Cuatro años esperando justicia: el disparo de un sargento quitó la vida al legionario Alejandro Jiménez

El 14 de febrero se celebra en el Tribunal Militar de Sevilla el juicio en el que la familia del legionario fallecido en 2019 espera que esclarezcan las causas de su muerte

El nicho donde reposan los restos del legionario Alejandro Jiménez Cruz.

El próximo martes 14 de febrero arrancará en el Tribunal Militar Territorial de Sevilla el juicio por la muerte del legionario Alejandro Jiménez Cruz en unas prácticas militares en el campo de adiestramiento de Agost, en Alicante.

Tan solo tenía 21 años y llevaba 5 meses en la Legión cuando perdió la vida en aquel trágico suceso que cambió para siempre la vida de su familia. Cuatro años han pasado desde aquel 25 de marzo de 2019 y todavía no se han aclarado las causas de su muerte.

"Imagina la cara que se nos quedó cuando íbamos con el féretro de camino al tanatorio y nos paró la Guardia Civil para informarnos de que el juez había decretado el secreto de sumario", cuenta a lavozdelsur.es Chari Cruz, la madre de Alejandro. Era evidente que algo no iba bien.

"Mi marido estuvo en el Ejército, tengo dos hermanos que son policías nacionales, sabíamos de sobra que había un problema, que no era todo como nos lo habían contado", señala. La versión oficial ofrecida a la familia y al tribunal fue que una bala extraviada perforó la axila de Alejandro, un terrible accidente mortal.

Sin embargo, la segunda autopsia solicitada por el juez levantó las sospechas de la familia, que cuatro meses después pudo confirmar que el proyectil disparado por el sargento al cargo del pelotón al que pertenecía entró a través del pecho, no pudiéndole salvar el chaleco antibalas porque no lo llevaban ni el equipamiento antifragmentos porque estaba caducado.

Alejandro en la Legión.

En definitiva, una serie de irregularidades que obligaron a reabrir el caso y que la próxima semana puede conocer su desenlace definitivo. Chari admite que lleva varios días "sin dormir, con dolor de barriga, de cabeza…" solo de pensar en lo que está por venir. "Es algo muy importante, necesitamos que se haga justicia", añade.

Si ya perder un hijo es de lo más doloroso que le puede ocurrir a una persona, que durante años se mantenga la duda sobre lo que ocurrió y que sus responsables echen balones fuera resulta un auténtico suplicio. La madre de Alejandro, natural de Arcos pero residente en Mallorca, no esconde su enfado con los altos cargos que "pese a las evidencias siguen hablando de accidente, que trataron a mi hijo como un trozo de carne y que han hecho a su padre y a nuestros abogados viajar varias veces a Almería para nada porque al final se retractaban y no declaraban".

De igual modo destaca su hipocresía cuando, por ejemplo, "me abrazaron y me dijeron cantidad de cosas cuando llevamos sus cenizas ante el Cristo de Mena el primer año porque iba a salir en la Semana Santa de Málaga".

Un ejemplo de superación que desbordaba empatía

"Todas las madres vemos a nuestros hijos perfectos aunque sepamos que tienen algún defecto", dice Chari, que destaca lo bien que hablaban de él sus compañeros e incluso sus superiores. "Me contaban que, aún terminadas las prácticas, no se marchaba a descansar hasta completar perfectamente los ejercicios. Todos decían que era una persona buena y empática, con un corazón enorme, aunque eso yo ya lo sabía", rememora emocionada.

El gran sueño de Alejandro desde pequeño siempre fue entrar en la Legión, quería pertenecer a ella independientemente del esfuerzo que le costara y lo consiguió "entrenando sin parar, perdiendo peso y sin rendirse pasara lo que pasara".

Además se daba a los demás. Él era jugador y entrenador de rugby y en el cuerpo se desvivía por sus compañeros a los que siempre tendía una mano amiga para lo que necesitaran. Precisamente por esto a su madre le duele aún más que entre todos taparan lo que ocurrió de verdad, forzando que todo se alargara hasta este punto.

Tan solo uno de sus compañeros se atrevió a contar lo que realmente sucedió, que se correspondía con las sospechas de la Guardia Civil y de los peritos y que dejaba en evidencia las versiones ofrecidas por los investigados, que en cada ocasión variaban algunos detalles sobre lo ocurrido.

También recuerda emocionada que los amigos de su hijo la llamaban "amatxo", mamá en euskera, porque él la llamaba así de forma cariñosa. "Amatxo y Alejandro, Alejandro y amatxo, él no paraba de hablar de mí y yo no paraba de hablar de él", apunta con voz entrecortada.

"Solo queremos que se haga justicia"

Para los padres de Alejandro es un calvario no poder zanjar de una vez el caso. "Es duro perder a tu único hijo, pero que no se pueda cerrar el caso porque siguen mintiendo nos está destrozando", explica desesperada Chari.

No cabe duda de que se produjeron negligencias durante aquellas prácticas, para empezar, que el sargento al cargo no debía disparar ningún arma durante ellas y lo hizo con ese fatal resultado. La madre del joven reconoce que "en una situación de guerra los enemigos no te van a avisar de cuándo van a atacar y debes estar siempre preparado", pero se pregunta qué necesidad había de actuar así "en suelo español y en unas simples prácticas".

Por otro lado, la ausencia de chalecos antibalas que "estaban guardados en un armario" es algo que no entiende, más aún cuando, según los testimonios de los investigados, "no existían o no estaban disponibles".

Quedan muchas preguntas por responder sobre este fatídico suceso y, mientras tanto, la familia de Alejandro llora su pérdida y se pregunta por qué le tuvo que ocurrir esto a este joven. Para su madre el único momento en el que está tranquila es en el cementerio, frente al columbario erigido en su honor y donde "le pido que me dé fuerzas para seguir adelante".

Ahora está muy próxima una fecha que puede cambiar la vida de esta familia y que puede paliar en parte su sufrimiento. "Lo único que queremos es que se haga justicia, que los responsables de lo que ocurrió paguen por sus acciones y que se les impida de por vida el acceso a ningún cuerpo militar de España", insiste Chari.

Ellos esperan que el tribunal "entienda la situación por la que estamos pasando" y "que tomen las medidas más justas, con o sin indemnización, eso nos da igual", para poner fin a un largo y tortuoso camino que acabe con Alejandro, allá donde esté, descansando en paz.

 

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