"La sexualidad la llevamos dentro y el Estado no debería meterse en nuestras camas"
Susana Isoletta, psicoanalista argentina con clínica y diván en el municipio de Los Palacios, está especializada en los males o enfermedades de los nuevos tiempos y es la autora del libro 'Se fue sin hacer la cama', donde critica la "patologización rápida" que se realiza en muchos casos
La llamada de Susana Isoletta tiene que ver con el clasicismo de una llamada freudiana a las esencias y un rechazo rotundo a las imposiciones del mercado: la cirugía estética, la dictadura de las redes sociales, la miopía de los nacionalismos. En sus libros y artículos esta psicoanalista de largo recorrido aboga por el sentido común y ataca ferozmente el empeño de los estados en traspasar la línea de la intimidad individual. Ha trabajado, especialmente en Barcelona y Tenerife, con pacientes de todas las edades, especialmente adolescentes, en diversos hospitales y centros de salud. Además, ha dado clases en la Escuela de Psicología de Rosario, en su país natal, y en la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona. En Se fue sin hacer la cama, su último libro, recopila artículos periodísticos en los que critica el amarillismo, la charlatanería y el sensacionalismo de determinados medios de comunicación convertidos en medios de infoxicación, como las redes sociales y toda esa publicidad milagrera que nos inunda sin permiso.
Pregunta: Recientemente ha publicado usted un libro de título inquietante para los tiempos que corren: Se fue sin hacer la cama. ¿Por qué ese título?
Respuesta: Ese título es una crítica al periodismo. Hay un asesinato y un vecino del asesino, hablando con un periodista, le dice: “Imagínese si está loco que se fue sin hacer la cama”. Irse sin hacer la cama no quiere decir psicológicamente absolutamente nada, a pesar de lo que puedan decir algunos psicólogos que sacan las cosas de quicio. Los periodistas, o muchos periodistas, creen que pueden hablar de anorexia, de bulimia, de psicopatologías… Con las ciencias exactas no se meten porque van a patinar seguro, pero ahora cualquiera, tenga o no título de periodista pero con una alcachofa, se va detrás de los familiares en un velatorio y le pregunta a un pariente: ¿cómo se siente? Es la falta de ética, de sentido de la realidad y de sentido común.
Susana Isoletta en un pasillo de su casa de Los Palacios y Villafranca, donde pasa consulta.
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MANU GARCÍA
P: Y encima crean la realidad. Me refiero a que los periodistas malos pueden incluso crear la realidad con más contundencia que los buenos.
R: Exacto. Un plato roto hace mucho más ruido que los platos que no se rompen. Lo que es inaudito es que el viernes pasado una persona cuyo nombre no voy a decir pero que ha vivido treinta años a costa de su hija se dedique a hablar de su hija y la cadena gane millonadas, es vergonzoso.
P: Ese libro tiene una parte de crítica a los medios de comunicación y una parte de crítica a los psicólogos.
R: Bueno, no podemos generalizar. Yo soy de una línea muy concreta, la del psicoanálisis. El tema es que muchas veces se hace una patologización rápida donde tú eres anoréxica, tú eres bulímica, tú tienes no sé qué…
P: Una etiqueta.
R: Exacto. Actualmente etiqueta todo el mundo: los profesores, los padres… Y lo dicen de una forma… Es como si dices que tienes diabetes y te identificas y te defines solo por eso. En vez de ser Álvaro, eres un diabético. Cuando en realidad eres Álvaro que, además, tienes muchísimas características al margen de ser diabético.
P: Usted tiene una larga trayectoria como psicoanalista, aunque en el cartel de la puerta de su casa he visto el cartel de psicóloga. ¿Qué diferencia fundamental hay?
R: Yo soy psicóloga especialista en psicología clínica. Esa especialidad la obtuve en España pero la carrera de psicología la hice en Rosario, en Argentina. La psicología es una carrera universitaria con sus especialidades, y el psicoanálisis es una especialidad teórica que pueden realizar los psicólogos y los psiquiatras, que no se imparte en la universidad lamentablemente, sino en instituciones privadas. Yo soy psicoanalista. Es una orientación teórica. La universidad española es mayoritariamente conductual por la influencia americana, pero hace más de cincuenta años que vinimos los argentinos, después del exilio, y ocupamos Madrid y Barcelona con nuestra línea psicoanalista.
"Hoy existe una obsesión por etiquetar y todo el mundo etiqueta a todo el mundo, desde los padres a los profesores"
P: Y usted además se define como freudiana.
R: Claro, porque dentro del psicoanálisis hay distintas asociaciones. La línea freudiana es la más clásica, y luego está la institución del psicoanálisis que es universal, y luego está la línea lacaniana, de influencia francesa, porque la continuidad de la obra de Freud la hizo su hija, Ana Freud. Los lacanianos están en diversos centros e institutos… Para mí una cosa importante es que Freud fue un pensador perseguido por ser judío e Hitler quemó sus obras, y una de las cuestiones fundamentales es que los psicoanalistas tendrían que haber intentado entrar en la universidad para hacer una enseñanza más reglada, porque para ser psicoanalista no solo hay que estudiar teoría sino que hay que pasar por esto que es el diván. Primero tienes que ser paciente. Como psicoanalista no puedo ayudar a una persona si el conflicto que tiene es un conflicto que yo no he elaborado. Por ejemplo, una persona que tenga una fobia, si yo tengo una determinada fobia y eso no lo he podido elaborar… Para los psicoanalistas todos tenemos conflictos, o sea, la realidad misma. Habitualmente la gente que dice “yo no tengo conflictos” es la gente que, cuando aparece el conflicto, enloquece, porque se trata de esas personas que guardan todos los problemas debajo de la alfombra. Vivir implica disfrutar pero también implica un malestar, preocupaciones, tristezas…
Susana Isoletta, durante la entrevista con lavozdelsur.es.
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MANU GARCÍA
P: ¿Está pagando el psicoanálisis el precio por no haber entrado en la universidad?
R: Lo está pagando en el sentido de que, por ejemplo dentro de la línea lacaniana, hay montones de asociaciones que representan las distintas divergencias que hay en la izquierda…
P: Tan dividida como la izquierda.
R: Exactamente.
P: Hay una lucha entre los psicoanalistas lacanianos y los otros.
R: Ha habido diferentes momentos. En este momento hay una cierta tranquilidad. Muchas analistas, entre los cuales me encuentro, no pertenecemos a ninguna asociación. Es fundamental haberte analizado incluso con gente de corrientes diferentes de la tuya. Hay que saber psicología, psicopatología, psiquiatría…
P: Cuando la gente oye hablar del psicoanálisis todavía piensa en Woody Allen y en la imagen que nos ha trasladado el cine…
R: Claro, el diván. El psicoanálisis es una teoría acerca del sujeto, una teoría psíquica del sujeto y de la relación del sujeto con la sociedad. Yo he trabajado con antropólogos, por ejemplo en el libro que escribí sobre anorexia. No es una teoría cerrada, pero lo que se ha vendido es una clínica con un diván. Cuando digo que soy freudiana es que soy más fiel a la teoría original de Freud que a las técnicas clínicas que han venido después.
Susana Isoletta, en una foto de 1990 recibiendo el Premio de Investigación de la Generalitat de Catalunya.
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MANU GARCÍA
P: Usted consiguió un premio por un trabajo de investigación titulado “El tabú de la virginidad”, y aquello también escandalizó.
R: Lo premió la Generalitat, aquí está la foto. Yo estaba dando clases en la Universidad de Barcelona, un seminario de psicoanálisis que impartí durante una década, y hay un texto de Freud que se llama “El tabú de la virginidad”, donde él explica cómo ciertas tribus primitivas requieren que la mujer sea desflorada por un hombre distinto del marido. Entonces empecé a hacer una investigación con los estudiantes, pensando que no la querían vírgenes, y llegamos a la conclusión de que no las querían vírgenes pero que tuvieran la menor cantidad de experiencias sexuales posibles. Esto generó mucha polémica, salió el artículo en Interview, me llamaron de Argentina y me hice famosa… Hace más de treinta años nos imaginábamos que los jóvenes eran más abiertos y proyectábamos nuestras propias ideas en los jóvenes y sin embargo ellos criticaban a la generación de los setenta como unos desmadrados.
P: Pero algo de eso también hay en la nueva generación de ahora, en los veinteañeros de ahora, toda esa tendencia al conservadurismo y a la tradición de jóvenes que no se ve en cuarentones…
R: Constantemente. Por un lado hay una exhibición física en las redes sociales, un vocerío de yo soy progre, tengo libertad sexual, no sé qué… y, al mismo tiempo, de mojigatería. Lo que se exhibe no tiene nada que ver con la realidad. En todo momento social, el tema del cuerpo y el discurso acerca de la sexualidad van variando. El estado, ya sea capitalista o comunista o como sea, no debe meterse con el cuerpo y la sexualidad de la gente.
"Llegamos a imaginar que los jóvenes eran más abiertos y proyectábamos nuestras propias ideas en ellos, y sin embargo ellos criticaban a la generación de los setenta como unos desmadrados"
P: Especialmente de la mujer, ¿no? Lo digo porque en su libro el cuerpo de la mujer, su sexualidad y el uso que se hace de la imagen de la mujer tienen una relevancia capital. Y eso mismo podríamos decir de sus artículos publicados en lavozdelsur.es…
R: Claro. El poder trata siempre de meterse en nuestras camas. Trata de manipular la sexualidad y los vínculos, ya sean heteros u homosexuales. A pesar de que hoy hay una lectura aparentemente liberal, es mentira. A una persona no hay que enseñarle prácticas sexuales. La sexualidad la llevamos dentro. Nadie nos enseña a respirar. En el momento en que el Estado quiere regir eso, decir que esto es lo bueno y esto lo malo… No hay que meterse ni para bien ni para mal. Una cosa es que tú enseñes a evitar un embarazo no deseado o sobre cómo son los aparatos genitales masculino y femenino y otra cosa muy diferente es que tú le des una clase de masturbación a un niño, que se ha hecho, por ejemplo en Cataluña. O concursos de travestismo en niños. El cuerpo es sagrado, y eso no quiere decir que le pongamos una estatua tapándole los genitales, sino que es sagrado en la medida de que es tu intimidad y ahí hay que construir un círculo donde mi cuerpo y yo conformamos mi identidad. Nadie se tiene que meter con mi cuerpo a menos que yo lo permita y nadie se tiene que meter con mi sexualidad.
P: También le ha interesado a usted desde hace mucho el nacimiento de nuevas enfermedades o males más allá de la bulimia o la anorexia, especialmente en función de la construcción de la imagen en las más jóvenes.
R: Claro, las jóvenes son las más influenciables porque están construyendo su identidad…
P: Y a veces da la sensación de que tardan mucho en terminar de construirla. No hablamos solo de chicas de 15 años, sino de 35 o de 55…
R: En la actualidad, a la gente que hace cine de época le cuesta muchísimo encontrar ya a actrices que no estén operadas. Es increíble. Ahora hay un boom de la estética de cirugía.
P: Y eso también es enfermizo.
R: Absolutamente. Y el tema es que no aceptas tu modelo, porque tú puedes modificártelo con maquillaje que es temporal, pero si vas a un cirujano…, además de los riesgos que corres, porque encima, por ahorrar, vas al barato.... Quiero decir que, además de esos riesgos, es como construir una Barbie.
Isoletta, en un momento de la entrevista con lavozdelsur.es
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MANU GARCÍA
P: Hablando de construir, estamos construidos de palabras al fin y al cabo, ¿no cree?
R: Exacto.
P: Es que hasta esas imágenes construidas se pueden traducir con palabras: lo que se dice de nosotros…
R: Cuanta más importancia tiene para ti la imagen que se supone que proyectas al exterior o lo que crees que pueden decir de ti, menos te escuchas a ti. Tienes que estar a la moda que va cambiando con el tiempo. Recuerda que Cleopatra era famosa por los afeites y los baños que se daba de leche… El tema de la mujer y el cuerpo ha existido desde siempre. Incluso los hombres, con las máscaras de guerra, para ahuyentar… Es un lenguaje. Cómo se pintan, o las plumas. Es un lenguaje para el enemigo.
"Cuanta más importancia tiene para ti la imagen que crees que pueden tener de ti menos te escuchas a ti"
P: Su diagnóstico para el futuro, o para este presente inmediato, ¿es que la sociedad debería preocuparse por curarse más lo que tiene dentro?
R: Claro que sí.
P: ¿Pero lo hace?
R: Por una parte ha habido una influencia en los últimos años interesante de corrientes de meditación, de yoga, muy valioso… porque supone volver adentro. Aunque al Kamasutra se le quiera dar una lectura más bien perversa, cuando el oriental te hace un masaje utiliza su propio cuerpo. Los dioses de ellos son dioses absolutamente sexualizados. Como no estaba catalogado como culpógeno el cuerpo, no era un objeto prohibido que hubiera que rechazar, desde los años 70 hubo toda una corriente de gente yendo a buscar respuestas en Oriente. Rezar es una manera de meditar.
P: Por terminar con una pregunta más personal: ¿cómo termina en Sevilla una argentina que ha transitado primero por las Islas Canarias y que luego pasa tanto tiempo en Barcelona?
R: Yo soy nieta de murcianos de Cartagena por parte de mi madre, y cuando viene por primera vez a Andalucía hace muchos años ya me quedé enamorada de esto y con deseos de volver. Cuando conocí Andalucía, era la imagen que tenía de España. Influyó también el catalanismo salvaje que me terminó de dar razones para salir de allí, aunque me dé pena, porque sigo teniendo grandes amigos en Cataluña. Con Barcelona me ha pasado algo parecido a lo que me pasó con Argentina, es decir, que el país que yo quería o la ciudad que yo quería ya no existen más. La Andalucía que yo quiero existe todavía.
P: Esperemos que por mucho tiempo.
R: Sí, sí, esperemos que no les dé ningún ataque peronista como les ha dado a los catalanes. En Cataluña sigue habiendo un deseo de afrancesarse, de parecerse más a Francia que al resto de España, y eso le da un punto de esnobismo, y es una pena, porque hace cuarenta años, Barcelona era una ciudad maravillosa, y ahora es un poblachón manga por hombro lleno de obras y con un catalanismo que en realidad es una cosa muy pueblerina.
Una llamada a las esencias
La llamada de Susana Isoletta tiene que ver con el clasicismo de una llamada freudiana a las esencias y un rechazo rotundo a las imposiciones del mercado: la cirugía estética, la dictadura de las redes sociales, la miopía de los nacionalismos. En sus libros y artículos esta psicoanalista de largo recorrido aboga por el sentido común y ataca ferozmente el empeño de los estados en traspasar la línea de la intimidad individual. Ha trabajado, especialmente en Barcelona y Tenerife, con pacientes de todas las edades, especialmente adolescentes, en diversos hospitales y centros de salud. Además, ha dado clases en la Escuela de Psicología de Rosario, en su país natal, y en la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona. En Se fue sin hacer la cama, su último libro, recopila artículos periodísticos en los que critica el amarillismo, la charlatanería y el sensacionalismo de determinados medios de comunicación convertidos en medios de infoxicación, como las redes sociales y toda esa publicidad milagrera que nos inunda sin permiso.
Pregunta: Recientemente ha publicado usted un libro de título inquietante para los tiempos que corren: Se fue sin hacer la cama. ¿Por qué ese título?
Respuesta: Ese título es una crítica al periodismo. Hay un asesinato y un vecino del asesino, hablando con un periodista, le dice: “Imagínese si está loco que se fue sin hacer la cama”. Irse sin hacer la cama no quiere decir psicológicamente absolutamente nada, a pesar de lo que puedan decir algunos psicólogos que sacan las cosas de quicio. Los periodistas, o muchos periodistas, creen que pueden hablar de anorexia, de bulimia, de psicopatologías… Con las ciencias exactas no se meten porque van a patinar seguro, pero ahora cualquiera, tenga o no título de periodista pero con una alcachofa, se va detrás de los familiares en un velatorio y le pregunta a un pariente: ¿cómo se siente? Es la falta de ética, de sentido de la realidad y de sentido común.
Susana Isoletta en un pasillo de su casa de Los Palacios y Villafranca, donde pasa consulta.
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MANU GARCÍA
P: Y encima crean la realidad. Me refiero a que los periodistas malos pueden incluso crear la realidad con más contundencia que los buenos.
R: Exacto. Un plato roto hace mucho más ruido que los platos que no se rompen. Lo que es inaudito es que el viernes pasado una persona cuyo nombre no voy a decir pero que ha vivido treinta años a costa de su hija se dedique a hablar de su hija y la cadena gane millonadas, es vergonzoso.
P: Ese libro tiene una parte de crítica a los medios de comunicación y una parte de crítica a los psicólogos.
R: Bueno, no podemos generalizar. Yo soy de una línea muy concreta, la del psicoanálisis. El tema es que muchas veces se hace una patologización rápida donde tú eres anoréxica, tú eres bulímica, tú tienes no sé qué…
P: Una etiqueta.
R: Exacto. Actualmente etiqueta todo el mundo: los profesores, los padres… Y lo dicen de una forma… Es como si dices que tienes diabetes y te identificas y te defines solo por eso. En vez de ser Álvaro, eres un diabético. Cuando en realidad eres Álvaro que, además, tienes muchísimas características al margen de ser diabético.
P: Usted tiene una larga trayectoria como psicoanalista, aunque en el cartel de la puerta de su casa he visto el cartel de psicóloga. ¿Qué diferencia fundamental hay?
R: Yo soy psicóloga especialista en psicología clínica. Esa especialidad la obtuve en España pero la carrera de psicología la hice en Rosario, en Argentina. La psicología es una carrera universitaria con sus especialidades, y el psicoanálisis es una especialidad teórica que pueden realizar los psicólogos y los psiquiatras, que no se imparte en la universidad lamentablemente, sino en instituciones privadas. Yo soy psicoanalista. Es una orientación teórica. La universidad española es mayoritariamente conductual por la influencia americana, pero hace más de cincuenta años que vinimos los argentinos, después del exilio, y ocupamos Madrid y Barcelona con nuestra línea psicoanalista.
"Hoy existe una obsesión por etiquetar y todo el mundo etiqueta a todo el mundo, desde los padres a los profesores"
P: Y usted además se define como freudiana.
R: Claro, porque dentro del psicoanálisis hay distintas asociaciones. La línea freudiana es la más clásica, y luego está la institución del psicoanálisis que es universal, y luego está la línea lacaniana, de influencia francesa, porque la continuidad de la obra de Freud la hizo su hija, Ana Freud. Los lacanianos están en diversos centros e institutos… Para mí una cosa importante es que Freud fue un pensador perseguido por ser judío e Hitler quemó sus obras, y una de las cuestiones fundamentales es que los psicoanalistas tendrían que haber intentado entrar en la universidad para hacer una enseñanza más reglada, porque para ser psicoanalista no solo hay que estudiar teoría sino que hay que pasar por esto que es el diván. Primero tienes que ser paciente. Como psicoanalista no puedo ayudar a una persona si el conflicto que tiene es un conflicto que yo no he elaborado. Por ejemplo, una persona que tenga una fobia, si yo tengo una determinada fobia y eso no lo he podido elaborar… Para los psicoanalistas todos tenemos conflictos, o sea, la realidad misma. Habitualmente la gente que dice “yo no tengo conflictos” es la gente que, cuando aparece el conflicto, enloquece, porque se trata de esas personas que guardan todos los problemas debajo de la alfombra. Vivir implica disfrutar pero también implica un malestar, preocupaciones, tristezas…
Susana Isoletta, durante la entrevista con lavozdelsur.es.
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MANU GARCÍA
P: ¿Está pagando el psicoanálisis el precio por no haber entrado en la universidad?
R: Lo está pagando en el sentido de que, por ejemplo dentro de la línea lacaniana, hay montones de asociaciones que representan las distintas divergencias que hay en la izquierda…
P: Tan dividida como la izquierda.
R: Exactamente.
P: Hay una lucha entre los psicoanalistas lacanianos y los otros.
R: Ha habido diferentes momentos. En este momento hay una cierta tranquilidad. Muchas analistas, entre los cuales me encuentro, no pertenecemos a ninguna asociación. Es fundamental haberte analizado incluso con gente de corrientes diferentes de la tuya. Hay que saber psicología, psicopatología, psiquiatría…
P: Cuando la gente oye hablar del psicoanálisis todavía piensa en Woody Allen y en la imagen que nos ha trasladado el cine…
R: Claro, el diván. El psicoanálisis es una teoría acerca del sujeto, una teoría psíquica del sujeto y de la relación del sujeto con la sociedad. Yo he trabajado con antropólogos, por ejemplo en el libro que escribí sobre anorexia. No es una teoría cerrada, pero lo que se ha vendido es una clínica con un diván. Cuando digo que soy freudiana es que soy más fiel a la teoría original de Freud que a las técnicas clínicas que han venido después.
Susana Isoletta, en una foto de 1990 recibiendo el Premio de Investigación de la Generalitat de Catalunya.
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MANU GARCÍA
P: Usted consiguió un premio por un trabajo de investigación titulado “El tabú de la virginidad”, y aquello también escandalizó.
R: Lo premió la Generalitat, aquí está la foto. Yo estaba dando clases en la Universidad de Barcelona, un seminario de psicoanálisis que impartí durante una década, y hay un texto de Freud que se llama “El tabú de la virginidad”, donde él explica cómo ciertas tribus primitivas requieren que la mujer sea desflorada por un hombre distinto del marido. Entonces empecé a hacer una investigación con los estudiantes, pensando que no la querían vírgenes, y llegamos a la conclusión de que no las querían vírgenes pero que tuvieran la menor cantidad de experiencias sexuales posibles. Esto generó mucha polémica, salió el artículo en Interview, me llamaron de Argentina y me hice famosa… Hace más de treinta años nos imaginábamos que los jóvenes eran más abiertos y proyectábamos nuestras propias ideas en los jóvenes y sin embargo ellos criticaban a la generación de los setenta como unos desmadrados.
P: Pero algo de eso también hay en la nueva generación de ahora, en los veinteañeros de ahora, toda esa tendencia al conservadurismo y a la tradición de jóvenes que no se ve en cuarentones…
R: Constantemente. Por un lado hay una exhibición física en las redes sociales, un vocerío de yo soy progre, tengo libertad sexual, no sé qué… y, al mismo tiempo, de mojigatería. Lo que se exhibe no tiene nada que ver con la realidad. En todo momento social, el tema del cuerpo y el discurso acerca de la sexualidad van variando. El estado, ya sea capitalista o comunista o como sea, no debe meterse con el cuerpo y la sexualidad de la gente.
"Llegamos a imaginar que los jóvenes eran más abiertos y proyectábamos nuestras propias ideas en ellos, y sin embargo ellos criticaban a la generación de los setenta como unos desmadrados"
P: Especialmente de la mujer, ¿no? Lo digo porque en su libro el cuerpo de la mujer, su sexualidad y el uso que se hace de la imagen de la mujer tienen una relevancia capital. Y eso mismo podríamos decir de sus artículos publicados en lavozdelsur.es…
R: Claro. El poder trata siempre de meterse en nuestras camas. Trata de manipular la sexualidad y los vínculos, ya sean heteros u homosexuales. A pesar de que hoy hay una lectura aparentemente liberal, es mentira. A una persona no hay que enseñarle prácticas sexuales. La sexualidad la llevamos dentro. Nadie nos enseña a respirar. En el momento en que el Estado quiere regir eso, decir que esto es lo bueno y esto lo malo… No hay que meterse ni para bien ni para mal. Una cosa es que tú enseñes a evitar un embarazo no deseado o sobre cómo son los aparatos genitales masculino y femenino y otra cosa muy diferente es que tú le des una clase de masturbación a un niño, que se ha hecho, por ejemplo en Cataluña. O concursos de travestismo en niños. El cuerpo es sagrado, y eso no quiere decir que le pongamos una estatua tapándole los genitales, sino que es sagrado en la medida de que es tu intimidad y ahí hay que construir un círculo donde mi cuerpo y yo conformamos mi identidad. Nadie se tiene que meter con mi cuerpo a menos que yo lo permita y nadie se tiene que meter con mi sexualidad.
P: También le ha interesado a usted desde hace mucho el nacimiento de nuevas enfermedades o males más allá de la bulimia o la anorexia, especialmente en función de la construcción de la imagen en las más jóvenes.
R: Claro, las jóvenes son las más influenciables porque están construyendo su identidad…
P: Y a veces da la sensación de que tardan mucho en terminar de construirla. No hablamos solo de chicas de 15 años, sino de 35 o de 55…
R: En la actualidad, a la gente que hace cine de época le cuesta muchísimo encontrar ya a actrices que no estén operadas. Es increíble. Ahora hay un boom de la estética de cirugía.
P: Y eso también es enfermizo.
R: Absolutamente. Y el tema es que no aceptas tu modelo, porque tú puedes modificártelo con maquillaje que es temporal, pero si vas a un cirujano…, además de los riesgos que corres, porque encima, por ahorrar, vas al barato.... Quiero decir que, además de esos riesgos, es como construir una Barbie.
Isoletta, en un momento de la entrevista con lavozdelsur.es
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MANU GARCÍA
P: Hablando de construir, estamos construidos de palabras al fin y al cabo, ¿no cree?
R: Exacto.
P: Es que hasta esas imágenes construidas se pueden traducir con palabras: lo que se dice de nosotros…
R: Cuanta más importancia tiene para ti la imagen que se supone que proyectas al exterior o lo que crees que pueden decir de ti, menos te escuchas a ti. Tienes que estar a la moda que va cambiando con el tiempo. Recuerda que Cleopatra era famosa por los afeites y los baños que se daba de leche… El tema de la mujer y el cuerpo ha existido desde siempre. Incluso los hombres, con las máscaras de guerra, para ahuyentar… Es un lenguaje. Cómo se pintan, o las plumas. Es un lenguaje para el enemigo.
"Cuanta más importancia tiene para ti la imagen que crees que pueden tener de ti menos te escuchas a ti"
P: Su diagnóstico para el futuro, o para este presente inmediato, ¿es que la sociedad debería preocuparse por curarse más lo que tiene dentro?
R: Claro que sí.
P: ¿Pero lo hace?
R: Por una parte ha habido una influencia en los últimos años interesante de corrientes de meditación, de yoga, muy valioso… porque supone volver adentro. Aunque al Kamasutra se le quiera dar una lectura más bien perversa, cuando el oriental te hace un masaje utiliza su propio cuerpo. Los dioses de ellos son dioses absolutamente sexualizados. Como no estaba catalogado como culpógeno el cuerpo, no era un objeto prohibido que hubiera que rechazar, desde los años 70 hubo toda una corriente de gente yendo a buscar respuestas en Oriente. Rezar es una manera de meditar.
P: Por terminar con una pregunta más personal: ¿cómo termina en Sevilla una argentina que ha transitado primero por las Islas Canarias y que luego pasa tanto tiempo en Barcelona?
R: Yo soy nieta de murcianos de Cartagena por parte de mi madre, y cuando viene por primera vez a Andalucía hace muchos años ya me quedé enamorada de esto y con deseos de volver. Cuando conocí Andalucía, era la imagen que tenía de España. Influyó también el catalanismo salvaje que me terminó de dar razones para salir de allí, aunque me dé pena, porque sigo teniendo grandes amigos en Cataluña. Con Barcelona me ha pasado algo parecido a lo que me pasó con Argentina, es decir, que el país que yo quería o la ciudad que yo quería ya no existen más. La Andalucía que yo quiero existe todavía.
P: Esperemos que por mucho tiempo.
R: Sí, sí, esperemos que no les dé ningún ataque peronista como les ha dado a los catalanes. En Cataluña sigue habiendo un deseo de afrancesarse, de parecerse más a Francia que al resto de España, y eso le da un punto de esnobismo, y es una pena, porque hace cuarenta años, Barcelona era una ciudad maravillosa, y ahora es un poblachón manga por hombro lleno de obras y con un catalanismo que en realidad es una cosa muy pueblerina.
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