La historia de Noelia, una joven de tan solo 25 años, se sitúa en el centro del debate tras confirmarse que recibirá la eutanasia este jueves. Es el primer caso de eutanasia basada en problemas mentales, depresión, pero son también problemas físicos. La singularidad del caso reside en el sufrimiento físico y mental que la propia joven asegura no poder soportar.
Según los informes médicos, padece un trastorno límite de la personalidad y un trastorno obsesivo-compulsivo con ideas paranoides y pensamientos suicidas recurrentes. Los documentos describen que presenta una incapacidad "para controlar sus emociones; padece pérdidas de control emocional e impulsividad, cambios fuertes en el estado de ánimo, inestabilidad de las relaciones interpersonales y en la autoimagen, así como pensamientos y comportamientos repetitivos que no tienen sentido", tal como informaba el periódico El Mundo.
El componente físico no es menor. Noelia sufre una paraplejia irreversible, por una lesión medular, que tuvo lugar, eso sí, tras un intento de suicidio en 2022. En cuanto a su movilidad, sufre una discapacidad del 74%, con limitaciones severas en su autonomía diaria. Las secuelas físicas son especialmente severas. La joven presenta una lesión medular completa a nivel L3. Esto va acompañado de alteraciones sensitivas, dolor neuropático crónico y pérdida total de movilidad en las extremidades inferiores,
Estas condiciones la obligarían a vivir para siempre en silla de ruedas y limitan su capacidad de marcha incluso en espacios adaptados. Todo ello se traduce en una dependencia funcional casi total para las actividades básicas del día a día.
Todos estos elementos han sido tenidos en cuenta por los tribunales para aceptar su deseo de llevar a cabo una eutanasia legal que en la tarde de este jueves va a producirle la muerte, en un entorno controlado. Pero el debate es gigantesco: es una chica joven, su familia ha iniciado una batalla legal para impedirlo, y la principal razón no es física.




