El “alimento del futuro” nace en Sevilla: “pura proteína” en una granja de insectos sostenible

Insgood se dedica, desde Guillena, a la cría y reproducción de grillos y otras especies que venden a zoológicos, reptilarios o a aficionados. Es una de las cuatro empresas que apuestan en Andalucía por este producto con diversos fines que “llegará al consumo humano”

Bandejas de insectos preparadas.   CEDIDA
Bandejas de insectos preparadas. CEDIDA

Los bichos reptan, mueven sus patas, se deslizan y aparecen inesperadamente en los lugares más insospechados. Estos diminutos -algunos no tanto- seres vivos, además de ser una de las fobias más extendidas en la población, se constituyen como un producto en auge. Han revolucionado el sector de la alimentación, que busca nuevas formas más sostenibles de producir sin perder la rentabilidad. En Guillena, un pueblo de Sevilla, cinco amigos descubrieron un mundo y decidieron sumergirse en él para poner en marcha Insgood, una granja dedicada a la cría y reproducción de ciertas especies de insectos.

Luis Romero, que trabajaba en la inmobiliaria, el odontólogo Pablo Carnerero, el diseñador gráfico Manuel Leal, Manolo Leal, empresario con varias copisterías y Manuel Delgado, empleado en la gran distribución, les dieron un giro a sus vidas. Hace casi 4 años empezaron a mover hilos. “Siempre habíamos querido generar nuestro propio trabajo y hablamos de muchos productos, nos detuvimos en este porque era realmente llamativo”, comenta Luis, de 30 años. Todo surgió en una conversación en la que Manuel Delgado propuso “algo que no habíamos visto nunca”, un producto novedoso que observó en algunos lineales. “Se acabó a nivel nacional en menos de ocho días, eso hizo que mi compañero lo comentara”, explica el sevillano.

Luis Romero trabajando en la granja de insectos.   CEDIDA
Luis Romero trabajando en la granja de insectos.   CEDIDA

A los socios les picó la curiosidad y empezaron a investigar cómo producir insectos. Según cuentan, “nos llamó mucho la atención que el precio del kilogramo era totalmente desorbitado, el futuro de la proteína parecía que pasaba por el insecto, y de un día para otro, decidimos meternos en este barco que, hasta hoy, parece que sigue a flote”. Tras años poniendo en regla asuntos de burocracia, legislación y administración, en junio de 2020 la granja se convirtió en realidad.

Desde allí, Luis se encarga de alimentar a los insectos, hidratarlos, cribarlos y separarlos por tamaños para vender los mayores. Se pasa las horas rodeado de miles de especies que están perfectamente ordenadas en recipientes. “Hay quien piensa que esto está lleno de insectos por el suelo y se te suben encima”, bromea el emprendedor que también debe estar atento a la reproducción, diferente en cada animal. En la granja todo está controlado para seguir un mismo proceso: nacen, se engordan, se reproducen y se venden. Un ciclo que requiere de un cuidado diario que el sevillano desempeña con gusto.

Tenebrio molitor.
Tenebrio molitor.   CEDIDA
Cribado de pupas.

La escena que Luis observa cada día puede resultar desagradable, estar constantemente viendo bichos incluso llega a asemejarse a las pruebas extremas del extinguido programa de televisión Factor Miedo. Sin embargo, para él no lo es. “Es un ser vivo como otro cualquiera, yo tampoco era un loco de los insectos, pero con el día a día al final le coges cariño”, confiesa, acostumbrado al canto de los grillos cuando están en fase adulta.  

Los granjeros le dedican muchas horas a este producto perecedero con el fin de que llegue a las manos de los clientes con la mejor calidad posible. “Venderlo en el momento justo en el estado perfecto es complejo”, explica.

En cada recoveco de las instalaciones de Insgood se hallan varios tipos de insectos. El grillo es la estrella, pero también alimentan al tenebrio molitor, el llamado gusano de la harina; zophobas morio, el gusano rey recientemente incorporado al compartir el mismo material de cría que el anterior; y las blapticas dubia, una especie de cucaracha. “El grillo comenzamos a trabajarlo por tema de demanda pura y dura. Había una grandísima demanda de este insecto a nivel de reptiles y animales exóticos. Al igual que la blaptica, que también es muy valorada por su contenido nutricional en el mundo de los lagartos, los reptiles en general”, destaca Luis.

Grillo.   CEDIDA
Grillo.   CEDIDA

La cantidad de insectos que pululan por los recipientes de esta granja “es una cuenta muy complicada”. Para los socios, es imposible conocer con exactitud de cuántos disponen. Cada día nacen nuevos y se venden otros. “Es fluctuante, no podemos medirlo a la unidad”. Aún así, Luis asegura que tienen estimaciones para tener un control. En la cámara reposan cerca de 60.000 grillos mientras que cuentan con 35 kilos de blaptica aproximadamente y 80 kilos semanales de tenebrio. “Intentamos que los grillos se multipliquen de cinco en cinco, cada ponedero generará unos 3.000”, cuenta el sevillano al otro lado del teléfono.

Todos estos bichos van a parar a reptilarios. zoológicos, tiendas de animales o clientes particulares. La mayoría son el alimento de otros animales, aunque hay quien los compra como hobbie. Según explica el granjero, “nuestros clientes son tanto aficionados como criadores profesionales de animales exóticos, reptiles o camaleones, además de asociaciones de rescate de aves”.

“Nuestros clientes son tanto aficionados como criadores profesionales de animales exóticos”

A su vez, el tenebrio molitor es muy solicitado en el mundo agrícola porque “el desecho de esta especie, el guano, es un magnífico fertilizante”, añade. Por otro lado, a los amantes de los insectos les gusta tener cajones llenos de grillos y en Insgood, además de comprarlos, pueden adquirir los materiales necesarios para su cría como pienso específico o bebederos.

Blaptica dubia.   CEDIDA
Blaptica dubia.   CEDIDA

 

El granjero de insectos muestra una de las especies.   CEDIDA
El granjero de insectos muestra una de las especies.   CEDIDA

En Andalucía hay muy pocas granjas de insectos como esta, según Luis, “habrá unas cuatro legales”. Por ello, las reservas y zoológicos de la zona solían comprar este producto fuera de España, en República Checa o en otras ciudades del norte de Europa. “El insecto sufre este tipo de trayectos, el producto con el que trabajamos es muy delicado cuando lo vendemos en estado vivo”, cuenta el sevillano que se insertó en un sector muy nuevo apenas explorado en la región.  

La insecticultura parece que ha llegado para quedarse. Con el fin de 'hacer piña', los socios ya han empezado a crear sinergias con otras granjas a nivel nacional. “Uno de los contras que tiene es que el camino no está hecho, pero estamos aquí porque pensamos que puede ser el alimento del futuro”, expresan. De momento, son un grupo reducido pero su trabajo interesa a muchas personas que llaman a la granja buscando ayuda para crear su propio criadero o para colaborar con ellos.  Además, apuestan por la sostenibilidad frente a otros tipos de ganadería convencionales.

"Esta actividad es bastante beneficiosa para el medio ambiente"

“Hay muchos estudios que determinan que esta actividad es bastante beneficiosa para el medio ambiente. Un kilo de carne de cerdo o de vaca necesita hasta 8 kilos de alimentación mientras que cada kilo de insecto solo necesita dos”, señala Luis, convencido de que los bichos, “pura proteína”, llegarán al consumo humano. Otro de los datos por los que defiende esta práctica genera menos gases de efecto invernadero que, por ejemplo, los cerdos.  El mundo de los insectos se abre paso. ¿Serán los protagonistas de un nuevo boom en Andalucía?

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