Eres magnífico cuando tú te lo autorizas a ti mismo.
Eres magnífico cuando tú te lo autorizas a ti mismo.

Ayer, 26 de abril, pudieron salir los niños en España y la polémica está, naturalmente, servida. Hubo cumplimiento de las normas, hubo incumplimiento de las normas y hubo normas que incumplieron con todos los deseos, además de varios ataques al sentido común. El alcalde de Cádiz se quejó sinceramente del comportamiento de una parte de su ciudadanía y el debate en Facebook se balanceaba entre el deseo caprichoso de algunos de disfrutar su propia libertad de movimientos y la necesidad de una responsabilidad individual orientada al bienestar común. Donde se encuentra el verdadero debate es en la discusión sobre el llamado principio de proporcionalidad, de origen en la Ley Fundamental alemana y que impregna toda Europa.

El 23 de abril, además del Día del Libro, hubo un intenso debate en el Bundestag sobre las medidas contra la pandemia y la situación de los derechos y libertades individuales y públicas. Lo mismo la ultraderechista AfD que Los Liberales alemanes acusaron al Gobierno Federal de haber puesto demasiado Estado en la vida pública, de haber limitado las libertades individuales gravemente, y en contra del principio constitucional de proporcionalidad.. Esto es que los límites a las libertades individuales son desproporcionados respecto a los bienes jurídicos que se desean proteger, y que en las palabras de la cancillera serían la vida y la salud de las personas. Esta parte del discurso de la comparecencia a petición propia fue aplaudido por Die Linke, en un acto hasta ahora desconocido.

Desde que se abrieron las tiendas en Alemania, el lunes 20 de abril, he podido comprobar que para muchas personas de mi pequeña ciudad fuera como si ya no pasara nada. El movimiento en el espacio público es más rápido y despreocupado, y el concepto de distanciamiento de seguridad sanitaria ha desaparecido para no pocos alemanes. La tiendas abiertas son un sinónimo de normalidad para muchas personas. Las calles se fueron llenando a lo largo de la semana y el sábado, día de mercado semanal al aire libre, las calles estaban realmente llenas y era imposible caminar entre el caos de personas en movimiento que es el caos normal y benigno del movimiento de las personas. Con un solo problema: estamos en una situación de pandemia aunque no nos guste, aunque no queramos. Es aquí donde aparece ese infantilismo de taparse los ojos para salirse del mundo cuando el mundo no nos gusta. Veremos en diez días si los contagios han aumentado por haber abierto las tiendas, aunque esto dependa también de cuántos tests se hagan.

En sus palabras, y que fueron las aplaudidas por Die Linke, la cancillera apelaba a la solidaridad y al mantenerse unidos, a salir unidos de esta pandemia. Es aquí donde tenemos que revisar, la sociedad europea, el concepto de proporcionalidad presente en la realidad jurídica de toda Europa y en el pensamiento de nuestra cultura democrática. La libertad individual quizá vaya más allá del deseo de libertad de un individuo y deba ser conjugada con el derecho a la vida y a la salud, en primer lugar: el derecho de todøs a su integridad. Que el monedero va en segundo lugar, pero que igualmente hay que considerar todos los monederos de todas las personas, que es donde Die Linke criticó con firmeza a la cancillera.

El sábado, en mi pequeña ciudad, se celebró una manifestación por la calle principal, y a la que la policía llegó más tarde que lo deseado por ella. Iban con metros de carpintero, dos metros y plegable, pero no como en el Carnaval prohibido de Basilea, aunque usaran el mismo instrumento satírico: cuando el Carnaval prohibido de Basilea no se tenía la información que se tiene hoy.

La impresión que queda es que esa reivindicación de las libertades individuales llega desde un estrato económico concreto de la sociedad, así como de un estrato ideológico concreto también. Y a mí me queda el regusto de ver que haya personas que quizá no comprendan que su discurso pueda estar abriéndole la puerta a un nuevo fascismo ya entre nosotros.

Otra cosa es el peligro en que sitúan las limitaciones por la pandemia a las libertades individuales y públicas. En España estamos viendo con qué prodigalidad se está utilizando la Ley mordaza y cómo crecen las protestas por los presuntos abusos en la aplicación de las normas. Incluso se ha puesto en discusión la legalidad de muchas de las sanciones impuestas, y veremos cuando sean comprobadas por los jueces.

El movimiento de las personas en el espacio público es caótico y debe seguir siéndolo, solo que las normas de distanciamiento social exigidas para combatir la pandemia deberían ir acompañadas de unas normas provisionales de movimiento en el espacio urbano común, para que distanciamiento y desconfinamiento guarden coherencia y mantengan su eficacia. No se puede tener confinada eternamente a una sociedad, y cuando digo eternamente hablo de entre uno y dos años, hasta que llegue la vacuna. Si es necesario, entonces, mantener el distanciamiento social resulta absurdo dejar que las personas salgan a la calle sin ninguna experiencia ni conocimiento para comportarse de otra manera a la anterior; de una otra manera que no han podido aprender.

Nadie se imagine que se puede salir a una calle llena de gente y mantener las distancias sin una organización previa. El urbanismo está llamado a ser consultado y tomado en serio. Hay que organizar caminos señalados, establecer direcciones para peatones en las calles, normas de circulación, etc. Lo mismo que ya se hace en muchas tiendas. O hay que derogar la Ley de distanciamiento social por su imposible cumplimiento. Lo que de ninguna manera se debe hacer es culpar a la sociedad por no respetar unas normas que pudieran ser de muy difícil o imposible cumplimiento.

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