La madrugada del 2 de enero, Estados Unidos ejecutó una operación militar en Caracas destinada a detener al presidente venezolano, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores. La acción comenzó poco después de las dos de la mañana, cuando el país se encontraba mayoritariamente dormido, y culminó con el traslado del matrimonio fuera de Venezuela, según confirmó horas más tarde el presidente estadounidense, Donald Trump.
La misión, denominada Operación Resolución Absoluta, había sido preparada durante meses y ajustada de forma intensiva en los días previos. Así lo explicó el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor conjunto, quien subrayó que se trató de una intervención planificada con precisión y ejecutada aprovechando la oscuridad nocturna. Trump siguió el desarrollo del operativo en tiempo real desde su residencia de Mar-a-Lago, acompañado por mandos militares y responsables de inteligencia.
El momento elegido respondió también a factores meteorológicos y astronómicos. Los mandos esperaron una noche con mayor visibilidad gracias a la conocida como luna del lobo, una superluna que facilitó las maniobras aéreas. En declaraciones posteriores, Trump describió la operación como extremadamente rápida y violenta, y destacó la capacidad de las fuerzas implicadas para acceder a zonas fuertemente protegidas y extraer a sus objetivos en cuestión de segundos.
En el asalto participaron unidades de élite del ejército estadounidense, entre ellas la Delta Force y el 160º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales, especializado en vuelos nocturnos a baja altura. La misión contó con helicópteros adaptados para este tipo de incursiones y se saldó con dos militares heridos y una aeronave dañada, que pudo ser recuperada sin incidentes mayores.
Durante las semanas previas, miles de soldados estadounidenses permanecieron desplegados y en alerta, a la espera de la autorización definitiva del presidente. El plan tuvo que aplazarse en varias ocasiones por razones meteorológicas y por la prioridad concedida a otro ataque estadounidense contra el ISIS en Nigeria durante el periodo navideño. Trump aseguró además que había instado a Maduro a rendirse días antes, una propuesta que, según su versión, fue rechazada.
La orden final se dio la noche del viernes, hora de Washington, y activó un amplio despliegue aéreo desde una veintena de bases y varios portaaviones situados en el hemisferio occidental. Más de 150 aeronaves, entre cazas, bombarderos, aviones de inteligencia y helicópteros, participaron en la operación. Los aparatos de asalto volaron a muy baja altura sobre el mar y contaron con cobertura de aviones de combate y bombarderos, así como con drones.
Los ataques se concentraron en instalaciones militares de Caracas, incluida la base aérea de La Carlota y el complejo de Fuerte Tiuna, con el objetivo de neutralizar posibles respuestas defensivas. Según el mando estadounidense, los sistemas de defensa aérea venezolanos fueron inutilizados a medida que las fuerzas se aproximaban a la capital. Fuentes del Gobierno venezolano cifraron en al menos 40 los fallecidos, entre militares y civiles, además de numerosos heridos.
Un agente de la CIA infiltrado
La localización de Maduro fue posible gracias a información obtenida por un agente de la CIA infiltrado en su entorno gubernamental. Pese a las estrictas medidas de seguridad del presidente venezolano, que cambiaba con frecuencia de residencia y reforzaba su protección personal, las fuerzas estadounidenses lograron acceder a una ubicación descrita como altamente fortificada. El suministro eléctrico de Caracas fue interrumpido durante la operación para facilitar la acción en la oscuridad.
Maduro y su esposa fueron detenidos mientras dormían y trasladados en helicóptero a un portaviones estadounidense, desde donde fueron enviados a Nueva York para ser juzgados, según fuentes citadas por medios estadounidenses. Tras confirmar el éxito de la misión, Trump anunció públicamente la captura y comunicó al Congreso la intervención, defendiendo que actuó bajo su autoridad constitucional. La operación, largamente contemplada por la Casa Blanca, marca un giro de gran alcance en la región y abre un escenario de consecuencias aún inciertas.
