Al paso de los años te resistes, sí o sí. Sin darte cuenta pasas los cuarenta, con suerte sigues sumando años.

Pasas los cuarenta y cinco, con dos hijos,  un trabajo, una hipoteca. Todo ello, sigo insistiendo,  con muchísima suerte.

Hasta que un día te sorprendes con una braga-faja en la mano, que sin saber como ha llegado a tus manos mientras escogias braguitas nuevas para tu hija de diez años .

Lo peor no es tener una braga-faja en la mano. Ya conocía de su existencia,  por mi madre y por algunas amigas a las que le gusta usarlas en su vida habitual. También había leído en alguna revista de tendencias,  que cada vez más famosas usaban la conocida braga-faja de toda la vida, reinventada,  rediseñada y convertida en objeto de culto. Aunque yo me había limitado a hacer la transición del tanga al culotte,  así, discretamente,  como el que no quiere la cosa. Siendo  tremendamente complicado encontrar culotts sexi,  con encajito,  a juego del sujetador, y una vez en uso, lograr que los encajitos no se plieguen y se metan por otros sitios diferentes a los que deben estar.

Y allí estaba yo, con mi braga-faja en la mano, cuando mi niña me pregunta :

¿Es para la abuela mamá? 

En un acto de valor, le digo:

No cariño,  es para mí,  para la ropa blanca,  que las braguitas se transparentan. 

Una mentirijilla piadosa,  no hace mal a nadie, y en el fondo me mentía a mi misma,  con mi braga-faja color carne en la mano, sin ningún atisbo sensual, haciendo cola en la tienda, dispuesta a comprarla, cuando el dependiente me mira, tras marcarla, y me pregunta:

La quiere para regalo Señora, o es para usted?

Ahí fue cuando el mundo entero se paralizó,  oficialmente dije en voz alta :

Es para mí. Y no tengo intenciones de hacer ningún comunicado de prensa.

Gracias a Dios, ni soy famosa ni tengo paparazzi siguiendo mis pasos. Mi hija, mi braga-faja y yo volvimos a casa, y tras ducharme mientras ella me vigilaba, como hace siempre,  me la tendió  y yo me la puse.

Es fea mami! 

Verdaderamente es fea. Además de la aceptación de que el tiempo no perdona,  que estoy ya en plena menopausia y que las cosas no volverán a ser ni a estar como han estado siempre,  eso pierde importancia,  cuando una simple braga-faja te ayuda a sentirte más prieta,  más segura, y en definitiva más bonita.

Que se pare el mundo y rinda un justo homenaje a la olvidada y rechazada, renegada a veces, braga-faja de la abuela. 

Y no es en sí por ella, ni por la verdad constatada de que al sentirme por “los bajos” más prieta, me sentía mejor. Es sencillamente el hecho de que ya tengo una edad, y no tengo intenciones de deprimirme cuando en apenas dos meses cumpla 46 años y esté más cerca de los 50 que de los 40.

Mis años y yo aceptamos el paso del tiempo lo mejor que podemos y si ello implica lanzarse de lleno al misterioso mundo de las braga-faja, me declaro preparada y dispuesta a vivir esta nueva etapa de mujer madura , en plenas facultades físicas y mentales .

Isabel Jiménez

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