"De pequeño me ataban las manos detrás para que no me expresara en lengua de signos"

La asociación ya está preparando la celebración de su 50 aniversario. FOTO: MANU GARCÍA
La asociación ya está preparando la celebración de su 50 aniversario. FOTO: MANU GARCÍA

Cuando Pedro decidió buscar, una a una, a todas las personas sordas de Jerez para poder compartir sus inquietudes, las necesidades de este colectivo no estaban, ni por asomo, en la agenda de los políticos de la época. Hoy, 50 años después, la sociedad ha avanzado mucho en cuanto a la concienciación sobre la vida de las personas sordas, aunque no lo suficiente.

La Asociación de Personas Sordas de Jerez (Apesorje) se funda el 19 de noviembre de 1970 de la mano de Pedro Jesús Vega quien, cuando era pequeño, sus padres lo enviaron a estudiar a un colegio en Málaga, donde sí existía ya una asociación de personas sordas. “Cuando yo terminé el colegio y me volví a Jerez quise montar una asociación como la que conocí en Málaga”, explica Pedro a través de Amparo Galán, trabajadora social de la entidad que hace de intérprete para lavozdelsur.es, ya que ellos se comunican a través del lenguaje de signos.

El fundador de la asociación cuenta cómo fue su experiencia hace ya 50 años. FOTO: MANU GARCÍA

Cuando volvió a su Jerez natal, acudió al Ayuntamiento para buscar un listado en el que figuraran todas las personas sordas de la ciudad y así poder fundar la asociación para ayudarse mutuamente. En un primer momento se reunían en un pequeño local cedido por los Jesuítas en la calle Ponce y, posteriormente se mudaron a la calle Caballero. Tras varios cambios de ubicación, finalmente, el Gobierno de la época les concedió una subvención de un millón de pesetas y pudieron comprar el local que tienen ahora en la calle Santo Domingo de Jerez.

Ese año, en 1973, montaron una caseta de feria para poder recaudar dinero y así acondicionar el local. “Sin embargo esta sede se nos ha quedado pequeña porque, de esta asociación, parten otras entidades más pequeñas como el club deportivo, la asociación de personas mayores sordas, la de jóvenes sordos, de mujeres sordas, los agentes de desarrollo de la comunidad de sordos… y necesitamos otro lugar más grande donde poder atender a todos nuestros socios y desarrollar nuestras actividades”. Una reivindicación que llevan varios años realizando al Ayuntamiento.

A pesar de que la concienciación sobre la vida de estas personas ha ido calando poco a poco en la sociedad, aún hoy, se encuentran con multitud de problemas en su día a día, en especial, a la hora de comunicarse. “Antiguamente, una persona sorda para comunicarse lo tenía mucho más complicado que ahora. No existían las nuevas tecnologías por ejemplo, y siempre nos teníamos que comunicar a través de cartas. Ahora podemos usar videollamadas bien por el ordenador o desde el mismo móvil. El contacto con otras personas es mucho más fácil”, comenta Pedro. Esta problemática se agrava si hablamos de personas mayores que no están familiarizadas con las nuevas tecnologías.

“Antes no disponíamos de servicio de intérpretes, y yo siempre tenía que ir con alguien de mi familia para comunicarme con personas oyentes. Imagínate hablar de temas muy personales, como pueden ser temas sexuales por ejemplo, qué vergüenza que me tuviera que acompañar mi madre. Cualquier cosa que quisieras preguntar o cualquier historia delicada de médico, a mí me daba mucha vergüenza. Yo prefería escribir las cosas y pedirlas por escrito en la farmacia”, apunta el presidente de la asociación. Ahora pueden disponer de intérpretes, que se acogen al secreto profesional, y es una manera de salvaguardar su privacidad.

“El servicio de intérprete hace, a la vez, más visible esta discapacidad. Ya la gente está acostumbrada a que, en la administración pública o en el médico, por ejemplo, si ves a una persona sorda acompañada de un intérprete, ya lo ves más normal, pero antes no existía nada de eso”. Pedro cuenta que “cuando yo era pequeño me reñían si yo usaba la lengua de signos, incluso me ataban las manos y me pegaban con la regla porque me decían que eso estaba muy feo y me obligaban a intentar hablar, aunque fuera con la ayuda de un logopeda, o a leer los labios”.

José Luis Gil, presidente del club deportivo de la asociación. FOTO: MANU GARCÍA

Esta experiencia también la comparte José Luis Gil, otro de los socios que, además es el presidente del club deportivo. “Para nosotros hablar en lengua de signos es algo normal porque es nuestra manera de comunicarnos, pero cuando éramos pequeños nos lo tenían prohibido, por eso luchamos y reivindicamos el uso generalizado de la lengua de signos. Es nuestra seña de identidad, nuestro modo de comunicarnos y estamos orgullos de ello”, apunta José Luis. Estas personas pueden disponer de servicio de intérprete dentro de algunos programas llevados a cabo a través de subvenciones o bien por iniciativa privada. La asociación ha llegado a tener hasta tres intérpretes a disposición de los socios, a través de subvenciones de la Junta de Andalucía, “sin embargo, como consecuencia de la crisis, este tipo de ayudas han desaparecido”, lamentan.

Belén Rodríguez, agente de desarrollo de la comunidad sorda. FOTO: MANU GARCÍA

Belén Rodríguez, agente de desarrollo de la comunidad sorda, reivindica que la lengua de signos debería ser una asignatura incluida en los programas educativos de toda España. “En Madrid sí está implantada como asignatura, pero nosotros estamos presionando para que se implante en todo el país porque, al fin y al cabo, es un idioma más. Ojalá toda la sociedad supiera comunicarse a través del lenguaje de signos, como la persona que es bilingüe. Nosotros hacemos talleres de sensibilización en los colegios. Les contamos como es la vida de una persona sorda y las necesidades que tenemos”, afirma Belén.

En la actualidad también existen más facilidades a la hora de educar a un niño sordo, algo que antiguamente era muy complicado porque los centros no disponían de profesores formados para ello. “Antiguamente los centros que enseñaban lengua de signos estaban considerados como guetos, ahora todo eso ha cambiado muchísimo”, señala Pedro. Belén nos cuenta que “hoy los centros educativos disponen de profesores que saben lengua de signos y algunos asesores para personas sordas. Pero la educación específica para estas personas es algo que no termina de estar implantado en su totalidad. En primaria, por ejemplo, no hay intérpretes, sólo están en los institutos y en la universidad, y ni siquiera en todos los centros, pero claro, en un horario reducido, no todas las horas. En esas horas que no tienes intérprete no entiendes las clases, por eso hay muchos alumnos que se dan de baja porque se desmotivan”. A día de hoy, si un niño sordo quiere una educación específica para él, tiene que acudir a un centro de educación especial, donde están mezcladas otras discapacidades.

En el caso de Belén, como agente de desarrollo de la comunidad de sordos, asesora a muchas familias que acuden a Apesorje cuando tienen un hijo sordo. “El colegio que existe de Educación Especial no está adaptado para personas sordas. Por eso les recomiendo que busquen la ayuda de un logopeda, nosotros le podemos ayudar en los inicios de la lengua de signos, pero al final, tienes que recurrir a algo privado”.

Durante un viaje a Suecia, Pedro pudo descubrir como allí, cuando hay una persona sorda en el núcleo familiar, todos aprenden lengua de signos. “El Gobierno facilita cursos gratuitos de lengua de signos para las familias en la que, al menos uno de sus miembros, es sordo. Además, allí todo está adaptado para sordos, la televisión, hay servicio de interpretación de lengua de signos, es algo más natural y lo tienen mucho más normalizado”, explica el presidente de la asociación. Salvador Moreno, tesorero del club deportivo, lamenta que “cuando yo era pequeño, la educación era muy deficitaria. Yo no tuve apoyo externo y todo depende de dónde te toque, si el centro está adaptado o no”.

“Nos encontramos que, en nuestro día a día, hay muchas cosas que no están adaptadas. En la tele hay muchos programas que no están adaptados, el cine no está adaptado, además no todo el mundo entiende los subtítulos porque su idioma es la lengua de signos. Actividades culturales, teatro, conciertos o incluso cosas tan básicas como acudir a un hospital o pedir ayuda a la Policía”, lamenta Pedro. “Si vas a urgencias no hay modo de comunicarte porque allí no disponen de intérprete, creo que el personal médico debería estar formado en lengua de signos. Antes había un servicio de intérprete de urgencias las 24 horas, pero como consecuencia de la crisis se eliminó. Ahora mismo tengo un accidente de tráfico y voy a un hospital y no puedo comunicarme. Tampoco puedo expresarme cuando hay alguna situación donde interviene la Policía y tengo que explicarle qué ha sucedido. Son muchas situaciones en nuestro día a día que nos impiden convivir aún de manera normalizada”.

A lo largo del año 2020 la asociación Apesorje celebra su medio siglo de vida, un aniversario que no quieren pasar por alto y que ya están preparando con mucho cariño. La inauguración de las actividades programadas será a finales de febrero y ya anuncian que nos tienen preparadas muchas sorpresas. La mejor manera de entender su situación es poniéndote en su lugar, “cuando eres el único oyente en un entorno de personas sordas, donde todo el mundo habla un lenguaje diferente al tuyo y no puedes comunicarte, ahí es donde realmente te das cuenta de cómo nos sentimos nosotros” concluye Belén.

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