Garbanzos de rabo de toro deshuesado y pescado fresco de la Bahía son los productos estrella de un lugar muy frecuentado por artistas, periodistas, flamencos y hasta miembros de la realeza.

En 1963 una película fue nominada para recibir el Óscar a la mejor película de Hoolywood. Fue todo un boom para la época, la historia de amor que protagonizaban Juana Lezama, Daniel Martín, Carmen Amaya o Antonio Gades. Una obra de teatro llevada a pantalla grande bajo el título de Los Tarantos. Ese fue el nombre de una venta situada en la entonces carretera nacional que cruzaba por San Fernando antes de llegar a Cádiz. Así, hace unos 30 años, la familia Gómez cogió el negocio y lo transformó en un lugar de comida típica andaluza.

Un lugar que poco a poco fue llamando la atención de artistas, toreros, periodistas, miembros de la realeza, futbolistas y demás personajes de fama reconocida que paraban en el lugar. Camarón de la Isla, Paco de Lucía, Francisco Rivera Paquirri, Rancapino, Juan José Jiménez o el mismísimo don Juan de Borbón, conde Barcelona, han pasado a coronar las paredes de este ilustre lugar en busca de la comida tradicional y los buenos pescados de la Bahía. Así lo narra quien a día de hoy está al frente del negocio, Ignacio Gómez Olarte, hijo de Gabriel, que recuerda con cariño todos esos momentos que se han vivido en la venta. “El tipo de comida es lo que más atrae”, comenta el gerente que sabe que tiene en sus manos uno de los establecimientos más emblemáticos de la Isla. “Poco a poco se ha ido agrandado el local, que empezó siendo un pequeño bar, hasta lo que es hoy”, resalta recordando que alrededor solo había huertas en un tiempo pretérito.A pesar de tener un nombre tan flamenco, incluso el entorno, no se han dedicado a fomentar ese mundo, sin embargo, sí ha habido grandes fiesta “a puerta cerrada”, gracias a la presencia de los clientes y sus invitados. Uno de los cuadros que reciben a los invitados es del guitarrista Paco de Lucía, obsequio de él mismo hacia el padre del gerente cuando actuó en el que sería su último concierto en Cádiz capital. Un busto de Camarón, leyenda viva, y mucha imaginería cofrade y rociera van decorando las salas del local. Reviviendo historias y con la presencia de estampas cofrades de la Semana Santa sevillana. Con la evolución del tiempo, se está intentado buscar nuevas líneas dentro de la cocina, “pero siempre respetando nuestros guisos del día”. Y es que es más que conocido el plato de garbanzos con rabo de toro, que es el plato estrella, o los daditos de choco en su tinta con guarnición de arroz bomba y alioli. “Entre semana el ambiente es más ejecutivo, mientras que los fines de semana es una clientela familiar”, siendo por la noche gente más joven, según Gómez.

Comenta el gerente que el propio conde de Barcelona iba en ocasiones al lugar para comer un lengua de estero o Juan Tamariz, que tiene una casa cerca, “suele escaparse a comer el plato de garbanzos”. Tienen especial cuidado con los alérgenos, según comenta, siendo “uno de los primeros en indicar en la carta los platos y las alergias”. Su cocina tiene muchas salsas, por lo que es complicado de tratar para ciertas intolerancias. En este sentido, hay seis o siete trabajadores formados ya que en este local, “no se trae nadie a trabajar con desconocimiento”. Un valor añadido que ofrece a la citada comida y, por supuesto, al emblemático local.

Son muchos los grandes momentos vividos y como notarias de la historia, las paredes encaladas, luciendo las estampas y recuerdos de un tiempo que pasó, donde al calor de una copa de vino, se podía —y se puede— degustar de la rica gastronomía tradicional del cuchareo. 

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