En el bajo de la vivienda en la que se crio, en plena calle Arcos, Daniel Márquez (30 años) ha hecho realidad un proyecto que llevaba tiempo rondándole la cabeza: abrir su propio bar. Así nació Casa María, un negocio que apenas suma tres meses de vida y que ya se ha hecho un hueco en una de las zonas gastronómicas más dinámicas de Jerez.
La elección no fue casual. La calle Arcos vive desde hace años un auge hostelero, impulsado también por el crecimiento de los apartamentos turísticos y la presencia de varias bodegas históricas en la misma vía. “Es una calle que conozco perfectamente, sé cómo se mueve el ambiente y vi que era el mejor momento y el mejor sitio”, resume Márquez.

La comida de siempre, como en casa
Casa María nace con una idea clara: recuperar la cocina tradicional jerezana, la de las abuelas y las madres, la del guiso a fuego lento. "Veía que se estaba perdiendo esa comida de toda la vida. Quería ofrecer lo que uno puede comer en su casa: berza, menudo, carrillá, albóndigas en salsa…”, cuenta el propietario.
La berza jerezana es, sin discusión, el buque insignia. A ella se suman otros platos de cuchara que rotan durante la semana, además de una carta fija con ensaladilla, chicharrones, embutidos, jamón, quesos o ensaladas. El producto, subraya, es fresco y de proximidad: compras en la Plaza, pescados del día —bacalao, salmón, gambas— y una apuesta decidida por el género local.

Pero si algo marca la diferencia es el origen de las recetas. María, la madre de Daniel, no solo da nombre al establecimiento: es la responsable de los guisos. "Ella es la que le da el toque maestro. Lo difícil es hacer el guiso y darle ese sabor; luego emplatar lo hace cualquiera”, afirma Márquez con una sonrisa. Él ayuda, pero reconoce que el secreto está en casa desde siempre.
Una vocación heredada
Daniel Márquez confiesa que ha “mamado” la hostelería desde pequeño. Sus padres han regentado distintos negocios y él empezó a trabajar con 16 años. Aunque también ha ejercido como profesor de piano y ha pasado por otros sectores, la restauración siempre ha estado presente en su vida, con experiencias en ciudades como Sevilla o Málaga.

“La hostelería es muy sacrificada, lo he visto en mis padres. Horas y horas, sin descanso. Pero también es muy gratificante cuando ves algo tuyo funcionando”, asegura Márquez. Y aunque los comienzos no son fáciles —“muchas horas, estoy aquí todo el día...”— el balance es positivo. “La reacción del público ha sido buena, estamos muy contentos”.
La apertura, además, se aceleró para no perder la campaña navideña. “Monté el local prácticamente en un mes. No quería dejar pasar esa oportunidad para darme a conocer”, recuerda. La estrategia funcionó y la Navidad sirvió de escaparate para un proyecto que ahora consolida a su clientela.
Vinos de Jerez y venta directa
En una calle jalonada por bodegas, el vino no podía faltar. Casa María trabaja referencias de firmas históricas como González Byass, Bodegas Williams & Humbert, Bodegas Fundador, Bodegas Lustau, Sánchez Romate o Ximénez-Spínola. “¿Cómo no voy a tener vino, teniéndolo a mano?”, bromea Daniel.
Además del servicio en sala, el local dispone de un pequeño escaparate para la venta directa, como si de una licorería o una pequeña bodega se tratara, reforzando así su vínculo con la tradición vinícola de la zona.
Con el sabor de siempre y el respaldo de una historia familiar ligada a los fogones, Casa María se abre paso en la calle donde creció Daniel Márquez. Un proyecto que mira al futuro sin perder de vista la receta más importante: la de casa.


