La Madrugá seguramente sea la noche más especial en Sevilla. Cada año está llena de momentos únicos e irrepetibles con las salidas de la Macarena, la Esperanza de Triana, el Gran Poder, el Silencio o el Calvario. Las calles son un hervidero pese a las horas en la que transcurren las cofradías. Nadie se quiere perder la jornada y numerosas personalidades han asistido durante toda la historia a contemplar un espectáculo único en el mundo.
Esto se traslada al arte. Desde hace más de un siglo todos quieren cantarle a la Esperanza Macarena. En 1919 fueron dos jerezanos los que tuvieron el honor. Ocurrió ya en la mañan del Viernes Santo y la situación acabó cn el escritor Manuel Barrios asegurando que una de ellas fue "la mejor saeta que se ha cantado en Sevilla". Tuvo lugar desde el balcón de la antigua casa y sombrería del ganadero Eduardo Miura. El episodio lo narra al completo Guillermo Sánchez en su libro Y la Macarena se vistió de luto.
Ay... Por no saber lo que hacerle,
Y va llorando desesperado,
En Y la Macarena se vistió de luto se recuerda lo que escribió el poeta Joaquín Romero Murube sobre aquel cante. "Rebosaba su vasta humanidad por encima del herraje de los balcones. Se congestionaba en un esfuerzo titánico por llegar a la altura de su sentimiento. (...) La multitud se hacía un mar de silencio. Un silencio tan absoluto que se podía oír el rumor lejano de otras calles y de otros barrios".
Aquel duelo fue ante el Cristo de la Sentencia pero la Esperanza Macarena no tardó en llegar y Manuel Torre volvió a mostrar su voz. A Torre lo siguió El Gloria con otra saeta refrendando un duelo que perdura en el recuerdo. Según Antonio Mairena, recoge el citado libro, "al pedir el capataz que levantaran el paso y pretender la cuadrilla quedarse allí, oyendo aquellas maravillosas saetas, 'se inventó el movimiento mecido'. No obstante, grabaciones anteriores desmienten esta leyenda.


