El pacífico Gibraltar de 2026: enero llega sin cumplir la expectativa pero con acuerdos históricos y pendientes de tirar o no la Verja

Ha sido la llegada del 'trumpismo' lo que parece que aceleró el acuerdo post-Brexit. Se dará lo que nunca se habría dado, que policías españoles custodien la Roca como espacio Schengen. A cambio, Reino Unido logra consolidar su presencia militar sin que nadie (Europa, España) le pida más explicaciones

Un mirador desde el Peñón de Gibraltar.
Un mirador desde el Peñón de Gibraltar. JUAN CARLOS TORO
01 de enero de 2026 a las 20:05h

El derecho internacional se basa en principios de entendimiento, pero hay que tener claro algo: es difícil, llegado el caso, obligar a ningún país a que haga nada, porque para eso son soberanos. Soberanía significa que nadie tiene derecho a toserse sobre el otro, pero igualmente a que a ver con qué legitimidad el otro se toma la libertad de que uno tosa. Por eso los seres humanos tienen abogados y policías para resolver sus conflictos (usted me debe algo, yo le demando, o si me pega, le denuncio); los países tienen diplomáticos, que son a veces abogados, pero un poco de poetas también. Porque miden las palabras y tratan de embelesarse para hacer valer sus intereses. 

Entendido, aunque sea vagamente, cómo funciona el derecho internacional, se puede abordar la cuestión de Gibraltar. El repaso cronológico nos retrotrae al Tratado de Utrecht y a que en ese papel no se terminó de resolver qué pasaba con las aguas alrededor del Peñón: ¿se sobreentendía que al tener derecho a la tierra se anexaba el derecho sobre el agua? ¿O fue una omisión deliberada de las partes cuando Inglaterra impuso su rincón en el Estrecho? Eso, que sonará medieval -es de la Edad Moderna, antes de ayer, en realidad- es la clave de que hoy cada cierto tiempo se peleen marineros y policías. 

Volviendo a tiempos más recientes, el problema de Gibraltar está en el Brexit: cuando Reino Unido votó salirse de la Unión Europea. La población de Gibraltar votó por quedarse, pero igualmente Gibraltar nunca fue de todas todas UE a todos los efectos, teniendo estatus propio. Todo con un precedente: que España como país sigue sin reconocer el derecho de Reino Unido sobre Gibraltar. Eso lleva a cosas como que oficialmente Madrid, Londres y Gibraltar no pueden ni sentarse en una mesa de negociación reconociéndose mutuamente. Cualquier ministro de exteriores español está como obligado a preguntarle al prime gibraltareño que usted quién es. No hubo, y parece que nunca habrá, Gobierno español que reconozca esa pretensión. Eso sí, en la práctica se reconoce como un asunto a abordar. Más aún si entra en la ecuación la UE, menos sensible a ese deseo de unificar la soberanía, menos patriota, por lógica.

En esas, paradójicamente, en el pasado mes de junio se culminó un trabajo de años para reconocer la existencia de un problema y la solución a aplicar. Con mucha diplomacia (poesía), se aprobó un estatus que nunca había tenido la Roca, como recuerda el profesor de la UCA Alejandro del Valle en un artículo para el Real Instituto Elcano: "La cuadratura del círculo, un territorio internacionalizado bajo bandera europea, incorporado al territorio federal de circulación de mercancías y personas, bajo responsabilidad de España y de la UE en muchos aspectos, y que mantiene intacta su identidad y su sistema político-jurídico como Territorio de Ultramar británico".

Lo que se firmó en junio fue un acuerdo, pero no el Tratado, que es el documento legal que más fuerza puede tener este asunto. Aunque ya queda todo perfilado. ¿Y hacia dónde vamos, en resumen? Hay dos intereses de potencias que encuentran su respuesta. De un lado, Reino Unido se quita de encima un problema asegurándose lo que más le interesa, mantener su total presencia militar, sus bases, sin que nadie pueda decirle nada. A diferencia de Rota, que es soberanía compartida y donde España puede decir, proponer, salir, entrar, etc., algo que no ocurrirá con Gibraltar (no estaba ocurriendo). España, a cambio, se asegura la actividad para la región, la presencia de trabajadores, que son el motor de cierta prosperidad en localidades del entorno, e incluso logrará imponer policías españoles en el territorio de Gibraltar. 

La clave está en que ahora la colonia británica formará parte del espacio Schengen, siendo España la que vigile y sea responsable de la entrada y salida de personas comunitarias (no de las no comunitarias). O sea, que un italiano o un alemán podrán cruzar con la misma libertad que un español a Gibraltar, con la misma libertad con la que pueden entrar, por ejemplo, en Portugal. Una situación increíble e impensable. Cargada de polémica, porque los medios conservadores están machacando a los Gobiernos de Londres y de Gibraltar por lo que consideran una afrenta.

Pero es indudable que para un gibraltareño es natural y necesario cruzar a España. Está claro que no van a llenar el tanque del coche en La Línea, pero sí es su lugar de desarrollo: van a restaurantes, a las playas, o a las Zambombas de Jerez. Se sienten británicos mayoritariamente (lo dijeron en referéndum y para qué preguntarlo más si es que está claro), y quieren a su patria, pero quieren también vivir y convivir. Ni que decir que los empresarios de Gibraltar quieren a trabajadores españoles, a clientes españoles y hasta la cierta idea de ser un lugar que para muchos puede ser buen negocio en sectores como el financiero o el inmobiliario, como el mero hecho de inscribir allí, según para qué, sus sociedades. Hay que recordar que no todas las matrículas de Gibraltar que se conducen hacia la Jerez-Los Barrios y sobre todo hacia la Costa del Sol no llevan siempre un conductor llanito.

El problema que ha llegado en estos últimos días es que efectivamente está todo avanzado, pero sustancialmente se ha llegado a enero, una fecha de la que se habló en su momento, sin afrontar todo lo que se esperaba. Sin un esquema, un calendario. No está todo terminado, no está el texto final, el Tratado deberá firmarse, aprobarse por los procedimientos internos, informar a los alcales... Es decir, que toca todavía abordar algunos detalles más allá del entendimiento alcanzado y del que nadie se va a bajar. Tocará incluso hablar de ese mecanismo de cohesión, posibles ayudas económicas a algunos actores particulares de esta historia que ayuden a transformar el territorio. Pero sí está claro que los fantasmas del pasaporte, las colas enormes, se acaba, y quizás para siempre si nada cambiara. 

Otra cosa es la piedra alrededor de la Roca. ¿Es viable derribarla físicamente? ¿Es útil? Data de comienzos del siglo XX y tuvo la mayor utilidad, tristemente, mucho tiempo, sobre todo desde el 69 hasta el 82, cuando se incomunicaron los territorios por última vez por un periodo tan considerable. En junio se habló de eso, pero no está claro si lo que se derriba es en sí la Verja virtual, la jurídica, la legal, o también la física. De hacerlo, sería pasear como el que va por un paseo marítimo y ni se da cuenta de que de repente puede pagar con libras si lo desea. Y el Mercado Único, y la Unión Aduanera...

Lo importante es que miles de personas vivirán mejor, pensaba España, y así será. Para los británicos, lo importante es que no pierden una pizca de fuerza estratégica al mantenerse con un ojo en el Mediterráneo y otro en África. Curiosamente, Gibraltar, como señala Del Valle, ha sido el más largo desafío postBrexit pero el más satisfactorio en el momento más difícil. Y es que en los tiempos de la incertidumbre que ha traído el trumpismo, pareció que en 2025 era hora para todas las partes de dejar a un lado ciertas rencillas y aceptarse mutuamente en algunos puntos clave, con generosidad. 

"El desbloqueo lo determinó el convencimiento británico de poder mantener con absoluta independencia las bases, esenciales para la seguridad británica. A su vez, esto se inscribe en una progresiva tendencia a una normalización británica en Europa. Pareciera como si la nueva era geopolítica que eclosiona definitivamente con la Presidencia Trump haya llevado a mejor acomodar el encaje del Reino Unido en Europa, en su sentir de nación europea no integrada en la UE como organización internacional, pero con una clara voluntad de cooperación intensa con la UE y sus Estados miembros", dice en el artículo el profesor de la UCA. Menos brexitiano, entonces. Más útil. Más pacífico. Cuando el mundo más ensaya sus peores deseos en el nuevo orden de tensiones, broncas y rearmarse hasta los dientes. Ahora Gibraltar será un espacio refugio.

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Pablo Fdez. Quintanilla

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