La alergia primaveral ya no entiende de calendarios fijos y, de hecho, cada vez más personas la están sufriendo por primera vez. Esa es una de las principales advertencias que lanza Rocío Candón, especialista en Alergología del Hospital de Jerez, al explicar que el patrón de las alergias está cambiando y que los síntomas ya no se concentran solo en unas semanas muy concretas de la primavera.
“Realmente, la alergia puede afectar en cualquier época del año”, explica la especialista, que recuerda que, aunque la rinitis alérgica suele asociarse de forma automática a estos meses, también puede aparecer en otoño e invierno por la acción de los ácaros y de los hongos de la humedad en Cádiz. Según detalla, antes las alergias se situaban en periodos mucho más delimitados, pero ahora se están produciendo alteraciones claras: la primavera puede adelantarse, la polinización retrasarse o prolongarse, y hay pacientes que llegan “hasta el mes de julio con síntomas”.
En esa transformación influyen varios factores. Por un lado, el polen permanece en el ambiente y, por otro, la contaminación y el cambio climático están modificando las estaciones de polinización. Candón advierte de que “los pólenes son más alergénicos” y señala que las temperaturas hacen que las partículas sean más agresivas y que duren más tiempo suspendidas en el aire. A eso se suma el efecto de la contaminación, que actúa sobre el propio polen, haciéndolo más agresivo, y también sobre las personas, porque vuelve más sensibles las mucosas y las vías respiratorias y favorece efectos inflamatorios.
Este año, además, las lluvias están teniendo un papel muy relevante. La especialista subraya que esta primavera está claramente condicionada por ellas, ya que el campo y la vegetación han crecido mucho gracias a unas condiciones de agua que califica de “muy excepcionales” este año y también el pasado. La lluvia puede tener un efecto puntual de lavado del medioambiente y provocar una mejoría temporal, pero esa tregua dura poco. “En el momento en que esta lluvia pasa y vuelve a salir el sol, esa vegetación vuelve a florecer y los pólenes vuelven a aumentar”, resume. Y añade otro factor de riesgo: si la lluvia llega acompañada de calima, las vías respiratorias empeoran.
En la provincia de Cádiz, además, no hay un único enemigo. La variedad de plantas y árboles hace que el calendario de pólenes se encadene durante meses. Entre diciembre y enero cobra protagonismo el polen de la arizónica, que suele durar hasta febrero o marzo. Después aparece el platanero de sombra, cada vez más presente en ciudades y localidades por su uso para dar sombra. Su polinización, explica Candón, es “muy corta pero muy explosiva”, con síntomas especialmente intensos y agudos en marzo para quienes son alérgicos a este árbol. Más tarde llegan el olivo y la gramínea, que pueden extenderse prácticamente hasta julio. El resultado es que un paciente alérgico al polen en Cádiz puede empezar con síntomas en diciembre y seguir sufriéndolos en pleno verano.
La especialista también avisa de que en zonas del interior de la provincia gana relevancia otro polen, el de las salsolas, que aparece en agosto y septiembre y cuya expansión relaciona con el proceso de desertificación. Según explica, el aumento de las temperaturas va modificando el paisaje geográfico y este polen, más típico de la zona de Levante y del centro de España, está adquiriendo cada vez más peso en el sur, especialmente en áreas con muchas viñas.
Sobre cuándo acudir al médico, Candón es muy clara. Los signos de alerta son “el picor de ojos, el picor de nariz y el moqueo nasal”. Ante estos síntomas, recomienda acudir primero al médico de cabecera para iniciar un tratamiento sintomático y, después, ser remitido a Alergología para recibir un abordaje específico, por ejemplo con vacunas. Y deja tres mensajes rotundos: “no hay que automedicarse”, hay que acudir al médico de cabecera y “siempre debe haber valoración por un especialista”.
En el día a día, sus consejos pasan por reducir el tiempo en el exterior, consultar los niveles de polen en internet para planificar actividades y ventilar la casa solo diez minutos por la mañana y diez por la noche. También recomienda evitar hacer ejercicio en parques y jardines, usar mascarilla y gafas de sol, y no tender la ropa fuera, ya que los tejidos se cargan electrostáticamente y atraen el polen, que después entra en casa.
Respecto al interior del hogar, señala que más que la temperatura importa la humedad. Por eso aconseja el uso de deshumidificadores, sobre todo en pacientes alérgicos a ácaros y a hongos de la humedad. Y añade una última recomendación práctica: cambiar con frecuencia los filtros de polen del coche, especialmente en primavera, para evitar que la carga ambiental acumulada agrave los síntomas al usar el aire acondicionado.



