Tomar café a diario puede tener consecuencias que van mucho más allá de mantenerse despierto. Una investigación científica ha descubierto que consumir entre tres y cinco tazas al día modifica la composición de las bacterias del intestino y se relaciona con cambios en determinados indicadores del bienestar psicológico. Y hay un detalle especialmente llamativo: buena parte de estos efectos también se observaron con el café descafeinado.
El estudio, desarrollado por investigadores de APC Microbiome Ireland, de la University College Cork (Irlanda), y publicado en la revista científica Nature Communications, analizó cómo esta bebida influye en el llamado eje intestino-cerebro, el sistema de comunicación que conecta la microbiota intestinal con diferentes funciones del organismo.
Para ello, los científicos estudiaron a 62 adultos sanos de entre 30 y 50 años, divididos en dos grupos: 31 consumidores habituales de café y otros 31 que no tomaban esta bebida.
Dos semanas sin café para comprobar qué ocurre en el intestino
El experimento comenzó con una prueba de abstinencia. Los participantes acostumbrados al café, que consumían una media de 304,78 miligramos de cafeína diarios, dejaron de tomarlo durante 14 días. Los que no bebían café ingerían, por otras vías, una media de 67,12 miligramos de cafeína.
Durante los primeros días sin café aparecieron síntomas como somnolencia y dolores de cabeza, aunque disminuyeron significativamente a partir del cuarto día. Los investigadores también observaron un descenso de la presión arterial tras las dos semanas de abstinencia.
Finalizado ese periodo, los consumidores habituales fueron distribuidos aleatoriamente en dos grupos. Durante 21 días, 16 personas recibieron café con cafeína y otras 15, descafeinado, sin conocer qué variedad estaban tomando.
La pauta consistía en cuatro sobres diarios de Nescafé Classic, preparados con agua, leche y azúcar según las preferencias de cada participante.
Las bacterias que cambian cuando bebemos café
Los análisis iniciales revelaron diferencias entre quienes bebían café habitualmente y quienes nunca lo consumían. Los primeros presentaban una mayor presencia de bacterias de los géneros Eggerthella y Cryptobacterium, además de menores concentraciones de dos compuestos relacionados con el funcionamiento del organismo y el cerebro: el ácido indol-3-propiónico y el neurotransmisor GABA.
Tras dos semanas sin café, algunas de estas diferencias bacterianas se redujeron. Sin embargo, cuando los participantes volvieron a consumirlo, sus perfiles microbianos experimentaron nuevos cambios.
Según recoge la investigación, la reintroducción de la bebida "provocó cambios agudos en el microbioma, independientes de la cafeína".
Esto significa que otros componentes del café, como los polifenoles, podrían desempeñar un papel importante en su interacción con las bacterias intestinales. Pese a estas modificaciones, la diversidad bacteriana global permaneció estable.
También se detectaron diferencias en determinados marcadores inflamatorios. Los consumidores habituales presentaban concentraciones más bajas de proteína C reactiva, mientras que durante la abstinencia aumentaron tanto este indicador como el TNFα, otra molécula vinculada a la inflamación.
Café con cafeína o descafeinado: efectos distintos sobre el estrés y la memoria
Uno de los resultados más interesantes apareció al analizar el estado emocional y las capacidades cognitivas de los participantes.
Los bebedores habituales mostraban inicialmente mayores puntuaciones en impulsividad y reactividad emocional, indicadores que disminuyeron al dejar de consumir café.
Cuando retomaron la bebida, tanto quienes tomaban café convencional como quienes recibían descafeinado experimentaron reducciones en el estrés percibido, los síntomas depresivos autodeclarados y la impulsividad.
No obstante, aparecieron diferencias según la variedad consumida.
En el grupo que tomó café con cafeína se observaron mejoras en la ansiedad y el malestar psicológico, además de determinados indicadores de atención y vigilancia.
Por su parte, el descafeinado se asoció con mejoras en la memoria, la calidad del sueño y la actividad física. En las pruebas cognitivas se evaluaron capacidades relacionadas con la localización y el recuerdo de listas de palabras.
Estos resultados llevaron a los investigadores a plantear que ambas versiones de la bebida "podrían tener beneficios psicológicos y fisiológicos distintos".
Lo que dice el investigador responsable del estudio
El profesor John Cryan, responsable principal del proyecto, destacó que los posibles efectos del café no deben atribuirse exclusivamente a su componente estimulante.
"El café es más que cafeína: es un factor dietético complejo que interactúa con nuestros microbios intestinales, nuestro metabolismo e incluso nuestro bienestar emocional", explicó el investigador.
Cryan también subrayó el interés de estudiar las diferencias entre las dos variedades: "Nuestros hallazgos sugieren que el café, ya sea con cafeína o descafeinado, puede influir en la salud de maneras distintas, pero complementarias".
El trabajo, financiado por el Institute for Scientific Information on Coffee, ofrece nuevas pistas sobre la relación entre la alimentación, las bacterias intestinales y el funcionamiento del cerebro.
Sin embargo, los propios autores reconocen las limitaciones de la investigación. La muestra fue relativamente pequeña, por lo que el estudio podría no haber tenido suficiente capacidad para detectar efectos pequeños o moderados. Tampoco permitió analizar posibles diferencias según el origen étnico de los participantes.
Por tanto, los resultados no demuestran que beber varias tazas de café al día mejore necesariamente la salud mental o digestiva de cualquier persona, ni establecen que sea recomendable aumentar su consumo. Lo que sí muestran es que el café puede influir en la microbiota intestinal a través de mecanismos que no dependen únicamente de la cafeína.
Tomar café a diario puede tener consecuencias que van mucho más allá de mantenerse despierto. Una investigación científica ha descubierto que consumir entre tres y cinco tazas al día modifica la composición de las bacterias del intestino y se relaciona con cambios en determinados indicadores del bienestar psicológico. Y hay un detalle especialmente llamativo: buena parte de estos efectos también se observaron con el café descafeinado.
El estudio, desarrollado por investigadores de APC Microbiome Ireland, de la University College Cork (Irlanda), y publicado en la revista científica Nature Communications, analizó cómo esta bebida influye en el llamado eje intestino-cerebro, el sistema de comunicación que conecta la microbiota intestinal con diferentes funciones del organismo.
Para ello, los científicos estudiaron a 62 adultos sanos de entre 30 y 50 años, divididos en dos grupos: 31 consumidores habituales de café y otros 31 que no tomaban esta bebida.
Dos semanas sin café para comprobar qué ocurre en el intestino
El experimento comenzó con una prueba de abstinencia. Los participantes acostumbrados al café, que consumían una media de 304,78 miligramos de cafeína diarios, dejaron de tomarlo durante 14 días. Los que no bebían café ingerían, por otras vías, una media de 67,12 miligramos de cafeína.
Durante los primeros días sin café aparecieron síntomas como somnolencia y dolores de cabeza, aunque disminuyeron significativamente a partir del cuarto día. Los investigadores también observaron un descenso de la presión arterial tras las dos semanas de abstinencia.
Finalizado ese periodo, los consumidores habituales fueron distribuidos aleatoriamente en dos grupos. Durante 21 días, 16 personas recibieron café con cafeína y otras 15, descafeinado, sin conocer qué variedad estaban tomando.
La pauta consistía en cuatro sobres diarios de Nescafé Classic, preparados con agua, leche y azúcar según las preferencias de cada participante.
Las bacterias que cambian cuando bebemos café
Los análisis iniciales revelaron diferencias entre quienes bebían café habitualmente y quienes nunca lo consumían. Los primeros presentaban una mayor presencia de bacterias de los géneros Eggerthella y Cryptobacterium, además de menores concentraciones de dos compuestos relacionados con el funcionamiento del organismo y el cerebro: el ácido indol-3-propiónico y el neurotransmisor GABA.
Tras dos semanas sin café, algunas de estas diferencias bacterianas se redujeron. Sin embargo, cuando los participantes volvieron a consumirlo, sus perfiles microbianos experimentaron nuevos cambios.
Según recoge la investigación, la reintroducción de la bebida "provocó cambios agudos en el microbioma, independientes de la cafeína".
Esto significa que otros componentes del café, como los polifenoles, podrían desempeñar un papel importante en su interacción con las bacterias intestinales. Pese a estas modificaciones, la diversidad bacteriana global permaneció estable.
También se detectaron diferencias en determinados marcadores inflamatorios. Los consumidores habituales presentaban concentraciones más bajas de proteína C reactiva, mientras que durante la abstinencia aumentaron tanto este indicador como el TNFα, otra molécula vinculada a la inflamación.
Café con cafeína o descafeinado: efectos distintos sobre el estrés y la memoria
Uno de los resultados más interesantes apareció al analizar el estado emocional y las capacidades cognitivas de los participantes.
Los bebedores habituales mostraban inicialmente mayores puntuaciones en impulsividad y reactividad emocional, indicadores que disminuyeron al dejar de consumir café.
Cuando retomaron la bebida, tanto quienes tomaban café convencional como quienes recibían descafeinado experimentaron reducciones en el estrés percibido, los síntomas depresivos autodeclarados y la impulsividad.
No obstante, aparecieron diferencias según la variedad consumida.
En el grupo que tomó café con cafeína se observaron mejoras en la ansiedad y el malestar psicológico, además de determinados indicadores de atención y vigilancia.
Por su parte, el descafeinado se asoció con mejoras en la memoria, la calidad del sueño y la actividad física. En las pruebas cognitivas se evaluaron capacidades relacionadas con la localización y el recuerdo de listas de palabras.
Estos resultados llevaron a los investigadores a plantear que ambas versiones de la bebida "podrían tener beneficios psicológicos y fisiológicos distintos".
Lo que dice el investigador responsable del estudio
El profesor John Cryan, responsable principal del proyecto, destacó que los posibles efectos del café no deben atribuirse exclusivamente a su componente estimulante.
"El café es más que cafeína: es un factor dietético complejo que interactúa con nuestros microbios intestinales, nuestro metabolismo e incluso nuestro bienestar emocional", explicó el investigador.
Cryan también subrayó el interés de estudiar las diferencias entre las dos variedades: "Nuestros hallazgos sugieren que el café, ya sea con cafeína o descafeinado, puede influir en la salud de maneras distintas, pero complementarias".
El trabajo, financiado por el Institute for Scientific Information on Coffee, ofrece nuevas pistas sobre la relación entre la alimentación, las bacterias intestinales y el funcionamiento del cerebro.
Sin embargo, los propios autores reconocen las limitaciones de la investigación. La muestra fue relativamente pequeña, por lo que el estudio podría no haber tenido suficiente capacidad para detectar efectos pequeños o moderados. Tampoco permitió analizar posibles diferencias según el origen étnico de los participantes.
Por tanto, los resultados no demuestran que beber varias tazas de café al día mejore necesariamente la salud mental o digestiva de cualquier persona, ni establecen que sea recomendable aumentar su consumo. Lo que sí muestran es que el café puede influir en la microbiota intestinal a través de mecanismos que no dependen únicamente de la cafeína.
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