enmascaradas que no se conocen”, se queja.

En las últimas promociones, las mujeres son mayoría, entran más funcionarias de prisiones que funcionarios, por lo que S.M. no entiende que “no haya protocolos para sancionar estos casos”. “Antes las mujeres estaban en una burbuja, no te dejaban entrar en los patios, solo en la cabina las 40 horas que dura tu jornada, era todo muy paternalista, pero las mujeres que entramos en Prisiones sabemos a qué trabajo nos enfrentamos”.

Ella, tras sufrir acoso sexual por parte de un interno, tuvo que acudir a un centro médico porque padece de migraña. “Mi jefe se preocupó mucho por mi estado, me llamó varias veces. Pero el mando de incidencia estaba allí, preguntando por el jefe de servicio, pero no cómo estaba yo. Y esperaba que la directora, siendo mujer, viera la gravedad de la situación, pero hasta tres días después no me preguntó”.

R.B.: "Somos seres incómodos en un mundo de hombres"

“Estamos vendidas por las instituciones, me siento decepcionada”, sostiene S.M., quien lleva como funcionaria de prisiones más de una década. “Tanto que se habla de feminismo, pero cuando ocurren estas cosas —en un organismo público— no se ponen soluciones”, lamenta S.M., quien asegura que el episodio le “quita las ganas” de trabajar, “pero si hubiera tenido el apoyo de mis mandos desde el primer momento se hubiera mitigado mucho el daño”.

A T.C., casi un año después de su incidente, aún le cuesta dormir por las noches. “Llevo un año de agotamiento físico y mental, de dolores de cabeza, contracturas musculares, de taquicardias, de ansiedad, de no dormir, de pensar qué hicimos mal”. Su compañera R.B. critica el “machismo” que siguen sufriendo, “pero cuando te expedientan sin motivo es difícil luchar”. “Ciertos criminales sexuales hacen lo que les da la gana estando en prisión”, critica R.B., “y no debería ser así. El respeto es fundamental y no hay que normalizarlo, lo que es mucho peor. Es muy importante”. Además de acabar en el hospital con “la rodilla fastidiada y el cuello tocado”, relata, fue “castigada” siendo relegada de su puesto. "La verdad es que no sé el motivo porque no nos lo han explicado”.

Desde entonces, sus jornadas transcurren entre cuatro paredes. “Paso 14 horas en un habitáculo, con una hora para comer”, dice R.B., una funcionaria de prisiones que siente “abandonada”. Como su compañera T.C., quien por momentos se ha sentido “desprotegida, vendida y olvidada” tanto por la Administración como por “los jefes más directos”. “Somos seres incómodos en un mundo de hombres, mujeres olvidadas por la Administración”, lamenta.

Falta formación y personal en las cárceles

Las tres funcionarias, S.M., R.B. y T.C. coinciden en señalar que, en determinadas circunstancias, hay escasez de personal en las prisiones en las que trabajan. Las tres llevan más de una década ejerciendo la profesión y saben de lo que hablan.

“Lo mejor que tenemos son los compañeros, el trabajo en equipo, que vamos todos a una. Y también esos momentos en los que te encuentras por la calle a quien fue interno y te agradece tu labor. Lo que más me conmovió fue el abrazo de una madre que nos dijo: Sé que mi hijo está en las mejores manos”, recuerda T.C.

“Lo peor es el abandono que sufre el sector por parte de la Administración penitenciaria y del Gobierno”, agrega T.C. “Los funcionarios de prisiones trabajamos en un medio hostil donde la falta de personal, unida a la falta de medios y de formación continua hacen estragos. No somos considerados agentes de la autoridad en el desempeño de nuestras funciones, pero tenemos que custodiar y velar por la vida, integridad y salud de los internos sin más protección que un walkie”, señala.

S.M., a la que le “encanta” su trabajo, en el que se siente “realizada” por lo “gratificante” que resulta ayudar a presos que agradecen el apoyo, también critica la “carencia” de medios y personal humano. “No puedes tener un patio con 100 internos con un solo funcionario, como pasa algunas veces”, critica.

“Nadie nos enseña a usar extintores, cuando empiezas te dan tres días de curso de defensa personal y no vuelves a hacer nada más…”, enumera S.M., quien piensa que “quien hace las normas no pisa las cárceles”.

Además, reclaman la equiparación salarial con comunidades como Cataluña, que tiene las competencias de Prisiones, y donde hay compañeros y compañeras que por el mismo trabajo cobran hasta 500 euros más al mes. “Llevamos 20 años sin que haya una subida salarial. Ahora cobro lo mismo que cuando entré en prácticas, y en prácticas no se cobran los 120 euros del complemento de productividad”, relata S.M.

“No sabemos qué tiene este Gobierno contra los funcionarios de prisiones”, lamenta la trabajadora, quien también pide ser considerada agente de autoridad, una de las reivindicaciones del sindicato Tu Abandono Me Puede Matar, que las ayuda tras los incidentes vividos en los últimos meses.

“Si un interno te denuncia, tiene presunción de veracidad, aunque no haya parte de lesiones”, expone. “Es verdad que el juez normalmente juzga al interno como si fuera un atentado a la autoridad, pero no es una práctica generalizada”, agrega.

Sobre el autor:

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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