Un día más, recién cumplido el mes desde que comenzaron los bombardeos, la opinión pública tiene a Donald Trump, presidente de Estados Unidos, diciendo sobre la guerra una cosa y la contraria, con una diferencia de minutos. Trump afirmó que ve posible llegar próximamente a un acuerdo con Irán y que “las negociaciones van muy bien", entre otros motivos porque las autoridades que quedan de la cúpula régimen son “más razonables”, unas declaraciones que contrastan poderosamente con mostrarse abiertamente partidario de tomar la isla de Jark e iniciar así una acción terrestre sobre dicho país. “Jark no tiene defensas (las habría machacado EE.UU), podríamos tomarla con facilidad”, añadió sobre este enclave estratégico por el que pasa el 90% del petróleo iraní. “Honestamente, la opción favorita para mí es quedarme con el petróleo de Irán, pero hay algunos estúpidos en EE.UU que dicen ¿por qué hacer eso?”, ha declarado a Financial Times.
No admite discusión que cualquier operación terrestre en Irán supondría una escalada importante en la guerra y abriría un escenario nuevo a nivel global, con el barril del petróleo disparado. Además, una operación terrestre tendría un importante coste en cuanto a vidas de militares y una importante incidencia en la opinión pública de EE.UU, que precisamente viene de vivir un fin de semana en el que, por todo el país, se han producido más de 3.000 manifestaciones en contra de Trump, la guerra y el caos en la política nacional. Se calcula que unos 8 millones de ciudadanos han recorrido las calles de EE.UU bajo el lema ‘No Kings’.
Es evidente que una operación en tierra supondría también un alargamiento de una guerra sobre la que se lanzan constantemente mensajes desde la propia Administración Trump de que será corta. El último en hacerlo fue Marco Rubio, el secretario de Estado, que afirmó el pasado viernes, 27 de marzo, en el transcurso de la reunión de ministros de Exteriores del G7, en París, que las operaciones “habrán concluido en dos semanas”.
Tras la llegada la semana pasada de unos 3.500–5.000 marines, según la fuente que se consulte, se da por buena la cifra de que EE.UU tiene en la zona al menos unos 10.000 efectivos (unidades aerotransportadas, anfibias y los propios marines) que podrían participar en una operación de estas características.
Otro apunte: todo indica que, en efecto, el presidente del Parlamento iraní, Mohamed Ghalibaf, es un interlocutor de referencia para la Administración Trump, de hecho, habría sido con él con quien se ha negociado la salida de algunos de los petroleros atrapados en el estrecho de Ormuz.
Diplomacia en Pakistán, cierre de España
Mientras, continúan los esfuerzos mediadores de varios países de la zona, en especial de Pakistán, que acogió el pasado fin de semana una minicumbre con presencia de los ministros de Exteriores de Egipto, Turquía, Arabia Saudí, junto al del propio Pakistán, cumbre de la que Irán se ha desmarcado incluso en su propia formulación. El ministro de Exteriores iraní –que, por cierto, se da por hecho que es otro de los interlocutores válidos para Donald Trump– afirmó que debe quedar claro que Irán ha sido agredido y que lo fue precisamente cuando había en marcha un proceso diplomático.
Por último, España ha recordado que más allá de las bases de Morón y Rota, tiene cerrado todo su espacio aéreo para aviones en dirección al conficto. Esta afirmación se produce después de que distintos medios mantengan que el uso de las bases no está siendo tan estricto como anunció desde un principio el Ejecutivo de Pedro Sánchez y que puede que durante el mes de conflicto no hayan llegado y partido aviones de combate, pero sí de uso logístico.
