Cada invierno vuelve la misma advertencia: “abrígate bien o te vas a poner malo”. Una frase repetida durante generaciones que, sin embargo, no es del todo cierta. El frío, por sí mismo, no provoca resfriados ni gripe. Así lo explican expertos en biología y microbiología, entre ellos el doctor en biología molecular Diego Arroyo, que en redes hizo un hilo explicativo que vamos a resumir, y lo confirman análisis divulgativos recogidos por Verificat.cat, plataforma independiente contra la desinformación.
Lo primero que hay que entender
Según detalla Diego Arroyo, la gripe no es un resfriado. Está causada por los virus de la gripe A o B y es una infección sistémica, con fiebre alta, dolores musculares, cefaleas y malestar general. El resfriado común, en cambio, puede deberse a cientos de virus distintos, la mayoría con ARN, lo que explica su gran capacidad de mutación y que no generemos inmunidad duradera.
También existen bacterias capaces de provocar infecciones respiratorias e incluso neumonías. La conclusión es clara: sin microorganismos, no hay enfermedad.
Por qué enfermamos más cuando baja la temperatura
Tal y como explican los expertos citados por Verificat, plataforma sin ánimo de lucro contra la desinformación, el frío no causa la infección, pero sí influye indirectamente el resto de elementos: primero, pasamos más tiempo en espacios cerrados, donde el aire se renueva peor; en segundo lugar, la inhalación de aire frío puede ralentizar las defensas de las vías respiratorias; además, las mucosas se resecan y pierden eficacia como primera barrera defensiva; y por último, los mecanismos de limpieza natural, como el aclaramiento mucociliar, funcionan peor con bajas temperaturas.
Estornudos, mocos y escalofríos: no siempre es un resfriado
Arroyo aclara que los cambios bruscos de temperatura pueden provocar estornudos por estimulación del nervio trigémino. Estos síntomas aparecen de forma puntual y desaparecen cuando cesa el frío, sin causar infección, salvo que el virus ya estuviera incubándose.
La idea clave
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El frío no enferma; los virus y bacterias sí; el invierno solo les pone las cosas más fáciles. Abrigarse ayuda, pero la verdadera prevención sigue siendo la misma: ventilar, mantener una buena higiene y reducir el contacto con personas infectadas. Porque el problema no es el frío, sino cómo convivimos con él.



