El cumpleaños más triste de Chari, la madre del joven legionario fallecido en extrañas circunstancias

El Instituto Armado corrobora que Alejandro Jiménez Cruz recibió un balazo en el pecho durante un ejercicio de tiro de La Legión, que en un primer momento aseguró que la bala le entró por la axila

Alejandro Jiménez junto a su madre, Chari Cruz (derecha).
Alejandro Jiménez junto a su madre, Chari Cruz (derecha).

Cuando a Alejandro, de pequeño, le preguntaban qué quería ser de mayor respondía que piloto de helicópteros, como su padre Juanjo, miembro del Ejército del Aire. Durante su más tierna infancia, cada vez que aparecían las Fuerzas Armadas en la televisión se quedaba embobado mirándola, hasta que un día dijo: “Mami, yo quiero ser eso, legionario”. Lo tenía clarísimo. “Soy un novio de la muerte, es lo que me gusta”, le repetía una y otra vez a su madre, Chari Cruz, que habla en lavozdelsur.es del fallecimiento de su hijo, que perdió la vida durante un ejercicio de tiro con fuego real en Alicante, apenas cinco meses después de ingresar en la Legión.

Una bala traidora le quitó la vida a Alejandro Jiménez Cruz el pasado 25 de marzo, cuando recibió un disparo durante unos ejercicios de adiestramiento en el campo de maniobras de Agost (Alicante). El joven, nacido en Palma de Mallorca, pertenecía al Tercio Don Juan de Austria 3º de La Legión, desplegado en la base Álvarez de Sotomayor, en Viator (Almería), donde tuvo lugar su funeral. “Mi hijo era militar por vocación”, cuenta su madre. “Su jura de bandera fue lo más, de los días más felices de su vida”.

Chari Cruz, madre de Alejandro, cuenta a lavozdelsur.es que el día del trágico suceso “estaba inquiera, hasta discutí con mi madre por teléfono”. Unas horas después recibió una llamada que hizo que su vida se derrumbara. “Eran las 19:59 horas”, recuerda, “mi exmarido me dio las buenas noches y por la voz le pregunté qué había pasado. Siento darte esta noticia…, dijo, y me eché a llorar”. “¿Está muerto?, pregunté. No, está herido grave. Pero en realidad llevaba muerto unas cuantas horas”, relata.

Chari, natural de Arcos de la Frontera pero residente en Palma de Mallorca, tuvo que esperar hasta las once de la mañana del día siguiente para coger un vuelo hasta la Península. “Fue desesperante pasar toda la noche esperando para salir de la isla”, cuenta Chari, “en el momento no piensas en eso, pero luego me dije: mi hijo es militar, ha muerto en acto de servicio y han sido incapaces de ponerme un avión para llevarme hasta él”.

“Nos dijeron que fue un accidente”, señala Chari, “una bala rebotada que le entró por la axila”, pero una investigación posterior de la Guardia Civil certifica que la bala impactó en el pecho de Alejandro, que llevaba puesto el chaleco antibalas, pero sin placas balísticas. Juan José Jiménez, padre de Alejandro, presente en la reconstrucción de los hechos en la que estuvieron los militares que presenciaron el suceso, alerta de la presencia de un testigo que se ha negado a “mentir” y a corroborar la versión oficial de la Legión —que la bala entró por la axila—. Este soldado, cuenta Juan José en Diario de Mallorca, tuvo que pedir la baja psicológica porque le “están jodiendo la vida”.

El caso estuvo unos meses bajo secreto de sumario judicial, pero una vez se levantó se pudo conocer que hasta tres peritos del Instituto Armado confirman que el proyectil salió del arma del sargento que estaba en el ejercicio de tiro, una versión que contrasta con la ofrecida por el Ejército, que aseguró en un principio que venía rebotada de un pelotón que estaba haciendo un ejercicio de fuego real cerca de donde se encontraba Alejandro.

El Juzgado Togado Militar número 23 de Almería investiga a ocho militares y ha interrogado a 16 personas durante el mes de septiembre. El juez que instruye la causa continúa el procedimiento contra tres oficiales, un capitán y dos tenientes, un sargento, un cabo y tres soldados, y ha interpuesto medidas cautelares al supuesto autor de los hechos, que debe comparecer en el Juzgado los días 1 y 15 de cada mes y tiene retirado el pasaporte.

Juan José Jiménez, padre de Alejandro, asegura en Diario de Mallorca que “su propio sargento se encuentra a 15 metros de él y le pega el tiro a bocajarro y le destroza el pulmón; no le entra por la axila, sino por el chaleco, pero como no llevaba placas balísticas puestas, lo perfora”. Jiménez añade, además, que un capitán rompió el precinto que puso la Guardia Civil, a la que acusó de “meter mierda”.

“Cuando nos contaron que fue un accidente y que la bala entró por la axila me lo creí a pies juntillas”, cuenta Chari Cruz a lavozdelsur.es, “pero no me cabía en la cabeza. Qué mala leche tiene la vida, pensé”. La madre de Alejandro no veía al joven legionario desde Navidad, “y cuando lo vi fue metido en una caja”, añade con tristeza. “No me lo podía creer, qué injusto es todo esto”, se repetía una y otra vez. “La mala suerte de Alejandro ha sido caer con las personas que ha caído. No tengo nada en contra de la Legión, han sido estas personas en concreto”, dice su madre, que lamenta que le hayan “mentido” los cargos militares y hasta la ministra de Defensa, Margarita Robles, que defendió la versión oficial. “Debería haberse enterado de lo que pasó”, señala Cruz.

La madre de Alejandro recuerda que algo olía mal cuando, el día de su entierro, le dijeron que no se podían llevar el cadáver porque había que repetir la autopsia. “Me tuve que volver a la isla sin haber recogido las cenizas de mi hijo”, señala. Desde el lunes, que falleció, hasta el viernes por la noche, no permitieron incinerar al joven legionario. “Luego me vinieron a ver dos oficiales a contarme su versión, que creí en todo momento, y cinco meses y medio después me enteré de que también están imputados porque han encubierto al sargento”, explica Chari.

“Es un horror tanta mentira, tanta palmadita en la espalda, todo sabiendo la verdad”, expresa. “No te puedes imaginar lo que se siente, la impotencia, la rabia, el malestar…”, añade la madre de Alejandro, que pensaba ir al Líbano “para ayudar a la gente”, cuenta Chari, quien lamenta que “le hayan quitado la oportunidad de vivir mogollón de cosas” a un “legionario de vocación” como era su hijo.

El pasado 25 de octubre, Chari cumplió 48 años y se quedó esperando la llamada de su hijo. “Siempre pensaba en mí”, dice cuando se cumplen siete meses de su muerte. “He dejado de trabajar porque no me veo capaz. No estoy preparada”, señala. “Nos queda lucha para que se haga justicia, pero también el consuelo de saber que, por desgracia, lo que le ha pasado a mi hijo salvará a otros jóvenes, porque ahora sí están utilizando chalecos antibalas en condiciones”.

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