La Junta ya tiene su plan de playas: control de aforo, solamente en familia y prohibido jugar a las palas

Un informe revela las dificultades de viabilidad de servicios como el alquiler de hidropedales o de hamacas. Habrá accesos más amplios y otros específicos para mayores de 65 años

El extracto del informe hecho llegar por la Junta a los ayuntamientos.
El extracto del informe hecho llegar por la Junta a los ayuntamientos.

Un informe de la Junta de Andalucía hecho llegar a los ayuntamientos de costa revela cómo quiere la administración que sea la normativa aplicable en playas este verano, marcado por la crisis sanitaria del coronavirus. En él, se espera que los ayuntamientos adapten estas medidas a las características naturales y sociales de estos entornos. Y gira en torno a cuatro claves: el aforo, el acudir con convivientes, las dificultades para mantener negocios de alquiler de elementos y la prohibición de juegos de palas o pelotas.

Las playas andaluzas se abrirán para cumplir las "condiciones de seguridad y distanciamiento", al ritmo de lo que consideren las autoridades del Ministerio, según recoge este informe. El objetivo es tener una compilación de normas y recomendaciones que permitan a Andalucía establecerse como una zona de turismo segura dentro del contexto de la pandemia mundial. Es decir, ir más allá de lo que diga el Gobierno central. La baza de Andalucía para salvar lo que se pueda del verano pasa por mostrarse como una de las zonas menos afectadas por el coronavirus.

Algunas de estas medidas no sorprenden: ni trabajadores ni usuarios deben acudir a la playa si tienen síntomas de coronavirus, o si ha estado en contacto con personas que tengan el virus. Pero, por precaución, además se pedirá que se mantengan al menos "dos metros entre las diferentes unidades de convivencia", es decir, que en parte, indica acudir a la playa sólo con el núcleo de personas con la que se tenga contacto diario. Eso incluye toallas, esterillas o cualquier otro elemento. Se acabaron, entonces, las imágenes de playas abarrotadas. Una playa estará llena este verano aunque a primera vista haya poca gente. De hecho, se tendrá en cuanta la limitación del aforo incluso a causa de las subidas de mareas. Si la playa pierde arena, deberá tenerse en cuenta. Y habrá que vigilar a los menores, puesto que en todo momento, los que tengan menos de 14 años deberán estar acompañados por un adulto. Esto evita conductas indeseadas y contactos con otros usuarios. Nada de corretear a varios metros de la sombrilla, o en la orilla.

Además, el acceso a las playas deberá realizarse con calzado, por las zonas comunes previstas. Valen chanclas, pero no estar descalzo más allá de lo justamente necesario. Y en ese acceso habrá un control, con un aforo preestablecido por los ayuntamientos, con horarios de entrada y de salida. Se acabó también el acceso por zonas vírgenes. Esto lo hace difícil en playas no urbanas, pero la vigilancia tendrá que aumentar para que eso se cumpla.

Además, este informe recoge una necesidad para la que deben ir adaptándose ya los ayuntamientos. Las rampas y escaleras de acceso deberán ampliarse para evitar aglomeraciones, o ampliar por paralelas. No sólo para personas con movilidad reducida. La petición es que se habilite un acceso específico para mayores de 65 años, el grupo de edad más vulnerable ante el coronavirus. Todos estos accesos deberán desinfectarse, al menos, tres veces cada día. Una, antes de la apertura, otra, después del cierre, y otra, en mitad del día. La frecuencia estará predeterminada, como en muchos contratos se hace con los aseos públicos.  Entre otras exigencias, los baños asistidos a personas con movilidad reducida se realizarán siempre con cita previa. Esta recomendación ya existía en las playas para recomendar los baños, pero ahora se exige.

Otra de las grandes novedades es que quedarán prohibidos todos los juegos en la playa. Desde las paletas hasta el fútbol. Nada de balones. Y en el agua, tampoco. Las plataformas instaladas quedan eliminadas.

Y otra de las revoluciones que llegan es que muchos ayuntamientos podrán optar por eliminar, directamente, los vestuarios y aseos. Para los primeros, puede ser más fácil. Para los segundos, algo menos. Por eso se plantean un aforo controlado en los baños, uso de zapatilla y ventilación frecuente  incluso con extractores (nada de ambientes recargados al sol). Los grifos, incluso, en la medida de lo posible, no serán de accionado manual: o con el pie o con sensores. También tendrán pedal las papeleras, y si un servicio se queda sin jabón, habrá que reponerlo o cerrar.

Las duchas, igualmente, serán de accionado no manual, con limpiezas cada día. Si no hubiera forma de realizarlo con otro sistema (por ejemplo, que un tercero abra o cierre el grifo en la distancia), habrá especial cuidado con los pulsadores.

Algunos de los negocios de toda la vida en las playas también sufrirán cambios. Por ejemplo, no se recomiendan las hamacas de alquiler, o colchones, o colchonetas. Y si los hubiera, tendrán que tener un requisito indispensable: su desinfección después del uso de cada cliente. De hecho, se recomienda que sean previa reserva y pago telemático.

Algo menos restrictivo es el alquiler de hidropedales, por ejemplo, o motos acuáticos: se permite con desinfecciones, acceso a geles hidroalcohólicos antes y después de su uso... Y usados solo por miembros de la misma unidad de convivencia. Es decir, los grupos de amigos, no. Se controlará, aunque no se especifica cómo. En este tipo de servicios, se pone en valor tanto la salud de los usuarios como de los propios empleados, que deben tener en todo momento condiciones de seguridad.

Para los vigilantes y otros servicios de playa como enfermería o protección civil, se hace una recomendación general de evitar al máximo su requerimiento de actuación, y en todo caso, accederá un bañista en cada ocasión, manteniendo distancias de seguridad. El borrador llega a especificar que, si es posible, el uso de prismáticos sea individual, asignando uno a cada empleado o voluntario.

Todo esto tendra dos consideraciones importantes: la primera es que en algunos casos decidirán los ayuntamientos si convalidan o no muchos servicios al público, pues deberán inspeccionar si cumple con la normativa o no; y la otra es que tanto ayuntamientos como empresas que presten servicios deberán aumentar su plantilla para llevar a cabo esta exigencias, justificada desde el punto de vista sanitario. La viabilidad, habida cuenta de las necesidades, de negocios como alquileres de hidropedales, pueden estar en serias dificultades. El objetivo es que no exista ningún contagio. Ahora, los ayuntamientos deben aportar su punto de vista y añadir o eliminar alguna consideración, de forma negociada con la Junta de Andalucía, que además tiene que esperar el visto bueno de las autoridades sanitarias.

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