Pepe López Llamas, en una imagen de la APJ.
Pepe López Llamas, en una imagen de la APJ.

Ha fallecido Pepe López Llamas, a quien mucha gente conocía con el apodo de el palestino porque siempre iba con un pañuelo palestino en apoyo de esa causa política. Pepe fue siempre una persona muy, muy comprometida con el tejido social de Jerez y con muchas luchas sociales como el movimiento vecinal, el ecologismo, el sindicalismo y el pacifismo. Conmigo vino a muchas marchas a Rota, por ejemplo.

A Pepe, que llevaba unos años retirado del trasiego de la militancia, le recuerdo ahora, públicamente, con afecto y con respeto, pero no solo por esas luchas sociales en las que participó codo con codo conmigo y con mucha otra gente desde hace muchos años, sino sobre todo porque yo sabía muy bien que su corazón, a pesar de su carácter bastante cabezota y a veces muy apasionado, era puro y nada amigo de dobleces, ni chorradas, ni medias verdades. Nunca le gustaron las medallitas ni las carajoteces, ni la mucha gente pantufla y vacía que deambula por tantas partes. Pepe era un hombre sin dobleces, un obrero de Jerez orgulloso y firme en sus convicciones. Toneladas de políticos de esta ciudad no le llegaban a Pepe ni siquiera a la altura del tacón de sus zapatos. Yo sé quién era Pepe López Llamas, y muchos en esta ciudad también lo saben. Al pan, pan y al vino, vino.

A nivel personal, me ayudó mucho en muchas ocasiones porque con sus amigos era la generosidad total. Pero más allá de la ternura que yo descubrí en su corazón (repito que yo lo conocía bien) hay algo que se podía aprender con Pepe López Llamas, y era su afán incombustible de arrimar el hombro para que las cosas cambien a mejor.

No me quiero extender recordando a Pepe. No hace falta. Y a él mismo tampoco le gustaría un rollito llorón aquí en los periódicos de Jerez. Pero se merece, sobradamente, que se le recuerde al menos en este pequeño escrito: era una persona cabal, comprometida, leal y de una honestidad al cien por cien. Pero no porque yo lo diga, sino porque esto lo sabe en Jerez cualquiera que se haya tirado 30 años en las calles arrimando el hombro por la libertad (Pepe era de tradición libertaria).

Podría decir bastantes más cosas de él y contar muchas anécdotas que vivimos juntos. Pero debo ser escueto (como él me habría exigido) y añadir solo dos más. La primera es que lamento sinceramente su muerte y animo a Araceli, Laura y Pepito a seguir la senda vital, alegre y orgullosa, de Pepe López Llamas. Y la segunda es que jamás nunca olvidaré lo que me dijo una vez mirando, en su casa de Estella, un impresionante cielo lleno de estrellas (que yo creo que eso se lo repetiría, porque le encantaban las bromas, a más gente): mira, Cristóbal, ves todo eso, pues todo eso es mío, y es precioso y no pido más. Ahora él está ahí, en ese cielo radiante e inconmensurable, diciéndonos sin tonterías: a luchar.

Jamás nunca olvidaremos a Pepe López Llamas.

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