Venta La Palmera, medio siglo celebrando goles tras el estadio de El Puerto: “Aquí hemos llorado y reído”

Juan Caraballo continúa con este establecimiento fundado por su abuelo en 1972 que cumple 50 años reuniendo a futbolistas y directivos de clubes amantes de la comida casera

Juan Caraballo Barba, propietario de la venta La Palmera de El Puerto.
Juan Caraballo Barba, propietario de la venta La Palmera de El Puerto. MANU GARCÍA

Los gritos de una afición animando a su equipo del alma llevan medio siglo escuchándose desde un establecimiento escondido detrás del estadio José del Cuvillo de El Puerto. Fue en 1972 cuando la venta La Palmera echó sus raíces entre pinares en un lugar invisible desde la carretera, pero reconocido por todo aquel enamorado del fútbol.

Sus orígenes se remontan al inicio de la construcción del estadio, unos años antes de la inauguración de la venta. “Mi abuelo vivía aquí, en su parcela, y cuando se enteró, puso un pequeño quiosco para vender bocadillos y refrescos a los trabajadores de la obra”, cuenta Juan Caraballo Barba, de 42 años, tercera generación de la familia que se asienta en este terreno.

Juan Caraballo durante la entrevista en la terraza.
Juan Caraballo durante la entrevista en la terraza. MANU GARCÍA

El portuense recuerda a José Caraballo, impulsor del negocio en una época en la que no existía la avenida de la Paz de Valdelagrana y el camino de acceso se hallaba delante del local.

Su abuelo, al que no llegó a conocer, se dedicaba a la agricultura en un huerto propio que hoy perdura junto a la terraza. Ni por asomo, se había planteado adentrarse en la hostelería, hasta que llegó ‘El Cuvillo’ para darle una vuelta a la tortilla.

“Según cuenta mi padre, por aquí pasaba la Guardia Civil porque tenía distintos puntos de vigilancia y venían a tomar el cafelito”, comenta Juan sentado en una de las mesas señalando el rastro del sendero.

Juan muestra el salón interior.
Juan muestra el salón interior. MANU GARCÍA
El hijo del fundador, Juan Caraballo, continuó con la tradición familiar allá por el 1982. Así, conservó intacto el nombre de pila de esta venta que comenzó siendo el lugar de encuentro de los aficionados que acudían al estadio a ver los partidos.

Se llama así en honor a la palmera que se encontraba en la rotonda de enfrente. “Ahí estuvo hasta que el picudo rojo se la comió hace unos siete años”, dice Juan mirando la parte del tronco que aún pervive.

Salón interior de la venta.
Salón interior de la venta. MANU GARCÍA

Pronto, se fue corriendo la voz y empezaron a visitar el establecimiento turistas y familias, más allá de la clientela futbolera que se reunía -y lo sigue haciendo- frente a la chimenea del salón interior. “No solo de los partidos de los domingos se podía vivir”, explica el hostelero.

“Ahí estuvo la palmera hasta que el picudo rojo se la comió”

El negocio cogió carrerilla y parece que metió un golazo. Ya son 50 años al pie del cañón ofreciendo, además de buenos ratos de amigos y fútbol, unos platos que la madre de Juan, Dolores Barba, preparaba desde los fogones. La portuense siempre le ha dado “su toque” a los guisos, al pescaíto frito y a los arroces que siempre han reposado en las mesas.

Chimenea en el interior de la venta portuense.
Chimenea en el interior de la venta portuense. MANU GARCÍA

“Cocina casera, típica de Andalucía”, concreta Juan que hace un año y medio innovó en la carta y no le fue nada mal. “En septiembre fui de vacaciones a Formentera e Ibiza, probamos arroz con bogavantes, huevos fritos y patatas, y lo pusimos aquí, ha sido un éxito, se vende muchísimo”, explica a la luz del sol con el estadio al fondo. El plato estrella contiene “huevos muy buenos” de las gallinas ponedoras que cría en la parcela.

Cuando llegó la pandemia, la familia habilitó la terraza, antes inutilizada, con el fin de ofrecer comodidad a los clientes. Entre ellos, jugadores de fútbol y directivos de clubes que reservan sitio para sus comidas de empresa.

Uno de los platos de la carta.
Uno de los platos de la carta. CEDIDA
Comida casera en el establecimiento.
Comida casera en el establecimiento. CEDIDA

“De pequeño siempre veía a los futbolistas por aquí”, recuerda el dueño que siempre ha estado vinculado al Racing Club Portuense y es uno de los socios que lo refundó tras un parón de cinco años sin competir. “Aquí hemos vivido ascensos, descensos, hemos llorado y hemos reído”, añade el que ahora es directivo del club.

A Juan se le vienen a la cabeza recuerdos que guarda con cariño. La victoria siempre se disfrutaba con alegría en este rincón que también ha encandilado los paladares de muchos cofrades sevillanos y a toreros de todos los tiempos. “Ellos traen recuerdos para la venta”, dice mostrando carteles de corridas de toros y de tallas de Semana Santa.

Juan Caraballo, durante la entrevista.
Juan Caraballo durante la entrevista. MANU GARCÍA

En sus paredes, junto a una selección de botellas de vino de la tierra, se observa un cuadro de Juan Caraballo padre. Cuantas veces habrá resonado el himno que corean los racinguistas desde hace más de 80 años. “Marchemos siempre unidos, juguemos diligentes, que sea nuestro partido, el que más tantos cuente”.

Sobre el autor:

Patricia Merello

Titulada en Doble Grado en Periodismo y Comunicación audiovisual por la Universidad de Sevilla y máster en Periodismo Multimedia por la Universidad Complutense de Madrid. Mis primeras idas y venidas a la redacción comenzaron como becaria en el Diario de Cádiz. En Sevilla, fui redactora de la revista digital de la Fundación Audiovisual de Andalucía y en el blog de la ONGD Tetoca Actuar, mientras que en Madrid aprendí en el departamento de televisión de la Agencia EFE. Al regresar, hice piezas para Onda Cádiz, estuve en la Agencia EFE de Sevilla y elaboré algún que otro informativo en Radio Puerto. He publicado el libro de investigación 'La huella del esperanto en los medios periodísticos', tema que también he plasmado en una revista académica, en un reportaje multimedia y en un blog. 

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