Cuando comer es un infierno: "Tengo a mi hija cogida con alfileres"

La Asociación para la Defensa de la Anorexia y la Bulimia trabaja desde San Fernando con 60 pacientes de la provincia desde hace casi veinte años. Las familias denuncian la falta de un área específica para su tratamiento en la sanidad pública andaluza

Asociación para la Defensa de la Anorexia y la Bulimia (ADAB) de San Fernando FOTO: Manu García
Asociación para la Defensa de la Anorexia y la Bulimia (ADAB) de San Fernando FOTO: Manu García

"La gente tiene un vacío interno y utilizan la comida como vehículo de expresión", así explica Lola Cerezo, psicóloga de la Asociación para la Defensa de la Anorexia y la Bulimia (ADAB) de San Fernando, como entienden los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) que tratan día a día en sus instalaciones. "Es una enfermedad emocional, se dice que es crónica porque la gente recurre a lo que conoce cuando tiene problemas en la vida, y problemas hay siempre".

Desde su creación en 2002, ADAB ha tratado con infinidad de pacientes, pero desde el equipo técnico aseguran que el apoyo y trabajo con las familias es fundamental para que las terapias salgan adelante con éxito. Actualmente, Lola trabaja con cerca de 60 chicas y chicos que padecen trastornos alimenticios entre la anorexia restrictiva y la purgativa. Junto a Julia Maine, que desde marzo desempeña las labores de nutricionista, configuran el cuerpo técnico de esta asociación. "Nos derivan gente de centros de salud, de colegios por medio de sus orientadores, incluso de otras provincias…", comenta la psicóloga mientras hace memoria de lo acontecido desde 2005, cuando comenzó a pasar consulta en las instalaciones de la misma, "llevamos años trabajando muy duro".

"Me siento mal, tengo ansiedad...", estos son algunos de los sentimientos que pueden acarrear enfermedades de tipo alimenticio, ejemplifica Lola. En cuanto al perfil de los pacientes "en anorexia restrictiva son personas muy perfeccionistas y exigentes consigo mismas y los demás. Ejercen un control patológico de todo lo que hacen en su vida y tienen un pensamiento único". Esto último también se padece en los casos anorexia purgativa, "las chicas creen que todas las miradas van a ellas. Además, son muy agresivas verbal y físicamente".

La agresividad tiene su origen en la alimentación "cuando no te alimentas bien la tiamina se altera en la hipófisis, esto provoca que se desarrolle la agresividad", argumenta Lola mientras que su compañera Julia apunta que "el consumo de los micro nutrientes (minerales y vitaminas) evitan esta alteración de las emociones". También comenta como la industria "influye muchísimo en la alimentación y la moda".

Julia Mairén, nutricionista, y Lola Cerezo, psicóloga, de ADAB FOTO: Manu García

Las familias, un trabajo fundamental

Dos padres cuyas hijas han sido tratadas en esta asociación y que además pertenecen a la junta directiva del mismo comentan sus casos particulares. "Pasé un calvario con mi hija", confiesa el primero de ellos, "desde muy pequeña pasó por psicólogos y psiquiatras hasta que Lola la diagnosticó". Aún recuerda el día en el que su hija lloraba al contarle que, por fin, "alguien le había dicho que lo que le ocurría era una enfermedad y que podía tratársela".

La convivencia con la familia, aportándoles información y seguimiento para que aprendan a tratar a sus hijos en casa es una de las máximas de esta asociación, incluso tienen una parte de las terapias dirigida a ellos. "Cuando tuve la información precisa pude ayudar a mi hija. Para un padre la experiencia es bastante dura, la enfermedad conlleva un trastorno mental que lo que más deteriora es la convivencia con la persona". El recuerda muchas broncas con su hija pero también útiles consejos que ha recibido en ADAB como la certeza de que, en los peores momentos, "la que habla es la enfermedad, no ella".

Además, este mismo familiar denuncia la falta de unidades específicas en la Sanidad Pública que trabaje trastornos de la conducta alimentaria, "hay un déficit terrible, no hay unidad a la que acudir y te mandan a otras como la de psiquiatría".

Uno de los familiares denuncia la falta de un área específica en la sanidad pública andaluza FOTO: Manu García

"Son personas muy inteligentes, a veces van un paso por delante de nosotros", confiesa la psicóloga con una media sonrisa mientras, seguramente, recuerda algún caso particular. El segundo padre asiente con vehemencia ante sus palabras, en el caso de su hija siguen muy pendientes del avance de su conducta pese a que ya no asiste a terapia. Cuando tenía once años desde el propio centro escolar avisaron a la familia de que la pequeña tiraba el bocadillo en el recreo y rápidamente la llevaron a su pediatra, "nos dijo que no tenía solución" ante la respuesta tuvieron que buscar ayuda por otros cauces hasta llegar a la asociación.

Ahora, su hija "está cogida con alfileres", la terapia la ha ayudado pero el miedo no abandona a sus padres. "Ella tiene una alimentación estanca", esto significa que la persona "ha estado para ingreso hospitalario pero se ha nutrido como se le aconsejó", pese a ello tiene una alimentación muy controlada de la que "no se salen". Lola comenta el caso particular con su padre, "es una pena porque a veces no consigo obtener los resultados óptimos que se dan en otras personas, influye mucho la personalidad, porque el trabajo que se hace es el mismo con todos los pacientes".

Terapia colectiva y talleres de prevención

La asociacion isleña ofrece terapias individuales pero en los diez primeros minutos, "con algunos pacientes", apunta Lola, "es necesario contrastar la información de los avances obtenidos con sus familiares". A raíz de estas sesiones "vas haciendo que la persona piense en hacer las cosas de otra manera. No hay por qué sacarla de sus objetivos si no son patológicos pero lo importante es que aprendan a hacerlo de una forma diferente. La modificación de conducta es muy importante". Por otro lado, ADAB ofrece terapias colectivas con familiares, padres, madres, hermanos, parejas…  ya que "la mayoría no entienden que está pasando y aquí vamos dándoles información".

También, cuentan con terapias de grupo con pacientes afectados, todas ellas guiadas y con una temática específica que se haya repetido en algunas sesiones con distintos usuarios. "Un taller en el que se sienten muy identificados", de hecho la psicóloga destaca una sesión en particular "lo hicimos con la pregunta de cómo crees que se siente tu familiar, fue muy emocionante, un río de llanto".

Sumado a las sesiones con psicóloga y trabajadora social esta asociación ofrece distintos talleres de prevención en centros de salud y educativos. Para ello, dependen de las subvenciones ya que ADAB es una entidad sin ánimo de lucro, con ella colaboran la Caixa, el Ayuntamiento de San Fernando, Diputación de Cádiz y la Junta de Andalucía. Además, cuentan con la cuota mensual que aportan los socios.

En estas jornadas con escolares y usuarios Julia y Lola inciden en la idea de que la riqueza está en la diversidad "lo importante ser quienes somos", comentan indistintamente, "no tenemos que tener todos las caderas iguales y debemos salir de esa línea de exigencia social".

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Ana García Barrones

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