Alumnos pintando un mural en el CEIP Luis Vives, en Jerez. FOTO: MANU GARCÍA
Alumnos pintando un mural en el CEIP Luis Vives, en Jerez. FOTO: MANU GARCÍA

En el discurso de su investidura, el popular Juan Manuel Moreno Bonilla pronunció la palabra “educación” en seis ocasiones. En dos de ellas, le añadió el apellido “pública”. El portavoz de Vox, lo hizo tres veces, y en ningún momento dijo, “educación pública”. Se pareció mucho en esto a Susana Díaz. Ella pronunció esa palabra sólo una vez, para referirse a la Ley de Memoria Histórica. No habló de “educación pública”. Juan Marín, de Ciudadanos, dijo “educación” ocho veces, a dos de ellas le adjuntó “pública”. Teresa Rodríguez, de Adelante Andalucía, lideró este ranking: once veces, a cuatro de ellas, con la palabra “pública”.

No sé si estos datos son buenos “indicadores” para detectar la importancia que nuestros políticos le dan a la educación en Andalucía. Dejemos para otro momento la reflexión sobre este asunto. Ahora me atrae cómo en algunas ocasiones el lenguaje es tan ambiguo e incluso perverso. Si los científicos le dan tanta relevancia a los números y a las operaciones matemáticas como herramientas para interpretar la realidad, los que intentamos realizar la misma tarea en el ámbito de la Educación o de las Ciencias Sociales, tenemos que dar mucha importancia a la Semántica, a los significados de las palabras. Trabajamos con ellas. Son los instrumentos que usamos para expresar el resultado nuestras reflexiones, y jugando con ellas, a modo probetas, pipetas o tubos de ensayo, matizamos, concretamos, eludimos, pervertimos, perfilamos, ilustramos, … lo que pretendemos explicar. Digamos que “las palabras las carga el diablo”.

En política educativa sucede igual. Para conocer algo el “patio” en educación, es imprescindible saber qué quiere decir eso de “educación pública”. Probablemente sean las palabras más manipuladas, tergiversadas y, a la vez, más utilizadas por nuestros políticos cuando hablan de enseñanza. Es más, el ahora Presidente andaluz, tuvo la gallardía de espetar a Teresa Rodríguez en esa misma sesión de investidura, que “tenemos un compromiso firme con la educación pública”. En ese momento, parece que “entró en bucle” y repitió la expresión “compromiso firme” en cuatro ocasiones más, en tan sólo tres líneas de las actas del pleno (véase diario de sesiones del 16 de enero, p. 35).

¿Estaban aludiendo a lo mismo Juan Manuel y Teresa? Evidentemente no. El concepto neoliberal de enseñanza pública se refiere exclusivamente a la financiación de los colegios. Es decir, son centros públicos aquellos que perciben transferencias económicas por parte de la Administración. Mientras la izquierda se fija en la titularidad (propiedad) de los centros: son colegios públicos aquellos que pertenecen a la Consejería de Educación o cualquier otro organismo estatal. Ambos no lo entienden del mismo modo. Es sencillo deducir que el conflicto se plantea con la enseñanza concertada. Para unos esos centros son públicos (neoliberalismo), para otros son privados (izquierda).

Por tanto, la frase, con la que es difícil estar en desacuerdo, “tener un compromiso fuerte con la educación pública”, posee significados muy distintos. Para unos el “compromiso” pasa por fortalecer y extender la concertada o privada subvencionada. Ese tipo de enseñanza que en otros países europeos no se acepta porque culturalmente no se concibe que alguien se lucre con un derecho fundamental como es la educación. Esos centros que suponen casi el 33% de los estudiantes matriculados, cifra sólo superada en Europa por Bélgica y Malta (Datos de Eurostat, 2015). Mientras para otros, la izquierda, esa frase se entiende como reivindicación para robustecer la enseñanza pública -centros de titularidad (propiedad) y financiación pública-.

Este es tan sólo un ejemplo de cómo el lenguaje político actual nos induce a error en el ámbito de la educación. Cómo las fuerzas conservadoras disfrazan con palabras y frases “afectuosas”, medidas encaminadas a incrementar la privatización de la enseñanza. Pero, para colmo, a costa de los impuestos de todos los andaluces.

Como se suele decir, “estemos al loro” sobre cómo las campañas de márquetin político también afectan a la enseñanza con el objetivo de inducir y manipular nuestras opiniones y, por supuesto, el voto.

Manuel Hijano del Río es profesor Titular del Departamento de Teoría e Historia de la Educación y MIDE de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído