La bisnieta de la que fue la persona más longeva de Massachusetts que se enamoró de Valdelagrana

Julia Ladebauche, afincada en El Puerto desde 2013, recuerda a su bisabuela Elizabeth Ladebauche (1887-1989), que le escribió cartas hasta los 101 años

A la izquierda, Elizabeth Ladebauche y a la derecha, Julia con su abuelo Louis Ladebauche.
A la izquierda, Elizabeth Ladebauche y a la derecha, Julia con su abuelo Louis Ladebauche.

En un lugar recóndito del séptimo estado más pequeño de los Estados Unidos, en el 319 Tremont St., vivió una mujer que se hizo un hueco en la historia social de Massachusetts.

Su vitalidad le llevó a convertirse en la persona más longeva en 1989. Todo un hito -hasta el mismísimo Ronald Reagan, 40.º presidente de los Estados Unidos hasta justamente ese año, la felicitó por su último cumpleaños. Por aquel entonces, la esperanza de vida alcanzaba los 78,50 años, pero ella fue una excepción. Lanzó su último suspiro cuando gozaba de 101 años.

Elizabeth Ladebauche nació el 15 de octubre de 1887 en Saint Damien de Brandon, Berthier, Quebec, Canada, y falleció tras permanecer más de un siglo en el planeta. Nunca puso un pie en España, y mucho menos, en El Puerto de Santa María, sin embargo, los vaivenes de la vida hicieron que su bisnieta comenzara a residir en Valdelagrana hace ocho años.

Elizabeth Ladebauche en una imagen compartida en FamilySearch.
Elizabeth Ladebauche en una imagen compartida en 'FamilySearch'.

Un día cualquiera, Julia Ladebauche, nacida en Sevilla, recuerda a su bisabuela tras toparse con un recorte de periódico cuando se disponía a ordenar los papeles de un cajón. Desde la ciudad donde siempre ha veraneado, esta maestra del CEIP La Florida habla de “Mémé”, como la llamaba.

“Me escribía cartas de su puño y letra hasta los 101. Siempre contaba que nunca pasaba por la cocina sin beberse un vaso de agua y que eso, y reírse mucho, era su secreto para tener tanta salud”, comparte. Elizabeth fue “una gran luchadora”. Su marido Ozarid Ladebauche, con el que vivía en Massachusetts desde 1908, murió en un accidente industrial, cuando ella tenía 48 años y 10 hijos a los que sacar adelante.

Recorte de periódico que encontró Julia.
Recorte de periódico que encontró Julia.  

Según el texto publicado, esta señora que leía el periódico, tejía y jugaba a las cartas los domingos por la noche, llegó a tener 28 nietos, dos tataranietos y 38 bisnietos. Julia es una de ellas, y, casualmente ha acabado en El Puerto. Pero ¿cómo llega la bisnieta de la que fuera la persona más longeva de Massachusetts hasta aquí?

“Nos dejó todo nuestro árbol genealógico publicado”

“Nos dejó en herencia algo precioso, todo nuestro árbol genealógico publicado, desde 1681 hasta mi generación. Nadie de la familia sabía que lo estaba realizando”, cuenta a lavozdelsur.es. Aquí está el quid de la cuestión. Uno de los hijos de Elisabeth, Louis Ladebauche, tuvo a su vez a otro pequeño, James Ladebauche, que se formó como militar de las Fuerzas Aéreas.

Carta escrita por Elizabeth Ladebauche.
Carta escrita por Elizabeth Ladebauche. 

Cuando el americano fue destinado a la base de Morón de la Frontera conoció a la sevillana Encarnación Garriga y así nació Julia. “Vivíamos en EE. UU. y nos mudamos a España cuando yo era tenía 9 años”, explica la vecina reconstruyendo su historia familiar. Ella es la única española de sus hermanos. “Siempre hemos viajado mucho y cada uno nació en un país distinto”, comenta.

El mayor nació en Florida, EE.UU., el tercero en Wiesbaden, Alemania y el más pequeño en Alburquerque, Nuevo México, aunque, actualmente, todos residen en España.

Julia decidió mudarse a la costa gaditana, a ese sitio cargado de recuerdos de su niñez donde el mar y la arena están muy presentes.

Los hogares guardan sorprendentes historias de familias con mucho que contar. A veces, por qué no dejar volar la imaginación para averiguar la identidad de los vecinos que se observan viendo la televisión desde la ventana.

Sobre el autor:

Patricia Merello

Titulada en Doble Grado en Periodismo y Comunicación audiovisual por la Universidad de Sevilla y máster en Periodismo Multimedia por la Universidad Complutense de Madrid. Mis primeras idas y venidas a la redacción comenzaron como becaria en el Diario de Cádiz. En Sevilla, fui redactora de la revista digital de la Fundación Audiovisual de Andalucía y en el blog de la ONGD Tetoca Actuar, mientras que en Madrid aprendí en el departamento de televisión de la Agencia EFE. Al regresar, hice piezas para Onda Cádiz, estuve en la Agencia EFE de Sevilla y elaboré algún que otro informativo en Radio Puerto. He publicado el libro de investigación 'La huella del esperanto en los medios periodísticos', tema que también he plasmado en una revista académica, en un reportaje multimedia y en un blog. 

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