5 playas de Cádiz para dar esquinazo al Levante

El litoral de la provincia de Cádiz cuenta con varias calas y espacios en los que se puede disfrutar del sol sin sufrir los estragos de los fuertes vientos del Este

Calas de Roche, en Conil.
Calas de Roche, en Conil.

La provincia reúne 260 kilómetros de costa y 138 kilómetros de playas: calas, ensenadas, arenales de varios kilómetros y un elemento meteorológico tan característico como temido: el Levante. El verano de 2016 sufre el peor temporal motivado por este fenónmeno de los tres últimos años. Dificulta las conexiones marítimas por catamarán y ferry, llega a estropear las vacaciones tan ansiadas y supone un fuerte varapalopara los negocios que viven del turismo de playa, ya que el gasto diario del turista en la provincia asciende a 77,35 euros al día y en el caso de estar castigados por el viento, en ocasiones, se muestran reticentes a volver.

Los hosteleros y gerentes de empresas destinadas al ocio, las delegaciones de turismo de los ayuntamientos y las empresas de eventos culturales insisten en la amplia oferta de la provincia, más allá de las tumbonas… pero, ¿por qué privarse del privilegio de disfrutar de la costa contra viento y marea? Salvo excepcionales rachas de viento realmente peligrosas, es posible tomar el sol, leer, jugar a las palas, dormir la siesta, saborear un trozo de tortilla y brindar con un cóctel sin que la arena lo invada todo, y sin correr detrás de la sombrilla.

La provincia cuenta con 83 playas, muchas de las cuales aparecen en los rankings de las mejores de Cádiz. A continuación te presentamos la lista de los mejores rincones costeros gaditanos para dar esquinazo al Levante.

La Caleta, en Cádiz

Si lo que el turista busca es resguardarse del viento sin renunciar a un gran número de servicios es una gran elección. Con apenas medio kilómetro de longitud y 50 metros de anchura, sus aguas son ricas en diversidad marina, muy tranquilas y aptas para el baño. Puedes broncear tu piel mientras contemplas las vistas maravillosas del antiguo Balneario, hoy convertido en Centro de Arqueología Subacuática, enclavado en la misma orilla, y el Castillo de San Sebastián y el de Santa Catalina flanqueando la entrada, un verdadero privilegio. La Caleta, emblemática playa de la capital, cuenta además con una gran historia, fue un puerto natural para diferentes culturas durante milenios, donde fondearon sus embarcaciones fenicios, cartagineses y romanos. En sus fondos marinos se encuentran restos arqueológicos de naufragios ocurridos en épocas pasadas.

La playa de las Mujeres, en Cádiz

A diferencia de la Caleta, se halla en la zona de extramuros, es la continuación de la Playa de la Victoria y se extiende desde el cementerio, aproximadamente, hasta la altura de Puerta Tierra, donde comienza el espigón y el campo del sur. En total 650 metros de longitud y 50 metros de anchura. Ideal para huir del Levante en familia, así como para la práctica del bodysurfing. Este pequeño paraíso, al igual que la Caleta, también presume de haber obtenido el distintivo de la Bandera Azul de los mares limpios de Europa.

La Barrosa, en Chiclana

Los ocho kilómetros de la playa de la Barrosa cubiertos en parte por un paseo marítimo llevan de la Torre del Puerco hasta la zona del acantilado, que divide la costa chiclanera y la separa de la playa de Sancti Petri. El primer tramo de La Barrosa está perfectamente urbanizado, con un paseo marítimo que ofrece una gran cantidad de servicios (duchas, restaurantes, bares, quioscos...), urbanizaciones y hoteles. Goza desde 1988 del distintivo europeo que premia las playas limpias y con profusos servicios. Muchos la consideran la mejor playa de España. Además de cortaviento invita a diario a ver el espectáculo de la puesta de sol con el castillo de Sancti Petri como fondo; sus cristalinas y azuladas aguas, sus doradas arenas, sus inmensas dunas, sus pinares alrededor, sus sellos de calidad. Posee amplias zonas de aparcamiento y unos accesos que permiten su disfrute por toda clase de público, independientemente de sus posibilidades de movilidad, propician que estas playas estén a disposición de todos los que aspiren a visitarla sin ningún tipo de limitaciones.

Calas de Roche y del Aceite, en Conil

Se encuentran en la zona norte de la localidad, entre la Fuente del Gallo y la urbanización Roche. Ostentan una gran belleza que les dotan de un alto valor paisajístico. Puras, sosegadas, íntimas y acogedoras, algunas de difícil acceso y situadas bajo los impresionantes acantilados de la costa norte de Conil, en plena naturaleza. En ellas está permitido el nudismo. Hay que tener cuidado al lanzarse al agua, ya que puede haber rocas. Aunque protege del Levante, la playa se reduce considerablemente con la marea. Excepto en la Cala del Aceite, que cuenta con chiringuito en verano, los restaurantes y bares más cercanos se encuentran en el puerto de Conil, junto a la desembocadura del Rio Roche, en la urbanización Roche o en Roche Viejo. La cala del Aceitetiene 450 metros de longitud por 25 metros de anchura. Normalmente el nivel de ocupación de esta cala es medio. Es una playa semiurbana compuesta de arena fina y aguas turquesas reguardada del viento de la zona por unos acantilados y a la que se accede mediante unas escalerillas. Está de camino al faro de Roche. En la carretera y un poco antes de llegar al puerto, hay una señal que indica la entrada a la cala y al camping que lleva su nombre. Bajo unos pinos hay una zona de aparcamiento y se puede acceder por un camino en pendiente, que luego hay que volver a subir.

Las Tres Piedras, en Chipiona

Los turistas y amantes de la costa pasan días ideales en esta playa ajena al fuerte viento del Este que arranca la finísima arena provocando un azote constante a cualquier cosa o persona que se mueva a medio metro del suelo en el resto de la provincia. La playa se encuentra entre el acceso del Centro de Interpretación del Camaleón y el del Parque de los Lagos y Plaza del Mar, del Complejo Turístico Costa Ballena. A ella se llega atravesando el núcleo rural diseminado de Las Tres Piedras, junto al camping El Pinar, o por el camino del Arroyo Antonaria o de Chapitel. Unos 2.800 metros de playa rururbana seminatural, abierta y regresiva en los que los amantes del deporte practican puntualmente surf, wind surf y kite surf.

Sobre el autor:

María Luisa Parra

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