Alfonso estuvo 14 horas aislado en el hospital San Carlos de San Fernando: “Pasamos un sábado que no se lo deseo a nadie"

El isleño, diabético, enfermo de Alzheimer y contagiado de covid en el brote de la residencia Dolores Castañeda, estuvo esperando a que la ambulancia le trasladara a su domicilio hasta la 1:30 horas. Su familia denuncia la desatención total, "llegó todo meado"

Ambulancia de emergencias.
Ambulancia de emergencias.

Alfonso Casal Llerena, más conocido en La Isla como El Popo ha sufrido las consecuencias de la saturación en el hospital San Carlos de San Fernando. A sus 80 años, el que fue chófer de tranvía presenta Alzheimer avanzado, habla muy poco y no es capaz de comunicarse. Además, tiene un absceso en región dorsal derecho que le causó molestias el pasado 9 de enero. A las 8:00 horas del sábado su familia solicitó por teléfono a la empresa pública de Emergencias Sanitarias (EPES) atención primaria.

Ni su mujer ni sus hijos podían llevarlo, todos estaban confinados con él al haber dado positivo en la PCR a la que se sometió tras conocerse el brote de la residencia de Dolores Castañeda donde solía ir. “Tenemos que estar aislados hasta que no nos hagan el martes las pruebas”, dice Soledad Casal, de 45 años, una de las hijas del enfermo que asegura que al estar contagiado el hospital se negó a enviar a enfermeros a su casa. “La persona que nos atiende telefónicamente nos dice que van a enviar una ambulancia para trasladarlo y asistirlo”, explica la nieta de Alfonso.

Y así ocurrió. A las 11:15, el isleño entró por la puerta del hospital, lo atendieron en 22 minutos y a las 11:37 ya estaba fuera. “No le hicieron absolutamente nada, según el informe médico necesita continuar con terapia antibiótica y curas locales de atención primaria”, comenta la nieta. Pero en lugar de volver a llevarle a su casa, a Alfonso lo metieron en una habitación aislado y solo. “Nosotros no lo dejamos solo, mi madre está las 24 horas del día con él”, asegura la familia que desde recepción recibió el aviso de que le habían dado el alta, pero debía esperar a la única ambulancia disponible. A lo largo de la mañana, regresaría con los suyos, pero no fue así.

Según Soledad, estuvo 14 horas encerrado en aquella sala. “Hasta las 1:30 de la madrugada estuvo mi padre esperando, lo pusieron ahí, ea, esperando, como el que se sienta a esperar al tranvía, igual”, manifiesta la isleña que refleja su indignación a través del teléfono. Alfonso es diabético y necesita que le suministren su tratamiento. “Nos lo dejaron muchísimas horas solo, sin saber si le habían pinchado la insulina, si había comido”, dice Soledad que sufrió un calvario al no poder presentarse en el hospital. Las horas corrían y no había señales de que su padre estuviese en camino. “Durante el día tiene tres pinchazos de insulina rápida. Todo eso lo perdió mi padre esperando”, cuenta.

“Mi padre estuvo esperando hasta las 1:30 de la madrugada"

La familia estaba desesperada, la impotencia les corría por las venas. “Estuve llamando muchas veces, la de la oficina me decía: -Está muy bien tranquilito sentado. Sin ni siquiera comunicarse con alguien de dentro”, explica la mujer que vio como a su madre le daba un ataque de ansiedad.

Uno de sus hermanos que no tuvo contacto con Alfonso se dirigió a las puertas del hospital para ver qué pasaba. Soledad alza su voz, “el pobrecito estuvo en la puerta también hasta las 1:30”. No entendían por qué tardaba tanto la ambulancia. “A mí me entraron ganas de llamar a la policía y preguntarle si yo podía ir con dos mascarillas y dos guantes a recoger en mi coche a mi padre”, reconoce la que estuvo todo ese tiempo nerviosa y preocupada.

Cuando su padre cruzó la puerta de su casa, Soledad no daba crédito. “Llegó con el mismo pañal que le puso mi madre por la mañana cuando lo bañó, todo meado, con el chándal y una bata que le puso para que no tuviera frío mojados, y con signos de tener hambre”, explica la isleña. “Qué dolor de él, estaba esmallao”, añade.

“Llegó con el mismo pañal que le puso mi madre por la mañana cuando lo bañó"

La familia denuncia la desatención total que sufrió Alfonso en el hospital. Tanto sus hijos como su mujer comprenden la situación de presión que vive el centro dada la incidencia del coronavirus. “Pero tampoco se puede dejar a una persona ahí a la aventura de Dios”, dice Soledad que suele estar muy pendiente de sus padres y ayuda a su madre siempre que puede “porque él pesa mucho y hay que hacérselo todo, se vuelven como niños chicos”.

Alfonso, indefenso, aguantó el tirón. Pero su familia lo pasó muy mal. “Pasamos un sábado que no se lo deseo a nadie, lo dejaron allí solito”, lamenta la que expresa sus quejas. Ella no quiere que “le pueda pasar a otra persona lo mismo que le ha pasado a mi padre”. Por eso, manifiesta su malestar hacia las autoridades por “la falta de organización, de profesionalidad y de empatía” al vivir una situación como esta. 

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Comentarios (1)

Ezequiel Hace 6 días
La urgencia de san carlos funciona como el puto culo, valiente vergüenza, ayer estube 4 horas allí pa que al final solo una triste radiografía y para casa, puedo asegurar que en la sala de espera no avia mas de 10 personas contado los acompañantes, el que diga que la urgencia de san carlos esta colapsada le invito que vaya y compruebe la mierda de forma q de trabajar que tienen
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