Las residencias de salud mental, las últimas en vacunarse: "El criterio de la Junta es aleatorio"

El temor a los brotes sigue muy presente entre los familiares de personas internas de Faisem, una fundación dependiente de la administración autonómica para la Integración social del enfermo mental. "Si se contagia uno, caen dentro uno tras otro"

Familiares de personas que viven en uno de los hogares de Faisem.
Familiares de personas que viven en uno de los hogares de Faisem. ESTEBAN

La fundación Faisem (Fundación Andaluza Para la Integración Social del Enfermo Mental) es un ente de la Junta de Andalucía con miles de personas atendidas en relación a su salud mental. En Jerez, cuentan con un hogar de una veintena de personas, una residencia con habitaciones individuales donde tienen al cargo a profesionales del ámbito sociosanitario. De media, internos de más de 45 años, hasta los casi 65 de los más mayores. Y, a diferencia de lo que ha ocurrido con otros tutelados de otras organizaciones concertadas, denuncian los familiares, "no ha llegado la vacuna más que a aquellos que les toca por su turno, con la Junta vacunando a menores de 65 con las dosis disponibles de AstraZeneca".

Jaime Galera es hermano de una persona en esas residencias de Faisem. "De grado tres de dependencia, han vacunado a cuatro personas de las 20 que hay aquí. Ha sido milagroso que no haya habido brotes". "Hacen vida, comen, tienen un salón pequeño para hacer vida social. Han estado encerrados mucho tiempo de este año, han sufrido restricciones, y no les vacunas. La exigimos".

Algunos de estas personas son fumadores empedernidos, y sufren Epoc, una consecuencia de las patologías de salud mental que sufren. Además, las familias ven con temor que al salir a la calle, como lo hacen, no cumplan en ese tiempo con todas las medidas de seguridad. Estas personas van aprendiendo a vivir en distanciamiento o sin cometer algunos errores para evitar la transmisión del covid. Por eso, las familias no entienden por qué van a ser los últimos de entre las personas que viven en residencias públicas en recibir la vacuna, cuando además, por edad, pueden ponerse las no tan escasas de AstraZeneca.

María José Sánchez es hermana de Olaya. "No vivo en Jerez, aunque tengo mucha relación con ella y con los trabajadores", señala. Por eso, "lo que no ves, lo pone tu mente. Salen a la calle a comprarse su refresco y estamos preocupados sobre dónde se acercan. Está pasando en todas las ciudades, no solo en Jerez. Ahora viene otra ola, dicen. Si se contagian, caen dentro uno tras otro. Si las residencias tienen sus vacunas, no entendemos por qué no ellos". Cristina Parra es hija de una mujer que vive en Faisem. "Tiene Epoc, es de alto riesgo", lamenta. Con épocas mejores y peores, a sus 50 años "sigue con sus citas con el neumólogo", y teme que el covid entre.

Concentración de familiares a las puertas de la residencia.
Concentración de familiares a las puertas de la residencia.   ESTEBAN

Antonio Rivera es trabajador de Faisem, que como personal es vacunado, indica que "la administración alega una cuestión de edad. Otras entidades han vacunado a toda la población. Tienen el derecho a la vacuna y nos alegramos, pero en Faisem, también. No pedimos la vacunación por capricho, aunque no tengan una edad demasiado avanzada. Es preocupante. Conviven en el recurso sin mascarilla", porque es su casa. "Han hecho un gran esfuerzo y merecen vacunarse, porque están en el grupo 1" de la estrategia de vacunación.

"La interpretación de por qué no se vacuna siendo grupo 1 es aleatoria, absolutamente, nos llama la atención además cuando somos una entidad pública", denuncia Rivera. "Cuando preguntas te das cuenta de la arbitrariedad. Primero dicen la edad, cosa que no es cierta; después dicen que es una cuestión de gran dependencia, cosa que no es cierta, corroborado con otros centros", donde sí se habría vacunado a personas que no son grandes dependientes. "Es un limbo. Son un colectivo vulnerable. Y queremos visualizar este problema que sufrimos después de muchos meses".

En estos meses, Joaquín Galera ha notado en estos meses "un cierto deterioro" desde el confinamiento. "Se ha vuelto más retraído, tiene más miedos, es reacio a salir. Con sus patologías, lo sufren mucho. A pesar de estar un poco alejado de la realidad, entiende lo que está pasando". María José lamentaba que en el confinamiento le dijera su hermana "que no la quiere. Porque no entiende que no viniéramos". Los contactos, en todo caso, se realizan a día de hoy de forma controlada entre familiares e internados. Pero hasta que no reciban la inmunización completa, el riesgo de brote seguirá presente.

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