La violencia que no se ve

Los hombres estamos más preocupados por la no renovación de Messi que por las vidas arrebatadas de las mujeres

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Juan Miguel Garrido Peña

Miembro de la Asociación de Hombre Igualitarios de Andalucía. (A Rocío siempre, antes, después y luego)

Velas en la concentración contra la lacra de la violencia machista, en la tarde noche de este pasado viernes en Jerez.
Velas en la concentración contra la lacra de la violencia machista, en la tarde noche de este pasado viernes en Jerez. MANU GARCÍA

“A las mujeres no hay quien las entienda”, es una frase de los hombres, que escucho desde que tengo uso de razón, en la que durante mucho tiempo creí y repetí a modo de “gracia” entre amigos y conocidos.

Muchas veces me he preguntado a que se debía esa imposibilidad masculina de comprender a las mujeres, y siempre llegaba a la conclusión de que el problema no era nuestro sino de ellas, y su nivel de complicación mental, pues a todo le dan mil vueltas para llegar a conclusiones inalcanzables para nosotros.

Como “buenos” hombres lo achacamos a esas cuestiones fisiológicas propias de las mujeres, que nosotros, “seres perfectos”, no padecemos. Anomalías o defectos naturales que son la prueba de la imperfección y debilidad femenina y la base de nuestra superioridad. Regla, maternidad, menopausia, las perturban y hacen inestables, inseguras, e incomprensibles para mentes llamadas a metas superiores como las nuestras.

“Mujer tenía que ser”, es otra de las sentencias que acompañan nuestro imaginario colectivo, que sirven para empoderar lo masculino y castigar lo femenino, imputándoles sin fundamento los errores, fallos y equivocaciones que todos y todas cometemos, para  esta forma destacar que todo lo negativo se encuentra en ellas. Un mensaje subliminal pero claro y directo de recordarles su debilidad y el lugar que han de ocupar en este mundo.

“En las mujeres no se puede confiar, son envidiosas, malvadas y competitivas, sobre todo entre ellas, histéricas que todo lo solucionan gritando y llorando”, son también más de las muchas perlas de las que machismo, masculinidad y patriarcado se sirven para mantener la explotación.

Sin embargo, la realidad nos demuestra que la lealtad, la solidaridad, el concepto de sororidad, el trabajo, los cuidados mutuos y los afectos son femeninos, y qué sin las mujeres la vida no existiría.

Las bromas, guasas, y chistes de suegras, que casualidad que los suegros no existan, son formas escondidas de asociar lo malo a lo femenino. Los insultos “hijo de puta”, jamás “hijo de putero”, “coñazo” y no su contrario, siguen sumando ejemplos a ese paradigma masculino que todo lo utiliza con el objetivo de perpetuar sus privilegios.

Comentarios, sentencias, bromas que no son banales porque construyen una cultura de la opresión y la dependencia, y tienen como propósito destruir la autoestima de las mujeres, obligándolas a creer que la naturaleza las predispuso para unas funciones distintas e inferiores a las de los hombres.

Pero seguimos permitiendo y ejerciendo esa violencia de cuello blanco que atenta contra la salud física y emocional de las mujeres, y teje una red de pensamientos que son el marco en el que las injusticias, abusos, violencias y asesinatos de mujeres se cometen, en un terrible e interminable.

Mientras los hombres estamos como si nada sucediese, más preocupados por la no renovación de Messi, que por las vidas de tantas mujeres que día tras día son arrebatadas.

Así de terrible es esta sociedad patriarcal que los hombres hemos creado y defendemos, y a la que por el bien de la humanidad urge derribar.

 

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