El mejor regalo de Navidad para unos "niños" mayores de 65 años que apenas salen de sus casas

La empresa Autocares Javier de Miguel fleta dos autobuses para desplazar a usuarios del programa de mayores de Cruz Roja de El Puerto hasta una fábrica de alfajores de Medina

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El aparcamiento de la plaza de toros de El Puerto está lleno de vehículos. Entre ellos, dos autobuses de tonos grisáceos, cerca de los que un grupo de personas mayores escucha atentamente las indicaciones que les dan unos cuantos voluntarios de Cruz Roja, ataviados con los característicos chalecos bermellones de la organización. Faltan unos minutos para las nueve de la mañana, la hora de salida, y están pasando lista para comprobar que han venido todos, pero hay dos bajas de última hora, de personas que han ingresado en el hospital por diversas dolencias. Por eso son finalmente 36 personas, mayores de 65 años, las que emprenden el viaje. ¿El destino? Las instalaciones de Aromas de Medina, donde visitarán la fábrica de dulces navideños de esta empresa con más de 60 años de historia.

“Llevamos tiempo pensando en hacer algo por estas fechas”, cuenta Juan Manuel Vargas, conductor de autobús y delegado en Andalucía de la compañía burgalesa Javier de Miguel. Vargas fue voluntario de Cruz Roja durante muchos años, por lo que conocía el programa de mayores de la organización, que en El Puerto atiende a 280 usuarios, a los que acompaña a visitas hospitalarias, los ayuda a desplazarse, a sobrellevar la soledad o con las tareas del hogar. “Hay que ser solidario siempre, pero en estas fechas navideñas más todavía, por eso aportamos lo que podemos para hacer feliz a mucha gente”, señala.

El conductor apunta que “la mayor ilusión de muchos de ellos era desayunar fuera”, por eso realizan una parada en la Venta Andrés, a pocos kilómetros de su destino. Carmén Jaén es de las más animadas del grupo, y no para de cantar y bailar villancicos durante el trayecto. “Beben y beben y vuelven a beber, los peces en el río por ver a Dios nacer…”. Ella se apunta a todas las actividades que puede: talleres de manualidades, pintura, risoterapia, teatro… “Y a las excursiones”, añade ilusionada. Carmen cuenta que los voluntarios de Cruz Roja la ayudan mucho. “Me han llevado al médico a Puerto Real, de todo”, relata.

Una de las usuarios de Cruz Roja, recogiendo un dulce navideño en Aromas de Medina. FOTO: MANU GARCÍA

“Es importante que los mayores disfruten”, dice Carmen Jaén, quien a sus 73 años está viviendo una segunda juventud. Su marido se ha quedado en casa —“a él no le gusta salir, prefiere quedarse con sus pajaritos”—, pero ella no dudó en aceptar la propuesta de Teresa Valladares, responsable del programa de mayores de Cruz Roja en El Puerto, que la invitó a apuntarse a la visita a Aromas de Medina. “Me llamó Tere y aquí estoy yo… ojalá mi madre hubiera vivido estas cosas, pero antes no se disfrutaba", dice echando la vista atrás. Ella empezó a trabajar con apenas doce años, cuando su hermana dio a luz a su sobrina, a la que cuidaba. “Me quitaron del colegio porque éramos ocho hermanos y había que echar una mano, lo poco que sé es por iniciativa propia”, relata.

La conversación la interrumpe un encuentro con una amiga: “¡Hola! A mi Pepi no le he dado un besito…”, grita Carmen, que saluda a Pepi, una voluntaria y también usuaria de Cruz Roja. “Echo una mano en lo que puedo”, cuenta. “Yo me encuentro en la misma situación, a mí me ayudan, y yo quería hacer lo mismo con los demás”, relata. Ella acompaña a otras personas mayores para que puedan sortear escalones, para realizar visitas médicas o las acompaña a arreglar papeleos. “Llamamos a sus casas para ver cómo están, les hacemos visitas…”, dice Pepi, que lleva tres años como voluntaria. “Lo mejor de esta labor es acompañar a las personas que se encuentran muy solas. Tú le cuentas, ellas te cuentan… Estamos para lo que podamos hacer”.

“¿Cómo están mis niños?”, grita Teresa en el autobús, de camino a Medina. Teresa Valladares es la responsable del programa de mayores en El Puerto. “A mí me encanta el trato con ellos, me hacen llorar mucho, pero me encanta”, dice. “Lo que más me satisface es verlos sonreír”. Ella, que lleva ocho años como voluntaria, tuvo también a sus padres en el programa, con los que viajaba a la playa o visita la Feria de El Puerto. “Ellos están encantados, agradecen lo mínimo que hagas, algo que para nosotros puede ser insignificante, para ellos es muy importante”, explica. Teresa anima el cotarro: canta, baila y los graba en vídeo. “Las excursiones son lo que más nos gusta”, dice entre risas, aunque el programa incluye otras acciones como acompañamiento en sus casas o desplazamientos en vehículos de la propia asociación.

Los usuarios de Cruz Roja, en la fábrica de Aromas de Medina. FOTO: MANU GARCÍA

“Los llevamos a una cita médica, al juzgado a arreglar papeles, a hacer la compra, a un cumpleaños de un nieto que vive lejos…”, relata Teresa, quien cuenta que entre los usuarios “hay personas que llevan años sin salir de las casas”, por eso que “que un voluntario vaya una hora o dos a la semana a ellos les da vida”. En las mesas redondas que organizan, las personas mayores “nos cuentan sus vidas y se desahogan”, señala Valladares, quien señala que son “como una familia. Yo los llamo y según el tono de mi voz ya saben lo que les voy a decir”.

Teresa, que trabaja por las noches como auxiliar de enfermería, emplea su tiempo libre en ayudar a los demás como voluntaria de Cruz Roja. “Soy una persona inquieta y tengo que estar haciendo algo”, relata. por eso después de estar 15 años como monitora de campamentos infantiles, emprendió este camino. “He cambiado a los niños por las personas mayores”, dice entre risas. “Una vez leí una frase de la Biblia que venía a decir que las ancianas deben ser las que enseñen a las jóvenes y eso me marcó. Desde luego yo aprendo más de ellas que ellas de mí, dónde va a parar”.

Regla, de 81 años, viaja con su consuegra, del mismo nombre. “Esto es muy necesario, ayuda mucho”, dice. Ella es socia de Cruz Roja desde hace varios años. “Con lo poco que ahorro me hago socia de Cruz Roja, de la Asociación Española Contra el Cáncer y de Acnur”, explica. “Prefiero ayudar y no comprarme tantas cosas, casi todo lo que tengo me lo regalan, me compro muy poca ropa”. Regla cuenta que es prima de Juan Ruiz-Herrera, presidente de Cruz Roja en El Puerto —“pero él no me metió, me metí yo sola”, aclara—, que agradece mucho la iniciativa de Autocares Javier de Miguel. “El beneficio que se aporta a estas personas, que de otra forma seguramente no saldrían de sus casas, es enorme”, señala Ruiz-Herrera, quien confía en que más adelante se puedan repetir iniciativas de este tipo para poder desplazarlos a otros eventos.

Manuel Ferrete acaba de desayunar cuando habla con lavozdelsur.es. Lleva poco tiempo siendo usuario de Cruz Roja. Es de El Puerto, “la ciudad de los cien palacios”, dice, y está recibiendo clases para aprender a usar el nuevo teléfono móvil que se ha comprado. “Teresa me da clases”, dice. Ella fue quien lo llamó. “Es bueno tener nuevas amistades”, señala, porque todavía conoce a poca gente de la organización. A sus 76 años, vive solo tras divorciarse. “Ya lo llevo mejor, pero la soledad es muy mala”, reseña. Pero se las apaña. “He dejado dos lavadoras tendidas para cambiar las sábanas y me hago mi comida. Luego me voy a comer unos fideos con caballa…”, dice, frotándose las manos.

El autobús sigue haciendo kilómetros mientras en su interior se escuchan villancicos. El grupo se anima tras el copioso desayuno, que les aporta energía para llegar con fuerza a las instalaciones de Aromas de Medina. Nada más entrar, muchos se dirigen directamente al mostrador, donde compran algunos polvorones o alfajores antes de visitar la fábrica. “Aquí siempre huele bien”, relata el vídeo explicativo que visionan antes de hacerlo, en el que se cuenta la historia de la empresa familiar que regenta el negocio. “El alfajor es la barrita energética más antigua del mundo”, les dice José Joaquín Barrios, director comercial de Aromas de Medina e hijo de Santiago Barrios y María del Carmen Macías, fundadores de la empresa.

Cuando acaba el vídeo, los usuarios de Cruz Roja atraviesan una puerta tras la que hay una pasarela desde la que pueden ver trabajar a los empleados de la empresa, que se afanan en dar forma a todo tipo de dulces navideños, como polvorones, mantecados, yemas, turrones, mazapanes, o especialidades de la zona como alfajores, amarguillos o tortas pardas. Unos 200.000 kilos venderán durante toda la campaña. “¡Qué bien huele! ¿No nos das nada para probar?”, le dice Carmen a las trabajadoras. Pero sí que prueban. Al terminar la visita, una empleada con una cesta llena de dulces navideños les ofrece uno, que prueban antes de volver a El Puerto tras una mañana que tardarán en olvidar.

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