Puestas de sol en la terraza "mirador" del hotel Guadalquivir: más de medio siglo de vistas a Sanlúcar

El edificio más alto de la ciudad cumple 53 años como atractivo turístico gracias a las espléndidas vistas que ofrece su terraza Camarote, considerada una visita obligada para vecinos y visitantes

Terraza Camarote en el hotel Guadalquivir de Sanlúcar.
Terraza Camarote en el hotel Guadalquivir de Sanlúcar. MANU GARCÍA

A vista de pájaro, una diminuta calzada de la duquesa Isabel destaca entre callejones. A lo lejos, el sol anuncia que en poco tiempo regalará un bonito ocaso. Desde arriba todo parece inmenso. La terraza del hotel Guadalquivir desvela rincones sanluqueños mientras una imponente Doñana se deja contemplar. Este espacio ubicado por las alturas es todo un emblema del turismo en Sanlúcar y el “skyline” por antonomasia de la localidad gaditana donde los sorbos de Manzanilla acompañan al galope de los caballos.

Han pasado 53 años desde que este llamativo edificio se abriera paso entre los imprescindibles y se convirtiera en el lugar favorito de locales y visitantes para capturar unas vistas panorámicas con encanto. Fue en noviembre de 1968 cuando el mismísimo Manuel Fraga, por entonces ministro de Información y Turismo, inauguró este hotel de 12 plantas cargado de historias por contar.

La calzada de la duquesa Isabel desde la terraza.
La calzada de la duquesa Isabel desde la terraza. MANU GARCÍA
 

“Aquí estaban las oficinas de la televisión local de Sanlúcar. La presentadora Toñi Moreno dio sus primeros pasos aquí con 15 años”, comenta Jordi Varas mientras recorre la conocida terraza Camarote. El jerezano adjunto a la dirección lleva pisando los pasillos de esta insignia hotelera desde que tiene uso de razón. “Yo recuerdo que me iba para arriba y hablaba con los periodistas, me daban películas”, dice con nostalgia.

Jordi no ha pasado parte de su infancia en la habitación 202 de este edificio por casualidad. Antes del trasiego de comunicadores y turistas, su padre Jorge Varas Lacayo lo adquirió en 1979, después de dos años clausurado por quiebra.

“Aquí estaban las oficinas de la televisión local de Sanlúcar”

Con no más de 30 años, el catalán-natural de Barcelona- lo rescató de las garras del olvido y puso en marcha un nuevo proyecto como director general de la cadena Hoteles Var, con presencia en Segovia y en el parque natural de Cazorla. “Él se vino a Andalucía, siempre ha sido muy trotamundos y ha gestionado otros hoteles, pero la mayor parte de su vida profesional la ha dedicado a este”, explica su hijo, de 37 años, notando el calor del sol en su rostro. Desde entonces, no ha salido de este edificio donde se escucha el bullicio de las familias que disfrutan del espectáculo visual.

Vistas desde la terraza del hotel.
Vistas desde la terraza del hotel. MANU GARCÍA
 

“Es el más alto de la ciudad”, comenta Jordi. Según sus cálculos, está sentado a unos 40 metros de altura, nada más y nada menos. Su estructura, que nunca ha cambiado, es ya un punto de referencia para controlar la localización. “Miras un poco y te sitúas por el hotel. En una población con unos edificios tan bajitos, sin duda esto sobresale.”, añade.

A la mítica terraza la llamaban “la parrilla” y en ella se llegaron a organizar bingos a la luz de la luna. De hecho, todavía hay personas que se refieren a ella con este nombre de origen desconocido. Con el tiempo, este coqueto “mirador” se ha ganado ser “visita obligada” en el itinerario turístico. “Muchos no saben que está abierto al público general, no solo para los clientes”, explica Jordi que ve como algunos visitantes se sorprenden al descubrir que también tiene servicio de bar.

Una persona contemplando las vistas.
Una persona contemplando las vistas. MANU GARCÍA
Interior de la terraza Camarote.
Interior de la terraza Camarote. MANU GARCÍA
 

Al mirar al techo, se le vienen recuerdos a la mente. “Tengo un vídeo familiar en el que salgo celebrando mi primer añito aquí”, dice a punto de mostrar otros recovecos singulares. Más allá de la famosa terraza, este hotel guarda otros secretos que han sufrido varias reformas en los últimos años. La fachada del hotel Guadalquivir se pintó por primera vez hace un par de años tapando su apariencia “a ladrillo visto” y con aires más renovados lució su suave tono ocre. Pero eso no es nada comparado con la cantidad de cambios que se han tenido que hacer para mantenerlo.

“Muchos no saben que está abierto al público general”

“En los hoteles no puedes parar nunca, siempre estamos en un estado constante de reformas. No puedes tenerlo parado nunca, si no se te cae” asegura el hotelero recién llegado a la empresa familiar tras más de 20 años como freelance en el sector de la publicidad y el diseño.

Jordi durante la entrevista con lavozdelsur.es.
Jordi durante la entrevista con lavozdelsur.es. MANU GARCÍA

Jordi conoce como la palma de su mano este edificio. El tintineo de llaves resuena en sus bolsillos. Con soltura se dirige a la taberna llamada Central Station, local que albergó la discoteca Boga hasta principios de los 2000. Bajo una gran bola de luces se celebraban bailes que pasaron a la historia. En la actualidad, el establecimiento cuenta con una locomotora real comprada a Renfe y con una recreación auténtica de un vagón-restaurante del Orient Express- mítico tren que viajaba entre París y Estambul el siglo pasado.

No le falta detalle. Hasta un maniquí vestido de revisor de tren-con los zapatos “con los que mi padre se casó”- vigila la entrada. Enfrente, en la barra de la taberna se encuentra Antonio, uno de los empleados históricos del hotel con 29 años a sus espaldas. “Hace tanto de eso…”, suspira. El sanluqueño se refiere a las fiestas de la extinta discoteca, donde empezó. En total hay 35 personas trabajando simultáneamente para la comodidad de los clientes. Entre ellos, la actual gobernanta que, según Jordi, “empezó a trabajar aquí antes de que mi padre comprara el hotel”.

Las subidas y bajadas en ascensor hasta la última planta caracterizan a este lugar al que también ha golpeado la pandemia. “Se ha vivido con mucha incertidumbre. Diría que la hotelería ha sido el sector más afectado. Cuando las fronteras han estado cerradas, todavía podías salir a tomarte una copa, pero un hotel para qué iba a estar abierto”, expresa. Para él, “el daño económico no es comparable a nada que haya pasado aquí”. Pero este verano, la crisis ha dado un respiro.

Vagón-restaurante del Orient Express.
Recreación del vagón-restaurante del Orient Express. MANU GARCÍA
Interior del vagón-restaurante.
Interior del vagón-restaurante. MANU GARCÍA

Como dice el jerezano, “ha sido inesperado, en cuanto se abrió, el teléfono empezó a echa fuego y desde entonces no paró”. Las ganas de cambiar de aires se han notado. “Se ha conseguido superar a 2019 gracias a que tenemos un público muy nacional”, explica.

Al bajar a la recepción, se adentra en la sala de reuniones donde se halla otra curiosidad. Un enorme cuadro que representa a unos pescadores salta a la vista. “Vienen grupos pidiendo ver la obra. Un día lo mismo ese cuadro acaba valiendo más que el hotel”, cuenta frente a una vitrina llena de homenajes y un recorte de periódico del día de la inauguración.

Cuadro en la sala de reuniones.
Cuadro en la sala de reuniones. MANU GARCÍA

Entre recuerdos y llaves, Jordi afirma que le dará el relevo a su padre. El reloj ya marca las 20.49 horas. La puesta de sol está a punto de comenzar.

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