En 2012, la Hermandad de la Defensión de Jerez vivió un episodio que el paso del tiempo ha convertido en símbolo anecdótico de las incidencias que pueden llegar a ocurrir en las distintas convocatorias de ensayos que se hacen en la ciudad.
Este concretamente ocurrió en la barriada España, durante un ensayo del paso de misterio dirigido por el entonces capataz Francis Franco, cuando un vehículo estacionado bloqueaba la maniobra de salida. La imposibilidad de encontrar a algún propietario del vehículo obligó a los costaleros a afrontar una situación inesperada, transformando una jornada ordinaria en una prueba de resistencia y coordinación.
La parihuela de ensayo se guardaba entonces en aquel garaje y el espacio reducido desde el que salía ya exigía precisión y cálculo y, además, aquella mañana el obstáculo añadía una dificultad extra que nadie había previsto.
Lo que en apariencia podía parecer una anécdota menor terminó sintetizando la esencia del trabajo silencioso que sostiene la Semana Santa: disciplina, fuerza y capacidad de adaptación. El ensayo, concebido como preparación técnica y física, se convirtió en una prueba añadida de esfuerzo colectivo.
La comparación hoy en día con algunos ejercicios de CrossFit surge de forma inevitable. Los entrenamientos funcionales actuales combinan fuerza, equilibrio y explosividad en entornos controlados. Y en aquel garaje de la barriada España, sin esterillas ni cronómetros, los costaleros afrontaron un desafío de características similares: resolver en equipo un obstáculo físico inesperado.
Lejos de la estética deportiva contemporánea, el contexto era puramente cofrade. No había público ni redes sociales, solo la voluntad de continuar el ensayo pese a la dificultad añadida. Y alguien que decidía grabar con su móvil el acontecimiento que recogemos en este artículo.
Catorce años después, el recuerdo de aquella jornada permanece como una anécdota cargada de significado. No tanto por el incidente en sí, sino por lo que simboliza: un tiempo en el que los entrenamientos de alta intensidad no llenaban gimnasios ni redes sociales, y en el que el esfuerzo encontraba su escenario en un garaje de barrio.


