Youtubers andorranos y la necesidad urgente de educar sobre los impuestos

Andorra.

El anuncio de que el youtuber ElRubius se traslada a Andorra ha sido la comidilla de la semana en las redes sociales, sobre todo porque se una a una larga lista en la que ya estaban TheGrefg, Willyrex, vegetta777, etc. Probablemente a muchos de los lectores le suenen a chino estas personas, pero hablamos de creadores de contenido audiovisual con millones de seguidores y fortunas que escapan a mi capacidad de imaginar.

En este contexto, hemos leído tonterías de todo signo. Algunas solo se basan en el desprecio a los youtubers por parte de personas que no se han dado cuenta de que los tiempos, como cantaba Bob Dylan, están cambiando, y que el mundo de las celebrities y de los medios de comunicación no es ya el que conocían. Otras, en cambio, intentaban defender la posición de estos youtubers, y aquí es donde encuentro un problema que en el futuro puede tornarse grave.

Estos argumentos, habitualmente esgrimidos por los jóvenes seguidores de estos youtubers —aunque el nombre correcto sería streamers—, defienden la libertad de decisión de quienes consideran víctimas del sistema que huyen de una injusticia. En esta línea, el pago de una determinada suma de impuestos sería esencialmente un robo. Y ahí yo, que me considero defensor del talento y el valor de quienes sinceramente considero creadores de contenido con una creatividad, un carisma y una capacidad de trabajo habitualmente infravalorada, me preocupo seriamente.

¿Es legítimo que ElRubius se vaya a Andorra para pagar menos impuestos? Desde el momento en que la legislación se lo permite, lo es. Es legítimo que se vayan porque quieren tener más dinero del que ya de por sí tienen; o porque, pese a que se han visto apoyados por el Estado cuando, como ciudadanos, recibían más de lo que daban, prefieren pirarse cuando pueden dar más de lo que reciben. Lo preocupante es plantear que huyen de una injusticia como víctimas del sistema, y que sus jóvenes seguidores lleguen a la adultez con esa falsa idea en la cabeza.

Porque... ¿ahora vamos a considerar a millonarios como víctimas del sistema? ¿De verdad? Ojalá todos pudiéramos pagar varias decenas de miles de euros, ¿no? Sería una buena señal. Pero no. Lo cierto es que tenemos a estudiantes de colegio, instituto o universidad defendiendo a youtubers millonarios. Tenemos a víctimas potenciales del sistema, de uno con un inadmisible desempleo del 41% entre personas de 15 a 24 años, defendiendo a los afortunados del sistema. Y puede haber muchos motivos, pero el esencial es el desconocimiento.

Me gustaría poder pararme con cada persona joven —más joven incluso que yo, ejem— que se ha convertido estos días en adalid de los derechos tributarios de un millonario, y explicarle este tema tranquilamente. ¿A dónde crees que van a parar los impuestos, alma de dios? ¿De dónde crees que sale el dinero para pagar a los barrenderos, a los profesores o a los sanitarios? ¿Cómo crees que se financian cuestiones tan básicas como iluminar las calles o asfaltar las carreteras? Yendo a cuestiones más profundas, ¿quieres saber cuánto suponen los gastos de un paciente con cáncer para el Estado? Según la Asociación Española Contra el Cáncer, son 40.900 euros durante los años que duran la enfermedad y sus consecuencias, sumando gastos médicos directos e indirectos, bajas laborales, reducciones de jornada, etc. ¿Tienen tus padres para pagarlo?

Mis estudiantes universitarios suelen andar entre los 18 y los 22 años. La gran mayoría tienen padres de clase media —cuando no trabajadores humildes que se parten el alma para que sus hijos puedan estudiar—, y son universitarios precisamente porque existen los impuestos como forma de redistribución de la riqueza. De lo contrario, muchísimos de ellos nunca podrían estudiar en la Universidad. Según el Instituto de la Empresa Familiar y la Fundación Bankia para la Formación Dual, el Estado paga entre el 80% y el 100% del coste real de la carrera a un estudiante universitario, una media de 6.500 euros por estudiante y curso; es decir, 26.000 euros en una carrera de 4 años.

Por supuesto, podemos y debemos defender mejores servicios públicos, pero no perdamos la perspectiva. No valoramos los impuestos precisamente porque existen. Porque si no existieran, sí lo notaríamos. Como los hijos de Ágatha Ruiz de la Prada habrían notado perfectamente que son pobres si lo fueran. Y, en cualquier caso, si queremos mejores servicios públicos, lo lógico sería defender tipos impositivos más altos, como hacen en países como Finlandia (tipo máximo del 58,5%) o Suecia (60,2%), precisamente los países que solemos poner como ejemplos de buenos servicios públicos. Y hacerlo, como es normal en un sistema tributario progresivo, de forma que, a más ganes, más porcentaje pagues. Porque pagar el 45% de un millón de euros sigue dejándote muchísimo dinero —como acertadamente sostenía el también youtuber Ibai Llanos—, pero pagar el 19% para quien gana 1.000 euros al mes supone tener que salir adelante con recursos mucho más limitados. Es sencillo: quien más tiene, más contribuye.

¿Se pagan demasiados impuestos en España? No. Objetivamente no. Podemos echarle un ojo a informes de la OCDE o de mil fuentes diversas para comprobar que estamos en la media, muy por debajo de otros países de nuestro entorno. La presión fiscal no es excesiva; solo es realmente diferente en un paraíso fiscal formal o informal, llámese Andorra, Chipre, Islas Caimán, Bahamas o Seychelles. En cualquier otro país europeo “normal”, la presión fiscal no cambia demasiado, y puede hacerlo al alza. Y, por supuesto, lo que hace un paraíso fiscal solo lo puede hacer un paraíso fiscal: un territorio pequeño que se centra en concentrar a millonarios en busca de bajos impuestos y que, por tanto, no tiene la proporción normal de clases populares a las que sostener. Afirmar lo contrario es sencillamente mentira, y la prueba más fehaciente es que, si fuera tan fácil, todo los países del mundo lo harían por puro interés.

No se trata, pues, de “donar lo que gano por amor al arte”, como dice el youtuber TheGrefg. Este joven de 23 años ha llegado a donde ha llegado en parte porque el país en el que ha tenido la suerte de nacer le ha respaldado, aunque él no se haya dado cuenta. Porque si en su país no hubiera hospitales, colegios, comunicaciones, etc., no habría podido ser quien es. Si TheGrefg hubiera ido a nacer en Sierra Leona, quizá le habría resultado un poquitín más complicado. Y defender que España —y, al fin y al cabo, sus ciudadanos, que son los beneficiarios de los impuestos— te roba puede ser falta de conocimiento, pero más aún cinismo y egoísmo. Y, aun así, pirarse sigue siendo legítimo, porque la legislación se lo permite. Pero ver a quienes realmente necesitan de la redistribución de la riqueza defendiendo la manipuladora autovictimización de estos individuos sí es, sin duda, desconocimiento. Y esto es lo que más me preocupa.

Porque todos hemos visto a deportistas y cantantes hacer esto. Lo de los youtubers no es nuevo. Pero, cuando uno se enteraba de que su admirado tenista o cantante cotizaba en a saber qué hermoso país, los fans quedaban decepcionados o sencillamente miraban para otro lado, defendiendo legítimamente la separación entre autor y obra. Lo que no había visto nunca es a celebrities afirmando lo que hacen sin un atisbo de vergüenza y a sus fans defendiendo con uñas y dientes el comportamiento irresponsable de quienes directamente les perjudican. España no roba a estos youtubers; estos youtubers os están robando a vosotros. Y no comprender esto no es un problema significativo hoy, pero sí lo será en el futuro si los referentes de niños y jóvenes consolidan y generalizan la idea de que pagar impuestos es absurdo, poco menos que un robo al ciudadano de a pie.

Y por eso todo este artículo para afirmar la necesidad urgente de educar sobre los impuestos: sobre cómo funcionan y sobre su utilidad. Jamás me hablaron de este tema en el colegio, el instituto o la universidad. Y es un componente más que relevante de nuestra existencia misma como ciudadanos. Pónganse las pilas antes de que nos carguemos definitivamente lo público.

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