Vox le ha dicho que nones a la popular María Guardiola en su primer intento de acceder a la presidencia de Extremadura. Sin acuerdo no hay apoyos. Ya se lo habían advertido desde la formación ultra y así ha sido. Tras fracasar en el primer pleno de investidura, Guardiola tiene ahora una segunda oportunidad, el próximo viernes, con tres escenarios posibles: el sí de Vox, que sería consecuencia del cierre de un acuerdo; la abstención de los once parlamentarios de Vox, que permitirían seguir adelante a la dirigente autonómica del PP, pero sin ningún tipo de garantías de apoyos para su gobierno y, por último, un nuevo 'no' que mantendría bloqueado su nombramiento y acercaría, aún más, la repetición de las elecciones.
En el 'rally' de elecciones autonómicas que se ha programado para la primera mitad de 2026 –Extremadura, Aragón, Castilla y León (CyL) y Andalucía–, en las dos primeras elecciones se han dado resultados muy similares, victorias del PP pero con la necesidad de llegar a acuerdos de gobierno con Vox. En Castilla y León las encuestas para el 15 de marzo apuntan a un resultado similar, tal vez con el PSOE obteniendo un resultado mejor, pero que en ningún caso impediría que gobernará también un pacto PP-Vox...
El problema para el PP es la escasa destreza que está demostrando en sus negociaciones con Vox. Es evidente que al PP le da 'pereza' (la palabra es de este cronista) tener una negociación de tú a tú, cúpula vs cúpula, que cierre un 'acuerdo marco' o similar con la formación ultra, pero es un hecho que las negociaciones parciales no funcionan, entre otras razones porque precisamente desde Vox el tema autonómico se ve como un 'todo': los programas electorales de las distintas comunidades apenas difieren y hay incluso asuntos que son, literalmente, 'copia-pega'.
Ni Guardiola en solitario, ni Génova asumiendo las riendas en colaboración con Guardiola han conseguido cerrar un acuerdo. El PP programó este período electoral para desgastar al PSOE, pero no contaba con el 'efecto Vox', con su espectacular subida electoral. A efectos prácticos, dirigentes del PP han expresado en privado que iba a ser muy difícil llegar a acuerdos hasta que no se celebren, al menos, las elecciones de Castilla y León. Y así está siendo. Vox no tiene ninguna prisa y, de hecho, cambia de opinión –o eso hace creer– respecto al grado de compromiso que está dispuesto a asumir, tanto en Extremadura como Aragón. Unas veces parece que entraría en el gobierno, otras que preferiría dar apoyos desde fuera... en cualquier caso, estas decisiones no corresponden a ningún tipo de decisión, digamos, regional, en Vox absolutamente todo se centraliza en Santiago Abascal. El problema es que el PP vería muy complicado presentar ante la opinión pública la firma de 'un acuerdo a tres' (Extremadura, Aragón, Castilla y León) de manera monolítica, cosa que para Vox no supondría ningún problema.
Y luego está Andalucía, con elecciones para junio (que podrían tener un adelanto 'técnico' a la segunda quincena de mayo). Estas elecciones están lo suficientemente separadas en el tiempo del otro 'bloque de tres' para que se contemplen como algo distinto al 'rally', ya que serán como mínimo dos meses después que las de Castilla y León. La situación de las encuestas es similar a las de las otras tres, con PP y Vox sumando claramente mayoría absoluta, aunque tienen como peculiaridad que Juanma Moreno Bonilla va remontando y estaría muy cerca de reeditar la mayoría absoluta de la que ha gozado durante la legislatura que ahora termina.



