Pasaba la una de la madrugada de este miércoles (es decir, a menos de una hora de que diera comienzo la anunciada extinción de la civilización persa o, al menos, su regreso a la Edad de Piedra) cuando saltaba la noticia: Estados Unidos e Irán habían llegado a un acuerdo de alto el fuego de dos semanas, que tiene vocación de transformarse en este período de tiempo en un tratado de paz duradero. En ese acuerdo, auspiciado por Pakistán a partir de diez puntos sugeridos por Irán, se recoge todo lo relacionado con el conflcto, desde el cierre del estrecho de Ormuz, al programa nuclear de Irán, pasando por el Líbano o que el viernes darán comienzo las negociaciones directas entre las dos partes en Islamabad, capital del país mediador.
Si el acuerdo de alto el fuego ha sido muy bien recibido por la economía global –el precio del petróleo bajaba por la mañana un 15% hasta situarse en el orden de 93-94 dólares el barril de Brent, mientras que las bolsas tenían importantes subidas, por encima del 3% los principales parqués de Europa (el Ibex español subió casi el 4%)– hay una serie de aspectos que, solo horas después del anuncio, comienzan a mostrar las costuras.
En primer lugar, cabe hablar de qué va a ocurrir con el Líbano. Israel, por desgracia, lo tiene claro: el acuerdo alcanzado por Estados Unidos con Irán se ciñe a Irán. Es decir, Israel tiene toda la intención de seguir adelante con la operación de castigo a Hezbolá que ha emprendido en el sur del Líbano y en algunos barrios de la capital, Beirut, ponga lo que ponga en el acuerdo, y de hecho ha seguido adelante este mismo miércoles tanto con los bombardeos como con las excavadoras, causando más de 250 muertos en una serie de acciones coordinadas. Hace tiempo, en estas mismas líneas, hablamos de que lo del Líbano tenía toda la pinta de convertirse, usando términos jurídicos tan en boga, en lo que podríamos llamar una 'pieza separada' del conflicto y esta decisión de Israel viene a corroborarlo. El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, con importantes problemas en la política interior de su país, va a exprimir al máximo esta operación contra Hezbolá que, desde un punto de vista estratégico, se contempla como amenaza directa sobre el terreno, modo Hamás.
En cuanto al estrecho de Ormuz, el alto el fuego implica su apertura, pero no se fija ni cómo ni cuándo. Por supuesto, Estados Unidos vende como un éxito la apertura, pero todo indica que las condiciones de tránsito por la zona no van a volver a ser las que eran. De hecho, se da por supuesto que Irán va a cobrar una especie de impuesto o tasa por facilitar la navegación, teniendo en cuenta que su poderío militar sobre la zona (minado del mar incluido) no se ha visto mermado, en absoluto. Lo normal es que las compañías aseguradoras mantegan altas las primas de los barcos, lo que hará que el precio del crudo no vuelva a los precios anteriores al comienzo del conflicto. Incluso, si, alguno de los países del Golfo Pérsico, caso de Catar, por ejemplo, se anima finalmente a realizar un gran gasoducto que permita sacar el petróleo evitando el estrecho, lógicamente esas infraestructuras terminarán por influir en el precio.
Lo último de Trump
Queda hablar de dos temas. Mientras Estados Unidos dice que Irán no continuará con su programa nuclear y que nunca tendrá este tipo de armamento, no está nada claro que esto vaya a ser. Por último, tampoco queda nada del cambio de régimen y la llegada de la democracia, aspecto que en su día también blandió el presidente Donald Trump para iniciar el conflicto, ahora encantado de hablar con los nuevos dirigentes del régimen de los ayatolás, a los que, al parecer, encuentra mucho más razonables que los anteriores...
Por último, Donald Trump sigue adelante con sus planes de que Estados Unidos abandone la OTAN, decepcionado con el nulo apoyo de sus aliados en el último conflicto de Oriente Medio. En ese sentido, tiene intención de hablar con el secretario general, Mark Rutte. España fue el primer país en negar el uso de las bases de Morón y Rota, decisión a la que, con matices, se fueron sumando otros países, caso de Italia, Francia e incluso Reino Unido, el aliado más fiel de Estados Unidos en la OTAN.
