La Madrugá de Sevilla en la que dos jerezanos compitieron por cantarle la mejor saeta a la Macarena

El escritor Manuel Barrios describió el cante de Manuel Torre como "la mejor saeta que se ha cantado en Sevilla"; el duelo emocionó al ganadero Eduardo Miura

Manuel Torre y el Niño Gloria.
Manuel Torre y el Niño Gloria.
02 de abril de 2026 a las 11:28h

La Madrugá seguramente sea la noche más especial en Sevilla. Cada año está llena de momentos únicos e irrepetibles con las salidas de la Macarena, la Esperanza de Triana, el Gran Poder, el Silencio o el Calvario. Las calles son un hervidero pese a las horas en la que transcurren las cofradías. Nadie se quiere perder la jornada y numerosas personalidades han asistido durante toda la historia a contemplar un espectáculo único en el mundo.

Esto se traslada al arte. Desde hace más de un siglo todos quieren cantarle a la Esperanza Macarena. En 1919 fueron dos jerezanos los que tuvieron el honor. Ocurrió ya en la mañan del Viernes Santo y la situación acabó cn el escritor Manuel Barrios asegurando que una de ellas fue "la mejor saeta que se ha cantado en Sevilla". Tuvo lugar desde el balcón de la antigua casa y sombrería del ganadero Eduardo Miura. El episodio lo narra al completo Guillermo Sánchez en su libro Y la Macarena se vistió de luto.

En esta obra se cuentaque Manuel Torre "hizo temblar los cañones de cobre, los alambiques y las calderas de las máquinas de vapor para bordear sobreros" que había en aquella casa. Su hijo, Tomás Torre, narró los hechos. "Al aparecer en la calle el paso de la Sentencia, él, con los nervios en tensión, apretando los hierros de la baranda, la voz densa, un poco nasal, recibe a la imagen con la mejor saeta que se ha cantado en Sevilla".

Ay... Por no saber lo que hacerle,
Ay... le escupen y lo abofetean, ay...
y lo «encoronan» de espinas
y la sangre le chorrea
por su carita divina,
ay... la sangre le chorrea
por su carita divina.
 
No fue la única que Torre cantó esa noche después de que el público pidiera más saetas. Los testimonios cuentan que logró hacer llorar al ganadero Eduardo Miura, que no era muy dado a emocionarse. Sin embargo, cuando Torre había conmocionado a los presentes al paso de la Macarena, irrumpió la voz del también jerezano Rafael Ramos Antúnez, conocido como El Niño Gloria.
 
Había sonao un clarín ronco
y los tambores destemplaos
a la voz de un pregonero
el sol claro se ha eclipsao
sobre Jesús Nazareno.

Y va llorando desesperado,
mirarle al señor la cara
hasta el rostro lleva ensangrentao
y la cabeza coroná
del martirio que le han dao.
 

En Y la Macarena se vistió de luto se recuerda lo que escribió el poeta Joaquín Romero Murube sobre aquel cante. "Rebosaba su vasta humanidad por encima del herraje de los balcones. Se congestionaba en un esfuerzo titánico por llegar a la altura de su sentimiento. (...) La multitud se hacía un mar de silencio. Un silencio tan absoluto que se podía oír el rumor lejano de otras calles y de otros barrios".

Aquel duelo fue ante el Cristo de la Sentencia pero la Esperanza Macarena no tardó en llegar y Manuel Torre volvió a mostrar su voz. A Torre lo siguió El Gloria con otra saeta refrendando un duelo que perdura en el recuerdo. Según Antonio Mairena, recoge el citado libro, "al pedir el capataz que levantaran el paso y pretender la cuadrilla quedarse allí, oyendo aquellas maravillosas saetas, 'se inventó el movimiento mecido'. No obstante, grabaciones anteriores desmienten esta leyenda.

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Emilio Cabrera.

Emilio Cabrera

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