Castañas para esquivar el paro

Rafael y Mari regentan un puesto desde hace 16 años, cuando empezaron tras encontrarse sin trabajo ni apenas ingresos. "La pena me ahogaba", dice ella, pero sobreviven vendiendo "lo que da el campo"

Rafael, con Mari al fondo, preparan castañas en el puesto que tienen junto a Ifeca.
Rafael, con Mari al fondo, preparan castañas en el puesto que tienen junto a Ifeca. MANU GARCÍA

Es el olor del otoño. El que desprenden las castañas que, a fuego lento, se van asando en los puestos que hay distribuidos por todo Jerez. “La mejor publicidad que podemos tener es el olor”, dice Rafael. Desde bastantes metros de distancia se intuye la presencia del puesto en el que, desde hace 14 años, vende castañas junto a su mujer, Mari, castañera e hija y mujer de castañero, en la rotonda de Ifeca, en una de las entradas del parque González Hontoria.

Cada tarde, a eso de las cinco, llegan en su vehículo hasta el lugar que vienen ocupando desde hace casi una quincena. Primero estuvieron en el centro, pero apostaron por el recinto ferial, por donde pasan más coches y están más visibles. No se equivocaron. En unos minutos, Rafael y Mari atienden a varios clientes, aunque llevan poco tiempo instalados. La hora punta llegará cuando caiga la noche.

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Mari, preparando un cartucho de castañas. MANU GARCÍA

Mientras ella va pelando castañas sentada en el remolque, él se dedica a mantener vivo el fuego de la chimenea que hay junto al puesto, que mantiene en su punto. “El secreto está en tener el fuego controlado y en saber darle su punto de cocción”, explica Rafael. A él le enseñó el padre de Mari, su hermano… y su propia experiencia. “La clave es robar mucho con la vista, aprender y siempre innovar”, dice. Cada castañero tiene su "toque". Rafael ha ido perfeccionando el suyo con el paso de los años. 

“Por favor, mantenga la distancia de seguridad”, se puede leer en un cartel que tienen colocado en la parte frontal del puesto, al que instalaron mamparas el año pasado, para poder vender en pandemia. Tampoco falta gel hidroalcohólico. “Lo hacemos todo por la seguridad de nuestros clientes”, cuentan. Unos clientes que han ido conservando con el paso de los años, y que confían en ellos. “Ya nos conocen y se paran”, relatan. El goteo de coches es continuo. Estacionan un momento en la rotonda, compran su cartucho de castañas y continúan la marcha. "Con el frío hay algunos que ni se bajan", dice Rafael entre risas. 

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Rafael, pelando castañas en el puesto. MANU GARCÍA

“Venimos todos los días, hasta lloviendo. Aquí nos hemos puesto chorreando, con el agua subiendo por el bordillo, hemos pasado fatiga, pero no fallamos”, señala Mari. A su cita con el puesto que tienen en Ifeca no faltan mientras dura la campaña, entre octubre y diciembre. Luego venden "lo que salga". Caracoles, espárragos, tagarninas, cabrillas, coquinas... "Hay veces que nos damos aquí para llegar para comer", dice Mari, señalándose la barbilla, "pero vamos racheando". 

El padre de Mari ya fue vendedor de castañas. Cerca del antiguo Simago, en el centro, vendía este fruto, pero también caracoles, espárragos, conejos, higos… “Todo lo que daba el campo”, resume. Sus hermanos también se dedicaron a las castañas y, al inicio de la crisis, con ella y su marido en paro, optaron por pedir licencia para vender castañas. “La pena me ahogaba… se me saltan hasta las lágrimas recordándolo”, dice Mari.

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Mari y Rafael, vendedores de castañas desde hace 16 años.  MANU GARCÍA

“No teníamos ni para un bocadillo para la niña, no quiero ni recordarlo”, insiste Mari. “Yo estaba en la construcción y me pegaron dos palos… no me pagaban. No cogí nada, desaparecieron”, dice a modo de resumen Rafael. Con ese panorama, probaron suerte con las castañas. “Nos prestaron los cacharros, la chimenea la hizo mi hermano que es cerrajero, el carro es del padre de mi cuñado…”, cuenta Mari. Poco a poco fueron consiguiendo todo lo necesario para acondicionar el puesto.

"Un euro cada ocho castañas", le van diciendo a cada cliente que se para a comprarles. Cada día, asan unos cuantos sacos. ¿Cuántos? "Depende, esto cambia tanto...", dice Rafael. Este año, lo que va de temporada, está siendo "muy flojo". Siempre puede mejorar. Es lo que permitirá a esta familia sobrellevar los meses más duros del invierno, cuando tiran del paro y de los pocos ahorros que acumulan en la temporada de las castañas. 

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