Niños jugando.
Niños jugando.

Leo que va a ser una realidad la recuperación de la zona cero de intramuros y que el solar donde tenía que levantarse la impresionante Ciudad del Flamenco de Herzog y De Meuron va a convertirse en un espacio donde se situará un parque infantil y distintos equipamientos. Además de darle uso a ese solar que tan “barato” salió (casi 20 millones de dinero público enterrados en forma de pantallas de cimentación y otras obras necesarias para un edificio que nunca se levantará), el proyecto va a suponer reordenar el entorno de la plaza Belén, con actuaciones no sólo en el propio solar sino también en las calles adyacentes. Ojalá que esta intervención integral suponga el comienzo real de la regeneración y recuperación de un espacio de más de 9.000 metros cuadrados en el centro histórico y que ejemplifica uno de tantos intentos fallidos que ha habido en esta ciudad. Sería un auténtico éxito que una intervención modesta devolviera la vida y salvara esta zona a la que un proyecto colosal y desmesurado sólo trajo degradación, abandono y vergüenza.

Desconozco los detalles del proyecto más allá de saber que se instalará un parque infantil y que se construirán terrazas para usos diversos y gradas a modo de pequeño auditorio al aire libre. Pero me ha dado por pensar qué pasaría si se implicara a los ciudadanos en el proceso, tal como se ha hecho en otras ciudades con proyectos de co-creación y participación que han permitido la transformación y recuperación de espacios. Y puesto que está prevista una zona para el juego infantil, ¿qué pasaría si preguntásemos a los propios niños sobre que les gustaría? En casa los niños que ya han preguntado si no construirán alguna pista deportiva junto a la zona de columpios, tal como vimos en algún parque del centro de Bilbao o San Sebastián el verano pasado.

La co-creación consiste en conectar a quien produce algo, con quien lo fabrica y con quien lo usa, buscando que la participación de todas las partes mejore el resultado. Este método se ha usado con éxito en el diseño de espacios exteriores. El involucrar a las distintas partes ya es en sí mismo un valor y los procesos participativos pueden desembocar en resultados sorprendentes que persisten en el tiempo porque ser parte activa en el proyecto te lleva a hacerlo y sentirlo tuyo, respetarlo y disfrutar con el resultado. Además la creación de equipos de trabajo multidisciplinares, con profesionales de distintos ámbitos junto a los propios usuarios, enriquece el proyecto y lo hace crecer con las aportaciones de cada uno.

Los niños pidieron “bocadillos eternos, amigos para siempre y un elefante”. Deseo concedido

Hace poco se presentaba en el madrileño barrio de La Latina el espacio Almendro 3. Un lugar mágico que ha permitido recuperar un solar que llevaba más de 30 años en estado de abandono  y que ahora está lleno de niños jugando y vecinos disfrutando. A los niños se les preguntó que querían. Los niños pidieron “bocadillos eternos, amigos para siempre y un elefante”. Deseo concedido. Muchas veces no es cuestión de equipamientos último modelo, es cuestión de ponerle imaginación y de satisfacer necesidades. Sin restar importancia a que todos puedan participar activamente en el diseño y rehabilitación de los espacios.

Esta forma de trabajar no es nueva. En los años 90 los procesos participativos propiciaron un gran cambio en ciudades como Berlín, y hay experiencias pioneras en ciudades de Italia y Austria vinculadas a corrientes pedagógicas que reivindican al niño como ciudadano y plantean la necesidad de repensar las ciudades para la infancia. En el mismo Madrid el proyecto “Esto es una plaza” en Lavapiés, tiene casi 10 años. Surgió como un lugar de ocio alternativo, de desarrollo de tejido social, un jardín comunitario, un huerto ecológico, un lugar para eventos, para jugar, para hacer deporte y desarrollar actividades didácticas con niños.

Detrás de iniciativas como estas están los ayuntamientos y diferentes colectivos e instituciones (en Madrid merece la pena conocer el trabajo del equipo de arquitectos de Zuloark, Basurama, Intermediae, MediaLab o Todo por la praxis, el colectivo que junto con otros agentes creó en el barrio de Usera el cine que anima con una amplia programación cultural las noches de verano). Sirva de ejemplo una iniciativa más cercana lanzada esta misma semana por La Casa de la Ciencia de Sevilla para musealizar sus exteriores. Bajo el nombre 'Ciencia al Descubierto'  se presenta como un proyecto participativo coordinado por CuartoCreciente, en el que se contará con la ayuda de expertos en diferentes disciplinas (pedagogos, psicólogos, arquitectos, paisajistas, docentes…) pero con una metodología de trabajo en la que en el diseño final del espacio a transformar también se tendrán en cuenta las aportaciones  de los propios usuarios (incluídos los niños), a través de distintos canales de participación (cursos,talleres,encuestas...)

No sé si es que conservo la candidez infantil pero quiero pensar que entre todos se pueden hacer cosas, hace falta voluntad e implicación de todas las partes

¿Sería posible trabajar en Jerez como ya se trabaja en otras ciudades? ¿Serían viables los procesos participativos? ¿Es factible plantear  que  los técnicos municipales no llegasen con un proyecto cerrado, sino que fuesen construyendo  estos en base a lo que necesitan e imaginan los vecinos? ¿Se podría implicar a distintos colectivos? ¿Se escucharía a los niños? La crisis ha llenado las ciudades de solares, algunos de propiedad municipal. ¿Y si le diéramos la vuelta y esa desastrosa situación fuera ahora la oportunidad de imaginar otra ciudad? En ocasiones se trataría de abordar  intervenciones muy puntuales, en el tiempo y en el espacio, en otras ocasiones se trataría de intervenciones más ambiciosas. Lo que de verdad importa es el germen transformador que pueden llevar asociadas.

Me consta que en esta ciudad ha habido algunas experiencias por parte de colectivos vecinales que han pretendido la recuperación y puesta en valor de espacios degradados y olvidados a partir de actividades concretas. Muchas veces el ingente trabajo que hay detrás de todos estos intentos se diluye o incluso se pierde por falta de apoyos.

No sé si es que conservo la candidez infantil pero quiero pensar que entre todos se pueden hacer cosas, hace falta voluntad e implicación de todas las partes. Buscar conexiones y el apoyo institucional. El camino es largo, pero en esta ciudad ya demostramos paciencia infinita para muchas cosas. Que no haya que esperar a que sean los hijos de los hijos de los niños de ahora los que disfruten de la ciudad amable que sus abuelos ya imaginaron y demandaron un día.

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