Donald Trump ha llevado a cabo la presentación formal de su Junta de Paz en Washington, con la presencia de dirigentes de unos treinta países y algunos observadores internacionales, entre los que está la Unión Europea (UE). La idea original era hablar sobre el futuro de la Franja de Gaza –de hecho, la propia creación de este nuevo organismo estaba vinculada a la reconstrucción de la zona, aunque luego ha ido ampliando sus objetivos y, de hecho, hay quienes piensan que pretende rivalizar con la ONU– si bien el propio presidente de los Estados Unidos ha hecho de su intervención un resumen sobre su visión del mundo en el año largo que ha transcurrido de su segundo mandato. Eso sí, al menos Trump ha anunciado la disponibilidad de 10.000 millones de dólares para la reconstrucción de Gaza.
En la Junta de Paz hay países relevantes como Israel, Egipto, Marruecos, Hungría, Argentina, Indonesia, Turquía, Arabia Saudí o Pakistán. Italia ha mandado un observador, lo que no ha gustado a otros países europeos, entre ellos España.
Trump lleva semanas con distintos frentes abiertos en su política internacional. Es cierto que se ha producido una rebaja de la tensión en sus aspiraciones anexionistas sobre Groenlandia –que esta semana tiene de visita al rey Federico X de Dinamarca, país del que depende políticamente la isla– mantiene el foco sobre Cuba, Venezuela e Irán.
Este mismo jueves, el presidente de Estados Unidos ha tenido una palabras para Irán tras la primera reunión de la Junta de Paz. Hay varios titulares de Trump al respecto, como dar diez días de plazo a este país para llegar a un acuerdo sobre su programa nuclear –de nuevo– "o pasarán cosas malas", posibilidad que algunas fuentes llevan a este próximo fin de semana.
Respecto a Venezuela, hay que recordar que la actual presidenta, Delcy Rodríguez ha sido invitada a visitar próximamente Estados Unidos, en una fecha que no se ha dado a conocer. Sobre la propia Delcy Rodríguez, alguien siempre imprevisible como Trump, ha afirmado que "comprende por completo" por qué se refiere siempre a Nicolás Maduro como presidente legítimo de su país. Trump ha expresado en varias ocasiones que tiene un buen concepto de la presidenta venezolana e incluso hace cosa de una semana llegó a afirmar que "la relación actual con Venezuela es un 10". "Ella –por Delcy Rodríguez– ha hecho un trabajo muy, muy bueno y la relación es muy sólida, la mejor posible", dijo, algo que hizo extensivo a un tema crucial como es la producción de petróleo.
Mientras cualquier referencia a la devolución a la democracia al país puede esperar, el petróleo copa parte de la actualidad económica de Venezuela. Por ejemplo, hace unos días que Estados Unidos autorizó a la española Repsol y a otras cuatro compañías extranjeras a aumentar su extracción de petróleo en dicho país y a que lleven a cabo las inversiones necesarias a tal efecto. Repsol se da de un plazo de un año para aumentar su producción en Venezuela en un 50%.
Pero no se puede hablar de petróleo, Venezuela y Estados Unidos sin terminar hablando de Cuba. El petróleo de Venezuela que llegaba a la isla con cierta regularidad e incluso a un precio 'político' dejó de llegar tras la intervención norteamericana en Venezuela, mientras que otros sumistradores, caso de México a través de la petrolera Pemex, se lo piensan mucho a la hora de hacer envíos, ya que pesa sobre el país la amenaza de aranceles. Se trata de la vuelta de un bloqueo en toda regla, como en los peores años de las (no) relaciones entre Estados Unidos y la Cuba de Fidel Castro. Las ciudades de Cuba sufren continuos apagones, el turismo –la principal industria del país– se resiente e incluso el gobierno de Trump estudia aumentar sus sanciones a otros aspectos que nada tienen que ver con la economía. Trump pide cambios drásticos a Cuba y los pide ya...
