El último ciclo de rankings internacionales vuelve a dibujar un sistema universitario andaluz claramente jerarquizado, con dos grandes polos —Granada y Sevilla—, una universidad con excelencia muy especializada como Córdoba y un grupo amplio de campus que permanecen en posiciones discretas o directamente fuera de las clasificaciones globales más influyentes.
En el QS Europe University Rankings, Andalucía logra colocar únicamente a un número reducido de universidades, mientras que en el ranking mundial de QS la presencia se reduce aún más, evidenciando las dificultades estructurales del sistema para competir en igualdad de condiciones con universidades europeas y globales mejor financiadas y con mayor grado de internacionalización.
La Universidad de Granada se consolida como la mejor posicionada de Andalucía tanto en el ámbito europeo como en el global. En Europa ocupa el puesto 133, mientras que a nivel mundial asciende hasta la posición 401, una mejora significativa que la sitúa en la franja alta del sistema universitario español. Este avance se explica por su fortaleza investigadora, su elevado impacto en citas por profesor, una red internacional de investigación muy sólida (96,4 puntos) y una mayor diversidad del alumnado internacional en comparación con otros campus andaluces.
La Universidad de Sevilla, por su parte, ocupa el puesto 161 en Europa y desciende al 469 a nivel mundial, lo que confirma su liderazgo regional, pero también sus límites en el contexto global. Sevilla mantiene una reputación académica muy sólida, una red internacional de investigación robusta y buenos resultados en sostenibilidad y movilidad, pero se ve penalizada por un bajo porcentaje de profesorado internacional, un ratio profesor/estudiante elevado y unos indicadores de empleabilidad internacional discretos. Ambas universidades se distancian con claridad del resto del sistema andaluz y actúan como polos tractores, aunque con estrategias y fortalezas diferentes: Granada más orientada al impacto investigador y la internacionalización del alumnado; Sevilla, a la reputación académica y al volumen institucional.
Córdoba: excelencia por especialización
El caso de la Universidad de Córdoba merece una lectura diferenciada. Aunque su posición global (348 en Europa) la sitúa lejos de Sevilla y Granada, la institución cordobesa destaca por una especialización académica de alto nivel, especialmente en el ámbito de Agricultura y Explotación Forestal, donde figuró como la cuarta mejor universidad de España, según el QS World University Rankings by Subject en 2017.
Este reconocimiento evidencia una estrategia basada en nichos de excelencia, muy vinculada a su entorno productivo y científico, pero también muestra los límites de un modelo altamente especializado a la hora de escalar posiciones en rankings generalistas, que premian volumen, diversidad disciplinar e internacionalización transversal. Más atrás se sitúan la Universidad de Jaén (422 en Europa) y la Universidad de Cádiz (488), ambas con una presencia limitada en rankings internacionales y con escasa visibilidad global. Sus resultados reflejan dificultades comunes: baja internacionalización, menor producción científica indexada y limitaciones estructurales derivadas del tamaño y la financiación.
En el ámbito privado, la CEU San Pablo aparece en torno al puesto 420, mientras que la Universidad Loyola Andalucía se mueve en la franja 511–520, lo que confirma que la internacionalización formal y el modelo bilingüe no son suficientes, por sí solos, para competir en rankings dominados por el impacto investigador. El resto de universidades andaluzas no figura ni en el ranking europeo ni en el mundial de QS.
Lejos de Madrid y Barcelona
El análisis conjunto apunta a un problema de fondo: el sistema universitario andaluz es amplio, descentralizado y socialmente relevante, pero compite en rankings diseñados para premiar modelos más pequeños, altamente internacionalizados y con mayor inversión por estudiante y por investigador. De hecho, la Universidad de Barcelona se sitúa en el puesto 60 de Europa (160 a nivel global) y la Complutense de Madrid en el puesto 71 (187 del mundo).
Granada y Sevilla logran sostenerse gracias a su masa crítica y trayectoria histórica; Córdoba destaca por especialización; el resto sobrevive en la periferia de los indicadores globales. La consecuencia es un sistema dual, con dos universidades capaces de jugar en Europa y el mundo y un conjunto de campus con escaso margen de maniobra para escalar posiciones sin cambios estructurales profundos.




