El trabajo que Bilal y otros 30 jóvenes migrantes estaban esperando lo trajo el coronavirus

Una treintena de extutelados por la Junta residentes en Jerez consigue empleo en la campaña de frutos rojos de Huelva después de que el Gobierno permita su contratación por la llegada de la pandemia

Bilal, en la plantación donde trabaja.
Bilal, en la plantación donde trabaja.

Bilal acababa de terminar un curso de hostelería y estaba haciendo prácticas en un bar, donde esperaba quedarse trabajando, cuando llegó el coronavirus y lo trastocó todo. El joven marroquí, de 18 años, también ha hecho otras formaciones, en albañilería y carpintería, porque no se cierra la puerta a nada, quiere trabajar como sea. Ahora lo está haciendo, en Huelva, donde recoge frambuesas en una plantación agrícola junto a otros 50 jóvenes migrantes, extutelados por la Junta de Andalucía, gracias al decreto aprobado por el Gobierno que permite reclutar a desempleados, y también a inmigrantes, para trabajar como temporeros mientras dure la pandemia, evitando así que las cosechas se queden sin recoger.

“No sabemos cuánto tiempo vamos a estar trabajando”, expresa Bilal cuando atiende a lavozdelsur.es, pero, eso sí, se muestra “súper contento” por esta oportunidad. El Real Decreto del 7 de abril aprobado por el Gobierno permite la concesión de autorizaciones de trabajo a jóvenes migrantes que llegaron al país siendo menores de edad y que, al cumplir los 18 años, fueron abandonados por la Administración. El coronavirus ha terminado haciendo realidad una reivindicación histórica de las ONG que trabajan con jóvenes migrantes.

“Lo pasamos bien, estamos muy contentos con nuestros encargados, ya teníamos ganas de trabajar”, cuenta Bilal, que vive junto a otros jóvenes en una vivienda de la localidad de Almonte, tras estar los primeros 15 días en El Rocío. Bilal salió de Nador, su localidad natal, cuando tenía 16 años. En su casa eran ocho hermanos y su padre, empleado en una carpintería, no ganaba lo suficiente para mantenerlos a todos. El joven trabajaba, pero por un sueldo mísero. “Como está la vida allí, tenía que probar suerte”, cuenta. “Si me quedo no consigo nada”. Primero estuvo en el centro de menores de Melilla, y posteriormente en Málaga, y Jerez, desde donde partió hacia Huelva.

Michel Bustillo, de Voluntarios por otro Mundo, con jóvenes migrantes contratados en Huelva.

“Lo único que queremos es trabajar y conseguir un futuro bueno para nosotros”, dice Bilal, uno de los cientos de jóvenes migrantes con permiso de residencia que se ha beneficiado de las medidas puestas en marcha por el Gobierno, que cifró entre 75.000 y 80.000 el total de temporeros que harían falta para recoger las cosechas en todo el país. Además, ha aprobado recientemente la concesión de una autorización de residencia y trabajo de dos años —prorrogable a otros dos— para los jóvenes migrantes de entre 18 y 21 años que se incorporen de manera extraordinaria a las labores agrícolas.

Houdaifa es otro de los jóvenes que está junto a Bilal en Huelva. También es marroquí y, después de estar un tiempo en el centro de menores de Ceuta, llegó a Jerez. “La gente viene a buscar su futuro, hermano. Allí no hay nada”, dice, en referencia a su país de origen. El inicio del confinamiento lo sorprendió cuando estaba haciendo prácticas en un supermercado, después de hacer un curso de comercio, “pero no encontramos trabajo”, expresa. La recogida de frambuesa es el primer empleo que tiene desde su llegada. “Estoy muy contento con las medidas del Gobierno”, señala Michel Bustillo, responsable de la ONG Voluntarios por otro Mundo, y quien ha gestionado la contratación de medio centenar de jóvenes migrantes.

“Estas medidas favorecen la integración de un colectivo muy vulnerable, sobre el que hay muchos prejuicios y estereotipos en nuestra sociedad”, reseña Bustillo, que se ha hermanado con la asociación onubense M-Solidaridad, que se ha encargado de buscar empresas “sobre el terreno”. La Junta de Andalucía, a través de la delegación territorial de Agricultura en Huelva, ha mediado para concretar las contrataciones, lo que demuestra, según Bustillo, que “aunque sean Administraciones diferentes, si todos quieren remar en la misma dirección se pueden hacer muchas cosas”. 

Los jóvenes migrantes, que comparten vivienda en grupos de cinco o seis, cobran 42 euros por una jornada laboral de seis horas y media, y perciben ocho euros por las horas extra, explican desde Voluntarios por Otro Mundo, que ha monitorizado todo el proceso. “Nunca he buscado tanto trabajo”, señala Michel Bustillo, quien confiesa que muchas veces, en Jerez, se ha sentido “desesperado” por la falta de oportunidades para estos jóvenes. “Es muy difícil insertarlos laboralmente”, dice, por eso cree que "ésta es una buena noticia para España y para nuestra sociedad".

“Hace unos días se quedaron parados porque una plaga atacó a la plantación de frambuesas en la que estaban trabajando”, relata Bustillo, que rápidamente se puso manos a la obra para encontrar otra empresas que los contratara. El responsable de Voluntarios por Otro Mundo se alegra de que el Ejecutivo central “ponga en marcha herramientas ilegales para facilitar la integración de estos jóvenes”, algo que no ha conseguido años de lucha de organizaciones como la suya, pero sí la pandemia. Por eso espera que no sea un espejismo. 

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