Denuncian a la espartería de la Porvera por trabajar en la calle: “A nadie en 100 años le ha molestado”

Los Hermanos Becerra celebraron el año pasado el centenario de su negocio que, sin relevo generacional, es el único de estas características que queda en Jerez: "Es un oficio antiguo, no queremos que se pierda"

Manuel Becerra regenta la única esparteria de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA.

Sobre una alargada mesa, Manuel Becerra despliega dos pleitas de esparto. A su lado, una cuerda y una enorme aguja de metal, con la que, literalmente, va cosiendo poco a poco ambas partes, con la que hace los rollos. "Así trabajamos nosotros, es bueno que se vea", dice mientras da forma a lo que va a ser una de sus emblemáticas persianas. Manuel, que junto a su hermano Juan Luis, regenta la espartería Hermanos Becerra, no se explica cómo este trabajo puede molestar a alguien. "Aquí se paran muchos turistas a hacernos fotos, a nadie en 100 años le ha molestado", comenta indignado. Sin embargo, la semana pasada dos inspectores de urbanismo le trajeron una denuncia anónima. De no resolverse el expediente, para el que ya está tomando medidas legales, el artesano tendrá que trabajar de puertas hacia adentro.

"Este es mi escaparate, no puedo dejar de trabajar aquí afuera", explica a lavozdelsur.es, mientras un vecino le saluda. La mesa, que adquirió hace poco gracias a la sugerencia de otro espartero de Córdoba —sólo quedan unos pocos en toda Andalucia—, le facilita el trabajo que hace en turno de mañana y tarde junto al bar El Rincón Granaíno. "Tengo una raya aquí, para no pasarme y no estorbar", comenta en referencia al establecimiento hostelero, con el que guarda muy buena relación.

"Hemos visto de todo", añade, con el recuerdo del quiosco de Paco, los ultramarinos, papelerías y negocios de la Porvera, que en 40 años de profesión se ha transformado significativamente. Ante la denuncia, y con objeto de hacer llegar su situación a todos sus clientes y aquellos que conocen su buen hacer, el artesano ha decidido poner en marcha una recogida de firmas. Esta iniciativa, que puso en marcha el pasado viernes, la adjuntará al escrito que va a presentar al Ayuntamiento de Jerez, en el que detalla su entorno de trabajo y que espera que le sirva para poder seguir trabajando en la vía pública, como asegura que ha hecho durante "toda la vida".

El espartero, trabajando una de las persianas durante la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA.

Un negocio familiar centenario y sin relevo generacional

Campus Spartarius. Así llamó Estrabón a la zona comprendida entre Cartagena, en Murcia, y Albacete, famosa por la producción y exportación de esta fibra, la stipa tenacissima. Utilizada desde tiempos protohistóricos, el esparto quedó en desuso el pasado siglo, relegado a una posición de complementos decorativos y vinculada actualmente al turismo. Su complejo trabajo artesanal provocó que en ciudades como Jerez, donde hace varias décadas había cinco esparterías, solo quede una.

Fue el padre de los hermanos Becerra, que comenzó a trabajar en una de esas esparterías, ubicada en la calle Lancería, quien se hizo con la propiedad de este negocio en los años de la posguerra, cuando su antiguo dueño se jubiló. "Antiguamente se trabajaba hasta los domingos, mi padre los fines de semana también venía a esta a trabajar, hasta que se hizo cargo de ella", explica. En el interior de su negocio, las sillas de enea y los cinturones de los penitentes para la Semana Santa, se entremezclan con numerosas figuras de animales hechas con esparto, lámparas y cestos. "Esto es lo que viene ahora", dice mientras sujeta uno de los cinturones, que los cofrades piden a Manuel por encargo y que él hace totalmente a mano. Al otro lado del local, unas persianas ya preparadas, están apiladas y listas para ser vendidas.

Interior de la espartería. FOTO: MANU GARCÍA

A las bodegas, que son uno de sus principales clientes, se les suman algunas tabernas y tabancos, como uno de Madrid que hace poco le encargó un pedido. No faltan tampoco aquellos que desean decorar su casa como antaño, cuando el vino se compraba a granel y se rellenaba en garrafas o damajuanas cubiertas de esta fibra vegetal. "Vendemos a gente de fuera, este año hemos enviado persianas a Valencia, a las Baleares y hasta a Tenerife", recuerda.

"Esta es nuestra vida", concluye, lamentando no tener ningún tipo de protección por la Administración dado el futuro de este oficio antiguo, que parece abocado a desaparecer. "Es un oficio antiguo, es una pena, no queremos que se pierda", comenta. Ni los hijos de su hermano ni sus hijos, que han estudiado carreras universitarias, continuarán en principio con el duro trabajo del esparto, sobre el que Manuel bromea, recordando las palabras de su propia hija: "Papá, con esto se gana muy poco y pincha mucho". Una situación que se asimila al de otros negocios artesanos que sobreviven a duras penas en los albores de la globalización.

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