Las dos y media del jueves, día de San José, era la hora programada para que ardiera la primera 'falla de Jerez' (o, al menos, eso se piensa que es, no se conoce ningún antecedente). El caso es que entre los aproximadamente doscientos chavales y chavalas de La Salle Sagrado Corazón Mundo Nuevo que se congregaron en el patio del recreo para echar una mano en la plantá y luego ya, a lo que vamos, ver cómo ardía el monumento, comenzaron a oírse murmullos de impaciencia que finalmente rompieron en varios "Miguel Ángel, quémalo ya", y luego, abiertamente de coña, en "Miguel Ángel, pirómano".
No sabemos si Miguel Ángel Gómez, el profesor valenciano al mando de las operaciones y del que ha partido esta iniciativa, escuchó a los malotes, que con la levantera es posible que no y el hombre además andaba preocupado con que una racha, al final, pudiera derribarla, el caso es que un poco antes de la hora decidió dar comienzo a la cremá de la falla. Cedió el micrófono a la delegada municipal de Educación, Nela García, que, tras saludar divertida por estar presente en este pequeño hito (la primera falla de Jerez), pidió al "señor pirotécnico" –chicos, pirotécnico, que no pirómano... aunque no son excluyentes– que diera paso al encendido de la mascletá que antecede propiamente a la cremá de la falla (minutos antes había sido rociada con gasolina). Claro, el señor pirotécnico no era otro que el propio profesor Miguel Ángel, que prendió la mecha y boom... aquello, los tres o cuatro minutos que duró, fue francamente simpático.
El monumento, de unos cuatro metros de alto que simbolizaba un catavino y que tenía también distinta simbología por abajo de La Salle y de la Capitalidad Gastronómica de Jerez 2026 –todo un poco abigarrado, la verdad, debido a las rachas de levante– ardió rápidamente, con todo el mundo dando un paso para atrás cuando el fuerte viento levantó algunas jirones de papel y trapos de la falla. No hubo más. La chavalería aplaudió, satisfecha con lo que había visto, y a los cinco minutos muchos de ellos ya estaban dándole patadas al balón. Divino tesoro.
Miguel Ángel está contento con cómo transcurrió todo, sobre todo porque había un riesgo cierto de que la falla no hubiera prendido, con el viento también de invitado. "Lo importante es que se ha podido hacer y quemar sin desgracias personales", bromeó después del acto. "Creo que le ha gustado a los chavales y a los padres pese al viento... el viento es un problema, puede romper o tirar la falla, es algo que pasa a veces incluso en las fallas que plantan profesionales", dijo.
Tercero de ESO de La Salle Nuevo Mundo le ha dedicado unas doce horas a este tema entre las asignaturas de Plástica y Tecnología. "Hacer una falla es algo plástico y colaborativo", dice el profesor, que está realmente satisfecho con la experiencia. Sobre si el año que viene habrá una nueva experiencia o no, Miguel Ángel señaló que, en principio, no tiene claro si va a seguir en Jerez o no, pero que además dependería de cómo es el grupo de chavales que le toque. "Tienen que estar concentrados y estar a lo que tienen que estar, si no, si se distraen con cualquier cosa, es imposible".
