Todo por Patría

Uno de los platos de Patría, en la pedanía vejeriega del mismo nombre.

Åse y Thomas Donso pasaron muchas noches sin pegar ojo después de abrir su restaurante en junio de 2006. Habían vendido en Copenhague la casa y el coche para venirse a vivir a España. Años antes se habían conocido en Santa Cruz de Tenerife, donde ella era guía turístico y él cocinero en un hotel danés. De nuevo en su país tuvieron claro que regresarían y que desarrollarían aquí algún día su proyecto personal.

Transcurridos seis años, tomaron la decisión. Cogieron un mapa de España, y con el dedo recorrieron a ciegas el papel hasta detenerse en Cádiz, concretamente en Nájara. Allí pasaron sus vacaciones un año antes del traslado definitivo. Las dedicaron a buscar el sitio ideal donde materializar su sueño. Después de mucho buscar, encontraron un antiguo ventorrillo en la comarca de La Janda, concretamente en Patría, una pedanía situada a unos seis kilómetros de Vejer, ideal para hacer senderismo por su enclave natural.

Casi doce años después de su apertura, el Bar Restaurante Patría mantiene su filosofía. Platos ligeros, ensaladas y verduras con un servicio personalizado en el acogedor ambiente de una casa de campo encalada con porches y terrazas.

En los comienzos, lo de las noches en vela estaba más que justificado. El interés inusitado por la gastronomía en nuestro país y la afición creciente por comer sano ni se intuía en 2006. Entonces triunfaban los establecimientos que ofrecían platos colmados de proteínas y grasas. Los Donso quisieron invertir la costumbre. Y claro, a las primeras de cambio no iban a conseguirlo. El negocio familiar lo sostenían principalmente clientes extranjeros, pero la estacionalidad del turismo en la provincia era un problema durante buena parte de los meses del año. Afortunadamente para el negocio, la proporción se ha ido equilibrando hasta el cincuenta por ciento.

Accesos al parking del restaurante.

De Patría me hablaron no hace mucho. De sus menús vegetarianos, pero también de la extraordinaria carne asada. Normalmente es necesario reservar, sobre todo los fines de semana, pero este sábado aprovecho que estamos en pleno temporal para acercarnos.

Nada más tropezarnos con el cartel que nos indica que el Restaurante Patría está a dos kilómetros, no dejamos de toparnos con negocios relacionados con la gastronomía y el vino. En la parte izquierda dejamos Cárnicas el Alcázar, una nave de venta y distribución de carne de retinto certificado, vacuno, cerdo ibérico y carne de caza mayor y de lidia. También a la izquierda, y aunque no está bien señalizado, reparo en la entrada a una bodega artesanal con vinos de autor, Etú, que produce vinos tintos, blancos y rosados con una producción muy limitada.

Llegamos al restaurante. Aunque he reservado a primera hora, no hay muchos coches aparcados en la explanada exterior que señala el cartel de “parking”. El tiempo lluvioso hace que el porche esté vacío, no así la terraza exterior que en invierno se encuentra acristalada y por la que entra toda la claridad que puede aportar un día encapotado como el de hoy.

La coqueta terraza de Patría.

Åse nos recibe con amabilidad y cercanía y nos explica cómo es la orgánica en Patría, donde la clave está en la palabra autoservicio. Contrariamente a lo que uno se suele encontrar en los buffet, la clientela es bastante respetuosa y correcta. El hilo musical en tono medio bajo y las velitas invitan a hablar en voz baja, a pesar de que es mediodía. Aún quedan resquicios del viejo ventorrillo, como el suelo de loza y el alicatado de las paredes a media altura. El resto de la decoración es sencilla, sin llegar al minimalismo, y con colores claros tanto en las paredes como en el mobiliario.

La carta cabe toda ella en apenas una cuartilla. Queso y embutidos de la zona, dos tipos de cremas de verduras, cinco ensaladas, suquet de pescado y mejillones y asados de ternera y de cerdo con patatas y mojo picón. Además, tres postres.

Mucho más extensa es la carta de vinos. Treinta y ocho referencias entre rosados, cavas, tintos y blancos de hasta una veintena de denominaciones, y generosos, con especial atención a los jereces.

En el centro de la sala está el buffet, dispuesto en una zona cuadrada. Voy a aprovechar para probar un poco de cada cosa. Patría tiene a sus proveedores en Conil y su oferta está supeditada a los productos de temporada. Cada dos semanas cambian la carta, por lo que a lo peor, si tardan mucho en descubrir sus encantos, la han cambiado de cabo a rabo.

Un plato de pez cochino.

En pleno invierno aún, opto por una crema caliente de patata y coliflor. La patata aporta textura con su almidón, y todo el aroma y el sabor la coliflor. Estupenda con el Tío Pepe con el que comienzo el almuerzo, que continuaré con un par de limonadas hechas de forma artesanal. Una de limón y jengibre, y otra de agua de Panela.

Los embutidos, a base de chorizo, salchichón y morcillo, rayan a buen nivel. También el suquet de pescados y mejillones.

Utilizo las ensaladas como acompañamiento de los asados. La de col con pesto y espinaca es apropiadísima. Al igual de la de brócoli, anacardos, zanahorias y pasas, que además de muy saludable, al estar las verduras crudas, aporta mucho color.

Entre plato y plato opto por un chupito de kale, piña y coco que me refresca la boca. También por una cremita de berenjena asada de sabor muy agradable con verduritas aliñadas y yerbabuena.

La carne es de ternera y cerdo. Contrariamente a lo que suponía, la primera no es de retinto, sino de Ávila, de color, textura y sabor muy parecida. La de cerdo no es ibérica, lo que se nota en un menor contenido graso, aunque el punto de la carne es perfecto en ambos casos. Es Thomas el encargado de cortarla en el momento y de explicarme su secreto, hasta donde puede leerme claro.

Los postres están a la altura del resto del buffet, destacando una mousse de canela espectacular, una tarta con remolacha, nueces y chocolate menos brillante y una macedonia de frutas donde predomina el melón.

Me marcho convencido de haber acertado. Pero a Patría, por su emplazamiento natural, sus vistas y sus puestas de sol, hay que ir un día soleado para que la experiencia sea completa. De lo contrario, Åse y Thomas no hubieran tenido necesidad de haberlo dejado todo por este paraíso. Sus hijos se lo agradecerán, pero sus clientes, entre los que paso a incluirme, también.

Bar Restaurante Patría. Patría, 48, La Muela. 11150 Vejer de la Frontera (Cádiz). Horario: De enero a mayo, sábados, domingos y festivos, de 13 a 16 horas. Sábados, de 20 a 23 horas. Semana Santa, miércoles a domingos, de 13 a 16. Jueves a domingos, de 20 a 23. Mayo y junio, de miércoles a sábados, de 20 a 23 horas. Sábado a domingo, de 13 a 16 horas. Julio y agosto, de martes a domingos, de 20 a 23.30 horas. Sábados y domingos, de 13 a 16 horas. Septiembre, octubre y noviembre, de martes a sábado, de 20 a 23 horas. Sábados y domingos, de 13 a 16 horas. Diciembre, cerrado. Teléfono de reservas: 687 23 19 23.  www.restaurantepatria.com

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