En una mesa dispuesta para una cena, entre copas, platos y conversaciones cruzadas, alguien esconde un secreto. No se trata de una velada cualquiera. En algún punto de la noche, entre risas, miradas cómplices y gestos sospechosos, un asesinato ficticio deberá ser resuelto. Así funcionan las llamadas cenas con asesinato y fiestas criminales, una forma de ocio inmersivo que ha ido ganando terreno en los últimos años en la provincia de Cádiz y en otros puntos de Andalucía.
Estas experiencias combinan teatro, juego de rol y narrativa interactiva. Cada participante recibe un personaje, un guion y una serie de pistas que deberá interpretar y compartir. No hay tablero, dados ni pantallas. Todo ocurre en la conversación, en la observación y en la capacidad de cada jugador para leer entre líneas. Tal como explican sus organizadores, "son los propios jugadores, la gente que participa en el evento", quienes construyen la historia en tiempo real.
El desarrollo del juego está acompañado por monitores especializados que se encargan de explicar las normas, resolver dudas y mantener el ritmo. "Nosotros tenemos dos formatos", detalla Juan Carmona, uno de los coordinadores de Cluedo Cádiz junto a Nelly Valenzuela. "Las cenas con asesinato, más reducidas, y las fiestas criminales, pensadas para grupos más numerosos". En ambos casos, el papel del monitor es discreto: guía sin protagonizar, orienta sin interferir en la trama.
La experiencia comienza antes incluso de sentarse a la mesa. Días antes del evento, los participantes reciben su personaje, una descripción de su papel y sugerencias para el vestuario. El disfraz no es obligatorio, pero añade una capa más de inmersión. Vestirse como un mafioso de los años veinte, una heredera victoriana o un camarero sospechoso ayuda a dejar atrás la rutina y entrar en una ficción compartida.
Durante la cena, la historia avanza al ritmo de los platos. "La idea es que al principio la gente reciba la explicación ya sentada y mientras están comiendo, vayan compartiendo esa información", explican. No hay pausas dramáticas ni escenas teatrales convencionales. Todo sucede entre bocado y bocado, en conversaciones aparentemente casuales que esconden datos clave. Lo cotidiano se transforma en parte del juego.
Las fiestas criminales, por su parte, funcionan como un gran tablero humano. A partir de 14 personas, el formato se vuelve más dinámico: los participantes se mueven, negocian, intercambian información y cumplen objetivos. "Se organiza tipo cóctel", señalan, lo que favorece los encuentros improvisados y las alianzas temporales. Cada gesto puede ser una pista, cada frase, una coartada.
Las temáticas son uno de los pilares del éxito de estas experiencias. Desde mansiones inglesas del siglo XIX hasta bares clandestinos en el Chicago de la ley seca, pasando por el salvaje Oeste o historias contemporáneas, cada juego propone un universo propio. "Hay un montón de personajes", explican, diseñados para que todos tengan algo que ocultar y algo que descubrir. Ningún jugador es irrelevante.
Para toda la familia
Aunque en principio están pensadas para adultos, estas actividades han demostrado ser intergeneracionales. "Muchas veces participan familias", señalan. La única condición indispensable es saber leer y comprender los documentos que forman parte del juego. Así, en una misma mesa pueden coincidir adolescentes, padres y abuelos, unidos por el reto común de resolver el misterio.
Detrás de este proyecto hay una historia ligada al mundo de los juegos de mesa, el rol y el teatro. La iniciativa nació en Sevilla en 2014 y llegó a Cádiz en 2017, impulsada por personas que buscaban convertir su afición en una forma de vida. "Es un trabajo y un hobby también", reconocen los organizadores. Desde entonces, han ido perfeccionando los formatos, ampliando las temáticas y profesionalizando la experiencia.
Más allá del entretenimiento, las cenas con asesinato ofrecen algo cada vez más escaso: tiempo compartido sin pantallas, conversaciones sin prisas y una historia que solo existe durante unas horas. "Que se lo tomen como unas vacaciones de ellos mismos", recomiendan a los participantes. Durante ese tiempo, nadie es quien dice ser, todos sospechan de todos y la realidad queda en suspenso hasta que, al final de la noche, el culpable queda al descubierto.
