La tensión diplomática ha escalado en pleno Domingo de Ramos tras la decisión de Israel de impedir el acceso al Santo Sepulcro de Jerusalén, uno de los lugares más sagrados del cristianismo, al patriarca latino y máxima autoridad católica en Tierra Santa, Pierbattista Pizzaballa, junto a otros tres cargos religiosos que pretendían acudir al templo. El episodio ha provocado una polémica de gran calado, con reacciones de líderes como Pedro Sánchez, Emmanuel Macron, Giorgia Meloni o incluso el embajador de Estados Unidos, Mike Huckabee. Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha defendido la actuación policial.
El presidente del Gobierno español ha condenado lo ocurrido con dureza, calificándolo de “ataque injustificado” a la libertad religiosa. En un mensaje público, Sánchez afirmó: “Netanyahu ha impedido a los católicos celebrar el Domingo de Ramos en los lugares santos de Jerusalén. Sin explicación alguna. Sin razones ni motivos”.
Además, añadió: “Desde el Gobierno de España condenamos este ataque injustificado a la libertad religiosa y exigimos a Israel que respete la diversidad de credos y el derecho internacional. Porque sin tolerancia es imposible convivir”.
Las palabras del presidente español han provocado una rápida reacción desde Israel. El ministro de Exteriores, Gideon Saar, respondió a través de la red social X acusando a Sánchez de “nunca pierde la oportunidad de incitar al odio contra Israel”. En ese mismo mensaje, Saar criticó que el mandatario español “no tuvo nada que decir” tras el impacto de un misil iraní cerca del Santo Sepulcro y defendió que Israel “está comprometido con la libertad de religión y de culto”, en contraposición con Irán.
El incidente, ocurrido en uno de los enclaves más simbólicos para los cristianos —donde la tradición sitúa la muerte y resurrección de Jesús—, está realineando fuerzas al unir a multitud de líderes contra Israel. Los israelíes no solían poner dificultades a los cristianos en esta tierra, toda vez que recibe peregrinos desde siempre.


