La Asunción, un barrio que quiere curarse de sus grietas: "Ahora sí que tenemos una solución"

La ayuda de la Junta de seis millones de euros para renovar los problemas estructurales abre un nuevo tiempo. "La gente que gana 400 euros no podía pararse a pensar en el mantenimiento"

El presidente de La Asunción, Alfonso Tenorio, en una de las fachadas a rehabilitar. FOTO: MANU GARCÍA
El presidente de La Asunción, Alfonso Tenorio, en una de las fachadas a rehabilitar. FOTO: MANU GARCÍA

La Asunción es un barrio señero, antiguo. De los que más que no son en puridad el centro de Jerez. Fue una de sus expansiones más importantes del siglo XX. El problema es que el nivel freático aquí es superior al resto de la ciudad. Esto significa que, a poco que uno cave tierra a fondo, puede encontrar agua. El maná del campo cuando esto era campo. Ahora, de la tierra surgen humedades y cada lustro, a ojo de buen cubero, sufre alguna inundación. Eso condiciona el barrio que en la Posguerra desarrolló el arquitecto Fernando de la Cuadra. Tan señero es que incluso está protegido el barrio arquitectónicamente, lo cual hace difícil empezar de cero.

Cuenta Alfonso Tenorio que la asociación de vecinos que preside se llama La Integración por lo que significó la llegada y convivencia de payos y gitanos, éstos procedentes principalmente del barrio de Santiago. Una de las calles que rodea el barrio es Paquera de Jerez. Y un parque es de Fernando Terremoto. Ahí es nada. "Fue un acierto el nombre", dice Tenorio. Como en cualquier barrio, a eso de las ocho de la tarde, se reúnen niños con sus padres, madres, abuelos, abuelas... Jóvenes junto a una moto. Corrillos de vecinos que se entretienen a la vuelta de un mandado. Tiene vida. Tenorio lo resume en que "en menos de cinco minutos tienes lo que hace falta". A un salto del centro y de las estaciones, con su centro de salud, sus lugares para comprar. Un lugar de arraigo de matrimonios mayores, de hijos que heredan y de jóvenes que van llegando. Pero los techos son otra historia.

Un bloque de viviendas de La Asunción. FOTO: MANU GARCÍA

Por arriba, por abajo, y por el centro, La Asunción es un barrio entre tres aguas. Las del suelo que provocan humedades "donde no hay nada", ni tuberías, ni bajantes, nada. "Eso con unos químicos se puede arreglar pero es muy caro y a los 20 años está otra vez el problema", resume el presidente. Una especie de aislante que, para una habitación, alcanza un coste de 10.000 euros. La humedad se va, pero al precio de la entrada de una nueva casa. Luego, tras setenta años desde la construcción de estas viviendas protegidas que devinieron en la titularidad de sus beneficiarios hace algo más de dos décadas, las bajantes y tuberías están dañadas por incapacidad de los vecinos de abordar una renovación. "Son gente que con 400 euros piensa en lo que tiene que ir a comprar, no han podido pararse a pensar en esto". Luego, los techos, con filtraciones debido a la aluminosis. Es una deficiencia en el hormigón, una especie de enfermedad, por la cual deja de aislar como debe y provoca la oxidación de las viguetas. Al menos cuatro o cinco edificios que componen el vecindario de unas 600 personas están apuntaladas. Son bloques a tres alturas incluyendo los bajos. Alguno está prácticamente vacío. "Te puedo contar de quien arregló la casa para después de casarse y a la semana lo tenía apuntalado".

Ahora, la Junta de Andalucía ha culminado un proceso de renovación de zonas comunes de viviendas privadas. Tenorio no tiene queja ya. Han luchado mucho. "Ni el Gobierno que está ahora ni el anterior ni el Ayuntamiento, no tenemos queja". Todos han puesto de su parte. PP, Cs, PSOE, IU, cada uno en un tiempo en la Junta. Son casi seis millones de euros (en el programa ARI, Áreas de Rehabilitación Integral, para que la administración remoce lo que las comunidades de vecinos sin recursos no pueden costear). "Si se le hubiera dicho a la gente, yo creo que hoy todos firmarían tirarlo todo para hacer un bloque, está claro. Algo se habló, se propuso, pero estando protegidos la opción es las reformas". No es para menos. Uno que colinda con las pistas deportivas está hundido, aunque no en riesgo de derrumbe. "Se ve en las grietas. Tú pones una canica en el suelo y sale rodando".

Unas vecinas charlan. Pasamos con Alfonso. "¿Habéis visto en whatsapp? Tenemos tres meses para entregar los papeles, hay que ir a por la nota simple". "¿Eso qué es, hijo?". "Eso tienes que ir al registro de la propiedad". Alfonso se sientan en su despachito de la asociación, un pequeño local para actividades ahora congeladas por el covid, y muestra fotos de algunos interiores de vivienda que no hemos podido visitar. Tiene a sus espaldas un plano del barrio con los lugares marcados donde se han hecho rehabilitaciones parciales. La que viene es la importante. Se han dedicado muchas horas, como si fuera un empleado. "Hemos estado a pleno rendimiento, esto tiene mucho trabajo, prácticamente es como si tuviera un máster en materiales. Hemos preguntado a muchas empresas y muchas vienen a ofrecerse".

Ahora se abre un concurso de tres meses y, bajo ciertas condiciones, se irá repartiendo el dinero entre las comunidades de propietarios. Deberán organizar bien las obras. Antes de 2023 deben estar culminadas, por necesidad legal. Ahora hay un proceso de entrega de documentación, posteriormente alegaciones, y antes de final de año, quizás, comiencen a sonar los martillos, siempre que la crisis sanitaria lo respete. "Ahora sí, ya está el dinero ahí, ahora sí parece que vamos a tener una solución", subraya. "Vamos, nos coge un año y medio antes este proceso y no sé qué habría pasado". La burocracia, parece, ha culminado positivamente. Esas grietas que esconden lo que parece arena de playa bajo los desconchones de las paredes dejarán de ser la marca de un barrio agrietado. "Lo que sí tengo claro es que esto es para un tiempo. Que en 20, 30, 50 años, la solución será tirarlo". Por ahora, La Asunción va a recobrar la firmeza con la que seguir soplando velas.

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