Un sistema basado en satélites desarrollado en Andalucía abre la puerta a anticipar la llegada de basura al mar tras episodios de lluvias torrenciales. Investigadores de la Universidad de Cádiz, del grupo Estructura y dinámica de ecosistemas acuáticos, han diseñado una herramienta que establece una línea temporal para detectar y monitorizar la entrada de residuos en el Mediterráneo después de este tipo de fenómenos extremos.
La mejora de este sistema predictivo, que por ahora se encuentra en pruebas de desarrollo, permitirá adelantarse con varios días de margen desde la detección de una borrasca a la llegada de residuos a las playas. Ese avance facilitaría las tareas de limpieza y ayudaría a activar medidas de contención ambiental, según ha informado la Fundación Descubre, institución de la Consejería de Universidad, en un comunicado.
Los resultados del estudio, publicados en la revista Marine Pollution Bulletin, dibujan además una imagen muy concreta del problema. Los regueros de basura marina aparecen como filamentos de apenas algunos metros de anchura, pero pueden superar los 20 kilómetros de longitud. En su interior se acumulan plásticos, restos vegetales, polen e incluso mucílago marino, una especie de espuma persistente que se forma en aguas sobrecargadas de nutrientes.
El trabajo subraya que la mayor parte de la basura entra al mar durante la llamada first flash, es decir, la primera crecida tras lluvias intensas, y lo hace en apenas horas o en pocos días. “Los ríos cortos y las áreas urbanas responden casi de inmediato, mientras que los pulsos de descarga de basura desde grandes ríos como el Ródano presentan un retraso de dos a tres días respecto al pico de lluvias”, ha explicado el investigador de la UCA Andrés Cózar, autor del estudio.
El rastro de los residuos
Para alcanzar estas conclusiones, los investigadores analizaron cada día, durante tres meses consecutivos, distintas variables de un episodio concreto ocurrido en el Mediterráneo noroccidental. Para ello aplicaron por primera vez en oceanografía la metodología conocida como storyline, utilizada en climatología como una herramienta clave para hacer más comprensibles los eventos climáticos extremos.
Este enfoque permite reconstruir la secuencia completa de un episodio extremo, desde la formación de las borrascas hasta la dispersión final de la basura en mar abierto. Durante el estudio, los expertos caracterizaron las condiciones climatológicas de la zona de entrada de la borrasca y observaron los efectos de la lluvia, la respuesta de los ríos a las correntías y el despliegue de la basura.
“La utilización de satélites ofrece una visión del océano que no es posible tener desde un barco. Así comprobamos que los residuos se dispersaron y llegaron a alcanzar hasta 300 kilómetros de distancia desde la costa, y que días más tarde, parte de ellos fueron devueltos a las playas”, ha comentado el investigador de la UCA.
Durante los 90 días de estudio, los expertos calcularon en 50 toneladas la basura que entró al mar desde tierra. “De toda esta cantidad, 26 toneladas, el 52 % del total, correspondía a material flotante. De ellas, el 32 % aproximadamente terminaría hundiéndose progresivamente, mientras que el 68 % acabaría llegando a las playas. Las otras 24 toneladas restantes se depositaron directamente en los fondos marinos cercanos a costa”.
Los investigadores también han corroborado que este tipo de pulsos extremos de entrada de basura desde tierra al mar se producen, de media, cada dos o tres años en el Mediterráneo. El proyecto sigue en fase experimental en campo y el siguiente paso pasa por desarrollar un sistema que automatice de forma global la descarga y el análisis de imágenes, además de permitir la generación de alertas tempranas y ofrecer información en tiempo real a las administraciones.


