Entre la Cruz y la Resurrección: la primera Pascua del Papa León XIV, cargada de simbolismo e identidad

El Pontífice revive un gesto que no se veía desde hace décadas y centra su mensaje en el sufrimiento del mundo actual y la esperanza cristiana

Liturgia de la Vigilia Pascual en la Basílica de San Pedro. Vatican Media
05 de abril de 2026 a las 10:20h

El cierre de la Semana Santa 2026 ha dejado una de las imágenes más impactantes de los últimos años: el Papa León XIV cargando personalmente la Cruz durante el Vía Crucis celebrado en el Coliseo de Roma. Un gesto cargado de simbolismo que no solo marca su primer Viernes Santo como Pontífice, sino que interpela directamente a la humanidad en un contexto global marcado por conflictos y tensiones.

La escena tuvo lugar en una ceremonia que reunió a más de 30.000 fieles en el histórico anfiteatro romano. Familias, jóvenes, religiosos y peregrinos de distintos lugares se congregaron para acompañar un acto que combinó tradición, espiritualidad y una profunda reflexión sobre el presente. El Pontífice recorrió las catorce estaciones del Vía Crucis sosteniendo la Cruz durante todo el recorrido, tanto dentro como fuera de la antigua arena. Con ello, se convirtió en el segundo Papa en asumir este gesto, tras san Juan Pablo II, que lo hizo entre 1980 y 1994.

La Resurrección y un mensaje para el mundo

Posterior a este acto, la Semana Santa ha culminado con la celebración de la Vigilia Pascual en la basílica de Basílica de San Pedro, donde el Papa volvió a lanzar un mensaje de alcance global. Ante miles de fieles, llamó a no dejarse paralizar por el miedo, el egoísmo o la desconfianza. En una ceremonia considerada “la madre de todas las vigilias”, el Pontífice recordó que la Resurrección representa la victoria de la vida sobre la muerte y una oportunidad para construir un mundo nuevo basado en la paz y la unidad.

Durante la homilía, León XIV insistió en que “Dios no quiere nuestra muerte”, sino que la humanidad está llamada a una vida nueva. También advirtió sobre las “piedras” que hoy pesan sobre la sociedad: la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos.

El rito incluyó el encendido del cirio pascual, símbolo de la luz de Cristo, y la participación de miles de fieles, dentro y fuera del templo. La ceremonia también acogió el bautismo y confirmación de diez catecúmenos procedentes de distintos países.

En la oración universal, uno de los momentos más emotivos fue la petición por los gobernantes, para que promuevan “una paz desarmada y justa”, así como el llamamiento a reforzar el compromiso con los pobres y marginados.

Un gesto que trasciende la tradición

León XIV quiso dar “una señal importante” con este acto: recordar que el sufrimiento de Cristo sigue presente hoy en la humanidad. Su intención, explicó días antes, era llevar simbólicamente ese dolor en sus oraciones como “líder espiritual hoy en el mundo”.

La ceremonia estuvo acompañada por el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, monseñor Diego Ravelli, el cardenal vicario de Roma Baldo Reina y varios obispos auxiliares. Durante el recorrido, el Papa estuvo acompañado por dos jóvenes con antorchas, en un ambiente marcado por la luz tenue de velas y focos.

Las meditaciones del Vía Crucis, escritas por el fraile Francesco Patton, ofrecieron una mirada sobre los desafíos del mundo contemporáneo, invitando a los fieles a vivir la fe, la esperanza y la caridad en un contexto de ruido, distracciones e indiferencia. El acto concluyó con una oración inspirada en San Francisco de Asís: “Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, danos a nosotros, miserables, hacer por ti mismo lo que sabemos que tú quieres...”, una plegaria que sintetiza el mensaje de abandono, confianza y esperanza.

Con estos gestos y palabras, León XIV ha marcado una Semana Santa que combina tradición y actualidad, y que sitúa el foco en los grandes desafíos del mundo contemporáneo, desde una perspectiva espiritual.

Sobre el autor

María Crisol

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